Relaciones Internacionales
Los anuncios esta semana de los principales consejeros del Primer ministro Ariel Sharon, de generales internos y del vicepremier Shimon Peres (junto con los dudosos desmentidos de Sharon) de que el gobierno comenzará ahora a planificar más entregas de tierra a los palestinos tras la destrucción del mes pasado de nuestras comunidades en Gaza y norte de Samaria tendría que haber causado una oleada de furia en el país. Y aún así, es difícil escapar la impresión de que estos últimos anuncios son una especie de anticlimax.
Políticamente, los anuncios sólo sirvieron para reforzar la sensación de que las maquinaciones políticas y legislativas de Sharon han sobrepasado todos los límites de cinismo previos. Después de todo, antes de la votación del Comité Central del Likud el lunes referente a la fecha de las elecciones a la dirección del partido, Sharon y sus consejeros negaron vigorosamente cualquier plan de continuar la política del primer ministro de afrontar el terrorismo palestino expulsando judíos de sus hogares y destruyendo sus comunidades.
No es que alguien se creyese realmente sus manifestaciones, aunque los medios locales, que a fines prácticos actúan como adjunto del equipo estrella oficial de Sharon, fueron rápidos en dar crédito a estas afirmaciones fundamentalmente poco convincentes. Por encima de todo, la ausencia de ultraje público ante el último giro político de Sharon, al igual que el bostezo que saludó el descubrimiento de su flagrantemente ilegal recaudación electoral de fondos durante su última visita a Nueva York, supura una sensación extendida de que el sistema político de Israel es incurablemente corrupto. No es que los israelíes estén apáticos ante el hecho de que el primer ministro ni siquiera pretenda no mentir o engañar. Es solamente que en este momento, la mayor parte de la gente se siente indefensa a la hora de hacer algo al respecto.
Aparte de lo que el plan para expandir la política de canibalismo nacional del gobierno nos cuenta de la corrupción del sistema político de Israel por parte de Sharon y sus socios, también deja claro una idea más general de las consecuencias de la rendición. Como han demostrado los acontecimientos en Gaza, Judea y Samaria desde que el gobierno implementase su plan de retirada y expulsión el mes pasado, la adopción de una política de rendición descarta automáticamente cualquier posibilidad de lograr o bien un acuerdo de paz o llegar a acuerdos de seguridad fiables con los palestinos o con los estados árabes vecinos.
Dirigiéndose a una conferencia anual del izquierdista Centro Jaffee de Estudios Estratégicos en la Universidad de Tel Aviv el miércoles, el jefe de la inteligencia, el General Aharón Ze´evi Farkash indicó a secas que al-Qaida ha explotado la brecha en la frontera con Egipto para infiltrar en el área sus operativos. El aspecto perturbador de la declaración de Farkash es que no se acompañó de un compromiso de que Israel matara o arrestara a estos operativos antes del que tengan posibilidades de montar operaciones en la zona. Una vez más, tal declaración sería contraproductiva al final porque ahora que Israel ha abandonado Gaza, qué opciones tiene el ejército para contener esta nueva amenaza no está claro. Asimismo, la postura disuasoria de Israel frente a los palestinos está tan erosionada por la retirada y expulsión que es difícil saber lo que haría otra amenaza vacía más, aparte de debilitar la credibilidad de Israel mucho más.
Sumando su voz al derrotismo que ha echado raíces necesariamente entre los grados superiores del ejército como consecuencia de su implementación de la retirada y expulsión del mes pasado, el martes, el General Udi Dekel, jefe de planificación estratégica del comando general, afirmaba en otra conferencia académica que la transformación de Gaza en “Hamastán” tiene bastante que recomendar. En opinión de Dekel, “existe un potencial de que Hamas esté más comprometido que la Autoridad Palestina [a dejar de atacar Israel] en el momento en que asuma la responsabilidad y control de la Franja”. El hecho de que hiciera esta declaración apenas horas después de que Hamas difundiese una cinta al estilo de al-Qaida del empresario israelí Sasson Nuriel secuestrado y atado, suplicando por su vida antes de ser asesinado establece con aún más dramatismo la completa desconexión de la realidad que muestra su declaración.
