Política

Tarik Ramadán, el gran hechicero del radicalismo islámico

Quienes lo defienden dicen que es un “moderado” genuino y un “pluralista islámico”, pero que incluso si no se aceptan sus afirmaciones, ciertamente se debía permitir que Ramadán debatiera sus ideas en el gran libre mercado de ideas del campus americano. Milagrosamente, la coalición de altos sacerdotes de la corrección política, colectivos wahabíes haciéndose pasar por pluralistas y censores de la élite del periodismo justo y equilibrado no prevaleció.

Quién es realmente el profesor suizo al que se le negó un visado para dar clase en Notre Dame


 


Ningún caso ilustra mejor el fraude criminal a la sociedad occidental por parte de militantes islámicos que el último episodio que implica a Tarik Ramadán, el profesor suizo al que se le negó un visado para dar clase en Notre Dame. Sus partidarios en Estados Unidos cerraron filas alrededor de Ramadán, protestando con total certidumbre moral por la maniobra políticamente indignante del gobierno norteamericano de prohibir hablar a un musulmán “moderado”.

La coalición para defender a Ramadán incluyó al New York Times, el Washington Post, claustros académicos de todo el país, grupos islámicos de defensa y grupos de derechos humanos. Su mensaje casi unánime fue que Ramadán era un “moderado” genuino y un “pluralista islámico”, pero que incluso si uno no estaba deacuerdo con sus declaraciones, ciertamente se debía permitir que Ramadán debatiera sus ideas en el gran libre mercado de ideas del campus americano.


 


Milagrosamente, la coalición de altos sacerdotes de la corrección política, colectivos wahabíes haciéndose pasar por pluralistas y censores de la élite del periodismo justo y equilibrado no prevaleció. No se entregó visado a Ramadán y pronto, en un acto de indignación moralmente superior, declinó solicitar de nuevo otro visado.


 


Incluso después de las criminales acciones de militantes islámicos el 11 de Septiembre en Estados Unidos y su autoría o planificación de operaciones terroristas en más de 90 países entre 1990 y el 2003, la élite intelectual izquierdista de la sociedad norteamericana, en diabólica complicidad con los grupos fundamentalistas islámicos ocultos bajo una fina fachada, han logrado perpetrar el gran fraude del islam militante: fingir ser moderados demócratas (con d minúscula), pluralistas y víctimas de odio.


 


Los grupos fundamentalistas islámicos han continuado invirtiendo la realidad y retorciendo los hechos en su cabeza, con una habilidad pasmosa para presentarse como víctimas de odio en contraposición con la realidad letal de que son ellos los progenitores del odio. ¿Dónde más podría ser descrito como “moderado” o “reformista” pro-occidental Yousef Al Qardawi, un líder de la Hermandad Musulmana que pide el exterminio de los judíos (no sólo de los israelíes, sino de los judíos) y de los americanos (no sólo los ocupantes), o distintas variaciones de este tema (Washington Post, New York Times, Christian Science Monitor, Los Angeles Times)?


 


¿Dónde más puede uno escuchar que la jihad es un concepto “hermoso”, como fue difundido recientemente en la National Public Radio, desprovista de significado violento o militante? La presentadora de la NPR es la hija de un líder islámico americano que justificaba el asesinato de Robert Kennedy – un hecho que la NPR ocultó a sus oyentes, pero que palidece en comparación con su descarada voluntad de emitir un anuncio de facto a favor de al-Qaida — terminando la presentadora su anuncio comercial islamista (financiado por el contribuyente) con la línea siguiente: “Algún día, espero que ´jihad´ ingrese en nuestro léxico, donde pueda ser utilizado apropiadamente, en oraciones como ´ella está en una jihad por alcanzar el sueño americano´”.


 


En la década y media previa al 11 de Septiembre, Hamas, la Jihad Islámica, al-Qaida y virtualmente cada uno de los grupos y líderes islámicos llevaron a cabo con éxito el fraude estratégico más brillante del enemigo en la historia de Estados Unidos, presentándose en persona en el corazón de territorio enemigo bajo la fachada de grupos humanitarios sin ánimo de lucro (y por supuesto libres de impuestos), grupos de derechos civiles, e instituciones religiosas no políticas. Hasta el 11 de Septiembre, el engaño había continuado con sorprendente éxito, mientras grupos y líderes fundamentalistas islámicos eran invitados a la Casa Blanca, recibían financiación federal y eran alabados por políticos y tratados por los medios como celebridades.


