Política

Por un libre mercado en el ámbito laboral

Desde una perspectiva de libre mercado, lo único que importa es si el gobierno está involucrado en la discriminación. Si el gobierno es el factor que fuerza a una compañía a contratar o a despedir a alguien, basándose en cualquier criterio que establezca como política oficial, entonces se trata de una imposición, de una violación a los derechos de la propiedad privada y de una infracción contra la libertad de asociación.

Políticas Públicas
¿Bajo qué condiciones los empleados deben ser contratados y despedidos en una
economía libre? ¿Debe ser tolerada la discriminación en el trabajo? Las
respuestas a estas preguntas dependen de cuál sea el origen de la
discriminación.

Desde una perspectiva de libre mercado, lo único que
importa es si el gobierno está involucrado en la discriminación. Si el gobierno
es el factor que fuerza a una compañía a contratar o a despedir a alguien,
basándose en cualquier criterio que establezca como política oficial, entonces
se trata de una imposición, de una violación a los derechos de la propiedad
privada y de una infracción contra la libertad de asociación.

Sin
embargo, las empresas privadas tendrían que poseer el derecho de aplicar
cualquier criterio de discriminación contra sus empleados, actuales o
potenciales. Es un asunto que debe arreglarse por contrato y
elección.

Tomemos, por ejemplo, el reciente caso de Weyco, Inc que ha
sido difundido por los medios de comunicación como un ejemplo de discriminación
en el ámbito laboral. La compañía, con base en Michigan, se especializa en el
desarrollo de planes de beneficios para empleados y gerenciamiento. Su nueva
política en relación al modo de vida de sus empleados la ha conducido a despedir
siete personas que no querían dejar el hábito de fumar. Los partidarios de los
empleados afectados sostienen que la injerencia de la empresa en la vida privada
de las personas es una violación de las libertades individuales y que un
empleador no tiene derecho a decirle a sus empleados qué es lo que pueden o no
pueden hacer en su vida privada.

En un primer vistazo, esa podría ser la
posición de un partidario del libre mercado -ámbito en el cual se privilegia la
libertad de elección- pero, en realidad, no es así. La libertad de mercado da
prioridad al derecho de propiedad antes que a ningún otro “derecho” que se
anteponga a la discrecionalidad de los propietarios. Una compañía privada tiene
el derecho de contratar o despedir a quien desee aplicando los criterios que
considere más convenientes. Ninguna persona tiene derecho a trabajar para una
empresa eligiendo ella misma las condiciones en las que prestará un servicio.


Lewis Maltby de The National Workrights Institute, una organización
derivada de la ACLU (American Civil Liberties Union), señaló: “Tu jefe no tiene
derecho a decirte qué es lo que puedes hacer en tu vida privada”. En su website
se lee: “Los empleadores privados utilizan el poder del cheque de pago para
decirles a sus empleados qué pueden y qué no pueden hacer en la privacidad de
sus hogares”. Está claro que un empleador no tiene autoridad sobre la vida
privada de sus empleados. El empleo es un intercambio voluntario y es axiomático
que en el intercambio voluntario ambas partes, ex ante, esperan estar mejor
debido al intercambio. En otras palabras, si sé de antemano cuales son las
condiciones del empleo, y voluntariamente elijo adherir a ellas, entonces mis
derechos no podrán considerarse violados. Si alguien no acepta las condiciones
de trabajo en determinado lugar, entonces no debería trabajar en ese
lugar.

¿Cuál es la posición de Weyco, Inc? La compañía tiene una política
titulada: “Empresa libre de drogas, alcohol y tabaco”. La letra de esa política
señala: “Esta política define la intención de la compañía de mantener fuera de
su ámbito a las drogas, el alcohol y el tabaco con el objeto de promover la
salud y la seguridad de todos sus empleados, clientes y el público en general”.
Además, dice: “Como condición de empleo cada empleado debe aceptar los términos
de esta política”. Y agrega: “Cualquier empleado que viole la política de esta
compañía será sujeto a una sanción disciplinaria que puede incluir el despido,
de acuerdo a la sección 4.0 de la normativa”.

