Cuando estalló el escándalo de las torturas en la prisión de Abú Ghraib, analicé las reacciones que llegaban del mundo árabe. En año de elecciones, las posibilidades de que todos los partidos se implicaran eran altas. Cada parte quiere una verdad “conveniente”.
Dr. Walid Phares
La administración Bush habló de “manzanas podridas”. A la ofensiva, la oposición habló de “un problema sistemático”.
El Presidente Bush acudió a la televisión árabe, mientras sus oponentes corrían a hablar en nombre del “humillado mundo árabe”. Pero como lo expresó el General Abuzeid desde el Día Uno, suena como si “ese tema produjera más ruido en Estados Unidos que en Irak”. De hecho, el General de habla árabe dio en el clavo en cierto modo. A nosotros, en América, nos preocupaba más “nuestra” imagen que los propios incidentes reales. El mundo árabe reaccionó obviamente, pero no exactamente como fantasearon muchos políticos.
Cuando pregunté a particulares de diferentes países árabes lo que pensaban de la reacción de Bush, las respuestas variaron. A todo el mundo le ponía enfermo lo desagradable de las fotos, pero más allá de las imágenes, hubo dos tipos de reacciones.
Las antiamericanas no eran difíciles de adivinar. Con la incitación [por parte] de Al-Jazira, la cólera natural se transformó en histeria. De pronto, la religión era fuertemente citada. Muy pocos hacían distinción entre la enfermedad psicológica en Abú Ghraib y el futuro de Irak. De hecho, las redes jihadistas encontraron un arma política letal, y explotaron esto hasta el final. Piensan que cogieron a América por sus soldados mentalmente más débiles. Mas que sanciones contra los soldados, querían limpiar Irak de la coalición liderada por los americanos, y [limpiar] de Bush el despacho oval. En este “home-run” de la jihad, los arquitectos de la cruzada de Abú Ghraib contra “la inmoralidad norteamericana” también alistaron a las élites europeas. El estamento ligado por el petróleo desde París a Berlín se lamenta. La ONU de Manhattan está de luto.
Pero hay otras personas en la región que ven la crisis a través de un prisma distinto. En Beirut, el asombro se debió principalmente a que George W. Bush se dirigiera a la televisión árabe. Ciertamente, a los libaneses les desagradaban las imágenes emitidas, pero estaban atontados por el hecho de que un presidente norteamericano “se dirigiera” a los ciudadanos árabes. La región esta infestada de [cosas] repulsivas peores que el escándalo de la prisión, pero nadie recuerda que algún líder árabe se dirigiera a su pueblo [a causa de] unos abusos.
“Nuestros dictadores nunca aparecieron en ningún medio, en ningún momento, por ninguna causa”, dijeron muchos sirios, “a pesar de 28 años de horrores en sus centros de detención”. Miles de ciudadanos fueron torturados en Al Mazza, el equivalente sirio de Abú Ghraib, pero nadie movió un dedo. Muchos en la región tienen sus propias fotos del horror, pero ¿quién las publicará mientras no haya americanos implicados?.
Desde Irak, otras voces atacaron a los medios: “Lo que sucedía en las mismas celdas de Abú Ghraib bajo el partido Baaz desafía la lógica humana. Las tremendas fotos de hoy serían solamente aperitivos”, dicen los supervivientes a Saddam. “Tenemos fotos, tenemos documentos, pero eso no satisfacerá a vuestras élites.”
Estos supervivientes invitaron al mundo a visitar las fosas comunes, a ver pilas de cadáveres, pero nadie se presentó. Los chi´íes son baratos, a menos que se unan al coro antiamericano. Sus fotos no aparecerán en la BBC, por no decir en los canales árabes. Los sudaneses repetían que un millón de negros eran diezmados. Tienen fotos de hombres, mujeres y niños africanos desnudos hechos esclavos. Su problema es que no fueron tomadas en Abú Ghraib
La lista es larga, pero el patrón es único. En el fondo, los oprimidos de Oriente Medio saben que el escándalo pornográfico en la prisión gestionada por Estados Unidos fue secuestrado por los abusones la región.
Debajo de su piel oscura, las víctimas de los horrores sistemáticos de la región saben muy bien que, con pocas excepciones, la cultura política de América es la antítesis de todas las ideologías políticas de la zona. A pesar de lo desagradable de las fotos de Abú Ghraib, el mundo árabe necesita enviar esas fotos más horribles de los campos de concentración de la región. Necesita destapar la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad, por toda la región.
Tal vez el mal hecho a los presos en Irak destape el mal mayor en la región entera.
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