 


Pero antes de que esta charada quedara en evidencia, casi 3000 norteamericanos fueron forzados a pagar con sus vidas como precio por el tardío descubrimiento de lo que habíamos tenido. De pronto, las organizaciones de caridad que habían estado operando en secreto como conductos de dinero para terroristas, y líderes musulmanes americanos asentados que llevaban vidas dobles como cerebros terroristas, fueron reconocidos finalmente por lo que son: terroristas. Y en lugar de ser agasajados por el Departamento de Estado, eran ahora clausurados más apropiadamente, procesados y deportados.


 


Y aún así, más de tres años después del 11 de Septiembre, se diría que este autoengaño suicida está vivo y coleando en Estados Unidos. Aquí es donde entra Ramadán, a desempeñar un papel importante en destacar el peligro de este continuo autoengaño.


 


En primer lugar, Ramadán no es más moderado de lo que lo sería David Duke en las relaciones entre razas. La única diferencia es que David Duke no es lo bastante inteligente como para hablar de dos maneras, disimular su racismo bajo el manto del pluralismo, o disfrutar de colaboraciones en los medios.


 


En diversas entrevistas concedidas a diversas publicaciones europeas a lo largo de los últimos años, Ramadán ha proporcionado justificación repetidamente a los actos terroristas contra aliados norteamericanos como Israel o Rusia y, más recientemente, contra los propios Estados Unidos. Preguntado por la revista italiana Panorama si el asesinato de civiles está bien, Ramadán contestó sin titubear, “en Palestina, Irak, Chechenia, existe una situación de opresión, represión y dictadura. Es legítimo que los musulmanes resistan al fascismo que mata al inocente”. Cuando se le preguntaba si los coches bomba contra fuerzas norteamericanas en Irak eran legítimos, el profesor Ramadán respondía “Irak fue colonizado por los americanos. La resistencia contra el ejército es justa”.


 


Dominando el arte del taqiyya (doble lenguaje para engañar a los infieles), Tarik Ramadán ha encandilado a muchos con su aparente moderación. Pero un examen cuidadoso de sus palabras revela que el profesor Ramadán no es lo que aparenta y dice ser. Sí, dice que “está deacuerdo en la integración” de los musulmanes en Occidente, pero tiene cuidado en decir que “nosotros [los musulmanes] somos los que hemos a decidir los términos de la integración”. Endulza diciendo aceptar el Derecho occidental secular, pero – aquí está el truco – “sólo si esta ley no me fuerza a hacer cosas contra mi religión”. Y cuando es arrinconado con preguntas acerca de la brutalidad de algunos castigos en la ley islámica, como la lapidación, nos dice estar contra ellos, pero (siempre hay un “pero”) se encuentran en los textos coránicos y en consecuencia no los puede condenar completamente y tenemos que fijar los términos de “una moratoria absoluta para todos los castigos físicos”.


 


El encantador profesor de lenguaje suave y fotogenia en la televisión sólo es la cara moderna y occidentalizada del mismo enemigo que lleva una careta distinta en otros campos de batalla. Como escribía recientemente el distinguido experto en temas de Oriente Medio Fouad Ajami, Tarik Ramadán es “en el mundo del nuevo islamismo, la realeza pura”. Su disfraz de moderado esconde su corazón fundamentalista, y una lectura cuidadosa de sus palabras basta para revelarlo. Francia, el país que mejor le conoce, conserva la cabeza sobre los hombros acerca de él. Un tribunal de Lyon afirmó recientemente que los predicadores como Tarik Ramadán “saben ejercer una influencia sobre los jóvenes islamistas, y en consecuencia constituyen una incitación que puede llevarles a unirse a grupos violentos”.