Es verdad que Hamas, con su claridad ideológica y estratégica, podría llegar a un acuerdo con Israel con mucha mayor facilidad que la OLP. Pero de nuevo, esa claridad, que se basa en la dedicación en cuerpo y alma a la destrucción de Israel, es lo que convierte en una locura la noción de que fuera posible consolarse en el control por parte de Hamas de la sociedad palestina.
Mientras tanto, la Autoridad Palestina, bajo la dirección de Mahmoud Abbás, ha continuado recabando apoyo a la continuación de su guerra contra Israel y la transformación de Hamas como partido político “legítimo”. La AP apoyó indirectamente el secuestro y asesinato de Nuriel por parte de Hamas a través de sus órganos mediáticos oficiales, que informaban como un hecho de que Nuriel – que era propietario de una fábrica de caramelos – era un funcionario de inteligencia.
SOLAMENTE HAY dos cosas que parecen molestar a la AP: las operaciones contraterroristas de Israel, a las que Abbás y sus representantes aluden como “actos bárbaros de terrorismo”, y el temor a perder apoyo internacional. La AP intentó bregar con la segunda preocupación esta semana cuando filtró una directiva siria dirigida a Hamas y la Jihad Islámica pidiendo a los grupos del terror que continuasen sus ataques contra Israel. El propósito obvio de publicar el informe era culpar a Siria de las propias políticas pro terror de la AP.
Los egipcios, que iban a ser presuntamente los garantes de que Gaza no se convirtiese en una base del terrorismo global y de que la frontera con el Sinaí continuara sellada, no han expresado vergüenza por el hecho de que sus fuerzas militares a lo largo de la frontera no sólo no hayan hecho nada por detener el tráfico fronterizo abierto entre Gaza y el Sinaí, sino que lo han facilitado. En lugar de pedir formalidad o actuar ejerciendo control efectivo sobre la frontera, los egipcios han exigido que Israel permita que sus fuerzas se desplieguen en Judea y Samaria donde, afirman los egipcios, volverán a implementar sus operaciones de Gaza. Por su parte, el dictador egipcio Hosni Mubarak reaccionó al desastre que él toleró diciendo a los medios que Sharon está frustrando las perspectivas de la paz.
Todas las acciones y declaraciones de la directiva palestina y de los egipcios demuestran que como consecuencia del abandono por parte de Israel de Gaza y el norte de Samaria, se ha diezmado sus oficiales militares y a la vez ha descartado toda posibilidad de alcanzar alguna vez o bien un acuerdo político con los palestinos, o acuerdos de seguridad con respecto a los palestinos con Egipto o Jordania. Los palestinos se dan cuenta de que ya no tienen incentivos para negociar con Israel, porque Israel se rendirá incluso sin un atisbo de acuerdo. Desde su perspectiva, la lección del plan de retirada y expulsión – y ahora de los últimos anuncios de que hay más transferencias de tierra sobre la mesa – es que no hay motivo para que cedan algo.
Los egipcios han aprendido que pueden negociar acuerdos de seguridad con Israel, no cumplir ninguno de sus compromisos, y continuar siendo vistos como fuerza positiva en la región por todas las partes implicadas. El hecho de que Egipto no haya pagado ningún precio por su duplicidad muestra a El Cairo que no hay justificación para cumplir los requisitos israelíes de que se comporte como un buen vecino y deje de animar y ayudar a los terroristas palestinos.