La verdadera prohibición
que fue la causa del reciente escándalo por el despido de siete personas es la
siguiente: “Con anterioridad al 1º de enero de 2005, se prohibía fumar o
consumir productos derivados del tabaco en la compañía o durante el tiempo de
trabajo. Al 1º de enero de 2005 fumar o consumir productos derivados del tabaco
está prohibido en cualquier momento”.

Helo aquí: Weyco, Inc. señala con
claridad sus reglas e intenciones relacionadas con el modo de vida del empleado.
No hay coerción o interrupción sorpresiva del empleo. Los empleados tenían que
tomar una decisión.

Al imponer esta política, la compañía asume un
riesgo. El mercado laboral podría haber castigado la decisión. La política pudo
haber sido vista como tiránica por sus clientes y, a consecuencia de ello, estos
pudieron haber cambiado de empresa o, también, un número significativo de
empleados pudo haber objetado la nueva política y haber abandonado la firma. Los
empleados, a su vez, pueden estar a favor de políticas empresariales más laxas.
Sin embargo, Weyco, Inc. considera que los beneficios de su política son
superiores a sus perjuicios.

En un verdadero ámbito de libre mercado, los
empleadores deberían tener el derecho a determinar cuáles deben ser, para ellos,
los mejores atributos de un empleado, esten estos relacionados con su apariencia
física, religión, género, inteligencia o, también, con sus elecciones
personales. Si un empleado potencial no está de acuerdo con las reglas del juego
de la empresa está en todo su derecho de buscar trabajo en otro lugar.


Si una compañía declina emplear a fumadores y esos fumadores son
realmente buenos en su especialidad pudiendo agregar valor a la compañía,
seguramente que habrá otra empresa que los contratará o que serán reclutados por
alguien que quiera crear una nueva firma.

Como verdaderas atrocidades
deberían ser consideradas las regulaciones estatales que prohiben fumar en bares
y restaurantes. Estas prohibiciones son violaciones a las libertades
individuales y de propiedad.

La típica justificación de estas normas
prohibitivas es que los no fumadores se ven forzados a aspirar el humo desechado
por los fumadores. Este es un razonamiento falso. Nadie se ve forzado a
permanecer alrededor de una nube de humo ya que, simplemente, se puede evitar
concurrir a un bar o restaurante en donde se permite fumar.

Es una idea
muy sencilla: nadie tiene el derecho moral o constitucional de asistir, o comer,
o beber en un establecimiento privado que no le pertenece. El lugar de cada uno
es su propiedad, que no es un ámbito público. (La distinción entre comercial y
privado, a pesar de que es parte de nuestra tradición legal, es totalmente
falaz, ya que el hecho de que una persona elija intercambiar bienes por dinero
en su propiedad no hace a esta menos privada).

En el caso Weyco, Inc. los
fumadores no han sido siquiera forzados a dejar sus empleos; para permanecer en
la empresa sólo deben dejar de fumar. Si son lo suficientemente débiles o
indisciplinados como para hacerlo, o si , simplemente, no quieren abandonar el
placer que les produce fumar, deben atenerse a las consecuencias.

Weyco,
Inc. y otras compañías que posean regulaciones que contemplen el estilo personal
de vida de sus empleados no violan los derechos de nadie. Violar los derechos de
una persona significa apoderarse de algo que le pertenece o negarle la
devolución de algo que le pertenecía. Si los trabajadores no están de acuerdo
Weyco pagará el precio en el mercado de trabajo. Los trabajadores que no
simpaticen con sus regulaciones deberían ofrecer sus servicios a otra firma que
considere a su productividad más importante que su costumbre de
fumar.

Fuente: Mises
Institute
 

Traducción de Gustavo Jalife.

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