 


Al menos en Francia, algunos intelectuales de izquierdas han reconocido a Ramadán por lo que es. El autocensurado New York Times tuvo que ser forzado a informar de que Bernard-Henri Levy, que escribió el bestseller “Quién mató a Daniel Pearl”, acusaba a Ramadán de ser “el campeón intelectual de todos los tipos de doble lenguaje”, con “una visión racista del mundo”, y promotor del antisemitismo. El Times informaba además de que Bernard Kouchner, el consejero de ayuda exterior y ex ministro de sanidad de Francia, llamaba a Ramadán “un fanático absoluto sin memoria histórica” y “un hombre peligroso”. Agregó, “el modo en el que ´denuncia´ a algunos intelectuales judíos es cercano al antisemitismo”.


 


No obstante, el club de fans de Ramadán en Estados Unidos continuaba retratando la exclusión del Sr. Ramadán como parte de una campaña anti-musulmana. La acusación de racismo anti-musulmán, parte de una orquestación más general de fundamentalistas musulmanes por retratarse a sí mismos como las víctimas del odio, ha sido manejada magistral y perfectamente, exigiendo solamente la colaboración de los medios americanos. En el punto álgido de la controversia, el año pasado, el New York Times opinaba que “los grupos musulmanes americanos cuestionan la habilidad o la buena voluntad del gobierno por distinguir entre lo que ve como musulmanes moderados, como el Sr. Ramadán, y los fundamentalistas”. ¿Pero quiénes eran estos grupos musulmanes americanos, retratados por el Times como árbitros intelectualmente honestos de quién es realmente un moderado? Nada menos que los vástagos y ramas de la Hermandad Musulmana, el movimiento fundamentalista islámico que dio a luz a al-Qaida y a Hamas, y cuyo fundador no es si no Hassán al-Banna, el abuelo de Ramadán.


 


Y están los que recurren a la respuesta del libre mercado: ¿La nación más poderosa del mundo teme permitir a Ramadán el acceso al pluralismo intelectual de Estados Unidos, donde la libertad de prensa es honrada como el privilegio más sagrado que tenemos?


 


Bien, Ramadán no necesita estar en Estados Unidos para difundir su mensaje y pensamiento. A través de Internet, los medios y las comunicaciones instantáneas, al público norteamericano no se le niega ni una coma de la propaganda de Ramadán.


 


Tras el primer atentado contra el World Trade Center en 1993, los mismos defensores de Ramadán – el New York Times y otros medios elitistas – eran los primeros en plantear cuestiones inquisitoriales e indignantes a propósito de cómo el jeque ciego, con sus opiniones radicales, era capaz de recibir visado para Estados Unidos a comienzos de los años noventa. Pero eso fue antes de que fuera condenado o procesado de cualquier crimen americano. Así que aparentemente, los altos sacerdotes de la época decidieron que el privilegio de la libertad de prensa para los invitados no americanos no era sagrado; que en la práctica, el derecho a visitar Estados Unidos no era un derecho constitucional concedido a cualquier ciudadano del mundo, una opinión que desafortunadamente aparece cada vez más en las juntas editoriales.


 


El apartado octavo, sección 1182 del código norteamericano exige la expulsión de Estados Unidos de cualquier extranjero “que haya utilizado su posición de prominencia dentro de cualquier país para aprobar o excusar actividades terroristas, o para persuadir a otros de apoyar actividades terroristas o a una organización terrorista”. La disposición parece redactada para encajar en el caso de Ramadán. La entrada a Estados Unidos de cualquier nacional extranjero es, por ley, un privilegio y no un derecho. Pedir al gobierno norteamericano que descuide sus propias leyes y conceder este privilegio a una persona que perdona abiertamente los ataques contra fuerzas e intereses norteamericanos es absurdo.


 


Dejando a un lado la justificación legal para prohibir la entrada a Ramadán, el motivo moral para mantenerle fuera es el mismo motivo por el que Estados Unidos ha negado visados durante años a autores neonazis de Europa Occidental. Tanto Ramadán como los neonazis, no sólo han intentado el acceso a Estados Unidos. Al contrario, a la aprobación oficial del gobierno norteamericano, a la concesión del visado, se une una declaración de legitimidad política. Y esa es precisamente la misma legitimidad que permitió operar en Estados Unidos durante tanto tiempo a los grupos islámicos militantes. ¿Realmente queremos repetir la historia?


 


Steve Emerson es junto con Daniel Pipes, los dos autores que avisaron del 11 de Septiembre. Es periodista de investigación y experto en radicalismo islamista.

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