Por su parte, los jordanos – que durante los últimos cinco años han sellado con éxito su frontera con Israel a la infiltración terrorista – no tienen ningún interés en implicarse en el pantano del terror que expande su profundidad y alcance por Judea y Samaria. La sociedad jordana no sólo es aplastantemente pro-islamista, sino que Jordania terminaría teniendo que hacer frente a Egipto, así como a su propio pueblo, si echase a Israel una mano al tratar con los palestinos. Simplemente, después de la retirada del mes pasado, cooperar con Israel tiene costes, pero ningún beneficio para los palestinos, los jordanos y los egipcios.
SHARON Y sus socios argumentan que el motivo para la continua retirada es la ausencia de una opción diplomática para lograr la paz. Según su razonamiento, rendir territorio a los terroristas es del interés de Israel porque al hacerlo, Israel es capaz de determinar sus fronteras según sus necesidades. Pero existe un error importante en esta lógica.
En ausencia de una opción diplomática, es necesario que Israel – así como cualquier estado que haga frente a tales materias – adopte medidas unilaterales para garantizar sus intereses. Pero evitar que al-Qaida establezca bases operacionales en Gaza, Judea y Samaria es del interés de Israel. Evitar que los terroristas lancen misiles, morteros y cohetes contra sus centros de población es del interés de Israel. Evitar que el terrorismo controle territorio desde el que lanzar misiles portátiles contra aviación civil es del interés de Israel. Al rendir territorio a los terroristas, Israel se asegura de que será incapaz de hacer algo significativo para garantizar cualquiera de estos intereses vitales. En lugar de tomar unilateralmente las acciones necesarias para garantizar sus intereses, Israel, al destruir sus propias comunidades y transferir el territorio a sus enemigos, está impulsando activamente la causa de sus enemigos, al tiempo que pone en peligro a su ciudadanía y a su economía.
En la revisión post mortem de las causas de la ajustada victoria de Sharon en el Comité Central del Likud el lunes, está claro que el motivo principal por el que ganó es que su oposición rehusó hacer una piña alrededor del ex ministro de economía Binyamin Netanyahu como su líder. Durante el último año y medio, Sharon ha evitado defender su política de rendición presentando cada batalla política y legislativa como una disputa personal. Con el firme respaldo de los medios locales, Sharon ha atacado a sus opositores acusándoles del crimen de intentar usurparle su poder. No es que sus opositores políticos no puedan hacer algo contra esta táctica, es simplemente que hasta la fecha, han rehusado adoptar el único remedio – proporcionar un líder alternativo y acordado para sustituirle – que pudiera forzar a Sharon a meterse en un debate político.
A la luz de esto, no hay motivo por el que los israelíes en general o los opositores políticos de Sharon en particular deban despreciar los resultados de la votación del comité central del lunes. Todo eso es necesario para devolver la liberación al debate político en Israel si se va a mantener la presión sobre Sharon reuniéndose entorno al único líder con capacidad para ganar realmente unas elecciones nacionales.
Una vez que se haya levantado este obstáculo, es necesario que los detractores de Sharon en el Likud y sus partidos afines en la derecha defiendan la idea de que la ausencia de una opción diplomática no es justificación para más abandonos del derecho de Israel a garantizar sus intereses nacionales. Tal debate cortará el paso a la maniobra de Sharon mientras planea un rumbo de mayores retiradas. Señalar ese hecho de que la falta de una opción diplomática fue exacerbada, no aliviada, por las retiradas y expulsiones del mes pasado también servirá para señalar a los palestinos y sus aliados que su capacidad de ignorar las exigencias de Israel de acciones contra los terroristas puede ser más pequeña de lo que nadie nunca hubiera creído.
De todos modos, el cinismo con el que Sharon y sus aliados han infectado la cultura política de Israel debe terminar cuanto antes, y tomar las medidas necesarias para provocar esto se encuentra dentro del poder de sus detractores políticos.
Caroline Glick, nacida en EE.UU., es graduada de Columbia University. Participó en el proceso de negociación de paz entre Israel y la OLP y ocupó un puesto de relevancia en las negociaciones llevadas a cabo por el Primer Ministro Rabin.