Política

OTAN: fuego amigo

“Hay quien piensa que lo que la OTAN necesita no es un comité de sabios, sino más soldados y más capacidades militares. En realidad a la OTAN-Europa le sobran soldados y lo que le falta es visión estratégica”.

Opinión: Rafael L. Bardají
En la guerra nada puede ser más inútil que morir víctima del “fuego amigo”, ese disparo, andanada o bombardeo lanzado por error sobre las filas propias. Hace unos días, durante la conferencia de seguridad de Munich, más conocida como la Verhkunde, el canciller alemán envió a su ministro de defensa para que leyera su discurso, cinco páginas llenas de reproches sobre el estado de las relaciones transatlánticas. Para Gerhard Schroeder, la Alianza Atlántica ha dejado de ser el foro donde discutir los asuntos verdaderamente estratégicos, por lo que su reforma se ha vuelto algo imperativo. Y para ello, pedía que se constituyera un grupo de sabios que fuera capaz de pensar cómo revigorizar una alianza moribunda.

Que la OTAN no es lo que era, nadie puede discutirlo. Que para sobrevivir necesita una profunda transformación tampoco parece descabellado. Sin embargo, la forma y el contenido del discurso del canciller alemán arrojan serias dudas sobre sus verdaderas intenciones. Dicen que los criminales siempre regresan a la escena del crimen. Y, en este caso, a Schroeder le ha traicionado el subconsciente. Dice el canciller que la OTAN no es el foro de discusión de los asuntos estratégicos. Y tiene toda la razón. Pero habría que preguntarse el por qué. Y el por qué es muy simple: porque junto a Francia, su Alemania prefirió batallar contra Estados Unidos en Naciones Unidas a permitir que la Alianza siquiera se plantease un debate serio en su seno sobre Irak. Hay que recordar, por ejemplo, cómo Francia y Alemania, seguida por Bélgica, impidieron durante más de una angustiosa semana que el máximo órgano de la organización, el Comité del Atlántico Norte, pudiera autorizar el estudio y preparación de medidas defensivas para socorrer a Turquía en el caso de que fuera agredida por Irak. O cómo la propia Alemania se opuso fieramente a mediados y finales de los 90 a ampliar la zona de asistencia mutua e interés de la OTAN más allá de lo estrechamente definido por el artículo 6 de su Tratado fundacional. Negando una OTAN global se estaba condenando a la OTAN a la marginalidad forzosa, toda vez que el centro estratégico del mundo se desplazaba de Europa a otras regiones del mundo, como el Oriente Medio.

Dice también Schroeder que Europa ya no se encuentra amenazadas en sus fronteras, despreciando por completo cosas como Perejil o el islamismo, y que los retos estratégicos del momento no son esencialmente militares. De ahí que se tenga que deducir necesariamente que el objetivo de su reforma sea desmilitarizar la relación transatlántica, desmilitarizar la OTAN. Él aspira a un nuevo marco de relaciones donde europeos y americanos se hablen de igual a igual. Pero el verdadero problema del diálogo transatlántico no es que no lo haya, sino que hay demasiado. La OTAN ha sido una organización para hacer, no para hablar. Y lo que las relaciones transatlánticas hoy necesitan es más acción conjunta, no más discusión.

Hay quien piensa que lo que la OTAN necesita no es un comité de sabios, sino más soldados y más capacidades militares. En realidad a la OTAN-Europa le sobran soldados y lo que le falta es visión estratégica. Los americanos, que se sienten inmersos en la Cuarta Guerra Mundial, están dispuestos a invertir y movilizar los recursos necesarios para contar con los medios y poder emplearlos allí donde haya que hacerlo; los europeos nos contentamos con servir de relevo allí donde la OTAN –que, curiosamente también somos nosotros- ya no tiene interés en estar, como es el caso de los Balcanes.

Schroeder tiene razón en una cosa, que la OTAN es hoy en día un fantasma que vive de las glorias pasadas. Lo que pasa es que parece no importarle demasiado. Prefiere un no a la OTAN antes que una OTAN que asuma la orientación estratégica de la América de Bush. Un periodista del Post presente en Munich comentaba que mientras que Bush mencionó 27 veces la palabra libertad en su breve discurso de inauguración de su segundo mandato, Schroeder no la dijo ni una sola vez. Y no es casualidad. Mientras que América habla de democracia, Europa prefiere el desarrollo; donde Bush empuja el cambio, los europeos llaman a la prudencia; mientras Washington hace de la tiranía su enemigo, Bruselas escoge la lucha contra la pobreza y España la Alianza de civilizaciones.

El verdadero problema de la Alianza Atlántica es que una vez librada del enemigo soviético, su peor enemigo son sus propios miembros. Francia siempre ha sido un Estado incordio; y Alemania, desde que Schroeder se inclinase en el 2002 por hacer campaña electoral sobre la base del antiamericanismo, parece haber colgado sus tradicionales hábitos proatlantistas. Y ese es un cambio radical en la historia de la OTAN. No es de sorprender, por tanto, que las palabras de Schroeder hayan sido muy mal acogidas por los americanos. El segundo mandato de George W. Bush acababa de arrancar bajo la bandera de acercarse a los europeos y reconstruir unas relaciones muy dañadas. No sólo Condi Rice hace su primera gira a Europa y Bush se presta a comer con la OTAN y a cenar con la UE en Bruselas, sino que el jefe del pentágono, el viejo Donald Rumsfeld se transmuta en el nuevo Rumsfeld y acude a su pesar a la reunión de Munich. ¿Y qué es lo que obtienen a cambio? Que la OTAN no sirve.

Que la OTAN no sirve lo saben hasta los vigilantes del edificio del Pentágono. Sólo hay que ver cómo los españoles, por poner un ejemplo, amenazan con retirar sus oficiales de la estructura militar integrada si la OTAN se involucra más en Irak, o cómo se resisten a la petición de que los mandos de las dos misiones en Afganistán, la ISAF y Libertad Duradera, se fusionen. Pero lo peor es que su falta de funcionalidad puede hacer que los americanos, hastiados, acaben por ignorarla por completo. Y ese día será un momento dramático porque los europeos, que preferimos gastar más en asuntos sociales que en su defensa, habremos perdido nuestro particular e histórico 7º de Caballería. A Schroeder parece no importarle demasiado, pero a los Españoles que hemos sido atacados por el terror islámico y que vivimos bajo la constante sombra de amenaza de nuestro vecino Marruecos, debería importarnos algo más. Que de fuego amigo también se muere.

Fuente: GEES

// OTROS TEMAS QUE TE PUEDEN INTERESAR

// EN PORTADA

// LO MÁS LEÍDO

// MÁS DEL AUTOR/A

Menú