Política

Venezuela: El factor Chávez y sus riesgos

“Hay un modo Chavista de “hacer las cosas”, un modo que es, al mismo tiempo amante del riesgo y paralizante. Chávez, ya lo conocemos, de continuo propone cosas que, si la gente _los suyos en primer lugar_ tomase en serio viviríamos en un agobio perpetuo, en una fatiga imposible.”

Antonio Cova Maduro

[…] Una situación que como nunca
antes está inexorablemente atada a la suerte del petróleo en el mercado
internacional (Venezuela, mucho más que cualquier otro país de América, depende
to
talmente del exterior y no hay
comiquería “endógena” que pueda variar esa terrible realidad) y de un modo más
específico a la suerte de Pdvsa. Por eso a los avatares de esa organización
dediqué el grueso de la argumentación.


 


EN LOS DOS últimos trabajos
hicimos referencia a la expresa decisión que tomó el régimen de “secuestrar” a
Pdvsa, para volcar sus arcas en cuanto experimento se propusiesen. Seguros de
que de ahora en adelante nadie podría impedir que esos vastos recursos fuesen
puestos enteramente a disposición de dos propósitos que ahora vemos con
claridad: ser una especie de “adelanto” de lo que sería la Venezuela socialista
del siglo XXI (como estilaba hacer Mao en la China que gobernó con mano de
hierro por casi 30 años) y permitir, con holgura, ensayar _y errar_ con cuanta
experiencia se les ocurra.



Con ese fin, todas las
energías de Chávez y la muy bien pagada asesoría cubana han visto un vasto
despliegue en los últimos meses.


 


La suerte _o la alegría de tísico,
vaya usted a saber_ ha acompañado estos propósitos, pues el alto precio del
petróleo ha permitido que sobren los reales y en consecuencia, nada se detenga.
La cautela y el buen tino sobran entonces. Aquí es donde aparece el mayor riesgo
que este proceso encara: Chávez, su modus operandi y la corte que le acompaña y
le hace eco.


 


HAY UN MODO Chavista de “hacer las
cosas”, un modo que es, al mismo tiempo amante del riesgo y paralizante. Chávez,
ya lo conocemos, de continuo propone cosas que, si la gente _los suyos en primer
lugar_ tomase en serio viviríamos en un agobio perpetuo, en una fatiga
imposible. Al mismo tiempo, sin embargo, su “estilo”, mandón y gritón, paraliza
al más lanzao. Nadie en ese mundo sectario y excluyente se atreve a nada que él
no haya visto y confirmado. Ni dan el primer paso, ni recogen velas. Esto
inexorablemente cancela y congela el vigor que toda revolución debe lograr si es
que quiere sobrevivir.


 


Ese modo, además, exhibe una
curiosa forma de proceder. No hay planificación digna de
tal nombre, no hay “tiempo de
cocción” para cualquier cosa que se les ocurre (el asunto de la toma de tierras
productivas, las fulanas cooperativas y una
tal cogestión que ningún uso hace de
la experiencia histórica son ejemplos admirables de lo que afirmamos), pero
sobre todo, no hay noción de cuánto cuestan las cosas ni de cómo se administran
los recursos. Para colmo, cualquier cosa que huela a capacidad administrativa
es, ipso facto, sospechosa.


 


DE SOBRA SABEMOS que nada ha sido
creado en la historia humana que no haya requerido equipos de gente competente y
muy profesional y asombrosamente el chavismo siente una especial debilidad por
lo “peorcito” que hay en el mercado para emprender una tarea y apuntar a un
objetivo de
tal envergadura que, en experiencias
parecidas se ha tragado a mucha gente de valor.


 


Incluso el chavismo muestra una
insólita debilidad en lo tocante a prescindir de abundantes pesos muertos.
Prefiere, como lo muestra el caso de Guárico, asumir un karma antes que dar una
lección que mucho bien le haría. No logra desprenderse de incómodos compañeros
de ruta. Y esto puede tener dos efectos dañinos: desmotiva peligrosamente a los
contados profesionales competentes que se han resignado a trabajar con el
régimen y bloquea una saludable “circulación de élites” que mucha savia nueva le
podría inyectar.


 


Son estas cosas las que están
detrás del “Special report” que sobre la Venezuela de Hugo Chávez publicara The
Economist en su edición del 14 de mayo y que alertaba que “tarde o temprano la
orgía gastadora se arriesga a un ratón monumen
tal. Venezuela está gastando parte de
su capi
tal y cuando caigan los ingresos
petroleros la economía descenderá con vértigo a un infierno de recesión e
inflación”.


 


PARA INFORTUNIO del propio Chávez
_y de quienes lo padecemos_ “es muy difícil que eso pase antes de que en las
elecciones de diciembre del 2006 Chávez se asegure otros 6 años”, alerta el
mismo artículo. En ese “infierno” que nos vaticinan poco valdrá una verborragia
presidencial sin respaldo financiero alguno.


 


Y el bonche inextinguible que para
garantizar su permanencia habría ofrecido a sus electores, le
es
tallará en las narices. Esa fue la
experiencia del Carlos Andrés que va de enero a febrero de 1989 y ya sabemos que
ningún triunfo espectacular garantiza nada. Allí está Nixon, que barrió en las
elecciones justo antes de la caída de Watergate. Ninguna reelección, es obvio,
da seguridad a nadie, ¡por más espectacular que sea!



Fuente: El Universal – Venezuela 

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