Política

La semana política en Argentina: “dejà vu”

Democracia

 


“Qué la verdad esté en tu pupila y no en la cosa contemplada” André Gide


 


Según cómo se lo analice -o mejor dicho según quién lo analice-, el tiempo pasa demasiado rápido o en demasía lento. La cuestión es que, en materia política, poco importan los relojes y a las hojas de los almanaques se las lleva el viento como se lleva también la memoria de muchos ciudadanos y políticos.


 


Por esa razón, que finalmente, esta semana, se diriman las elecciones no debería sorprender en exceso como tampoco debería asombrar el resultado que las urnas arrojen una vez realizado el escrutinio.


 


Más allá de los porcentajes que obtengan los candidatos, más allá de los reciclados que se obtengan y de  los innumerables “liftings” ideológicos que se han gestado en la etapa previa, la única pregunta que parece encontrar sustento apunta a desentrañar qué cambia después del 23 para los argentinos…


 


El mismo día de los comicios, los medios de comunicación, nos ofrecerán a un  sinfín de intérpretes con múltiples lecturas  de lo ocurrido. Muchos de ellos, durante estos meses han estado viviendo de encuestas y sondeos, algunos de los cuáles se parecen más a creaciones pictóricas que a las opiniones del pueblo. Aquellos recitarán justificaciones para sus “errores” poco éticos. Siempre suele haber alguna explicación -confusa o confundida- para que el negocio de la opinión pública no concluya. Saben de antemano que  tienen tan sólo dos años para recobrar la confianza diluida en onerosas sumas de dinero.


 


De una u otra forma, el 2007 los ha de hallar, nuevamente, manteniendo porcentajes, intenciones e imágenes de otros, claro está…, nunca de ellos.           


Lo cierto es que el domingo 23 por la noche, tendremos exegetas de éxitos a apabullantes aún cuando los votos no reflejen nada de eso. Las victorias pírricas quedaron en la Argentina de antaño. Hoy, la fragmentación y, el oportunismo como una de las causas inherentes a ella, hace que los triunfos – al margen de la sumatoria de sufragios emitidos – sean más virtuales que reales. 


       


También habrá quienes se atrevan a cuestionar un escenario que, en ciertos sectores ya está siendo elaborado sin que importe demasiado lo que resulte tras el decorado. Una escenografía bien montada puede convertir a una humilde sala en el mejor de los teatros. Sin embargo, monopolios, compra-ventas, negociados y artilugios varios evitarán que sean muchas las voces que desentonen con las versiones oficiales. Y esto vale, cualquiera sea el resultado.


 


Es decir que, una elección realmente favorable al Gobierno donde, la ventaja de la Primera Dama supere en un 25% o más a su rival, Chiche Duhalde, servirá para que se refloten las alocuciones plebiscitarias y se afiance el poder presidencial.


 


Pero, en caso de que el porcentaje sea menor e implique que, el jeque bonaerense se ubique en una posición amenazante para el Gobierno, no debe llamar la atención que la lectura de los datos se mantenga, igualmente, benévola para el jefe de Estado.


La libertad de expresión está pasando por un mal trago y sólo prima -hasta cierto punto- una libertad de empresa que condiciona, compromete o “sugiere”…


 


Excepciones siempre hay. Toda generalización es mala consejera. De allí que, también, tengamos la posibilidad de escuchar voces que traduzcan la elección  sin necesidad de contradecir los datos del INDEC que dan cuenta de un 38,5% de las personas bajo la línea de pobreza y un 13,6%  bajo la línea de indigencia. O sea, más de la mitad de la población con las necesidades básicas insatisfechas. Pero claro, estas manifestaciones tendrán un eco limitado.


En términos comunicacionales podríamos decir que, habrá demasiado “ruido” entre la fuente o el emisor y el receptor del mensaje…  


 


 Por suerte,  el domingo anterior a los comicios tendremos una excelente oportunidad para comprobar cómo opera el manejo de la información. Es decir, que el River-Boca (que en gran medida se asemeja a la competencia política) nos permitirá advertir hasta qué punto un resultado concreto puede “matizarse” de manera tal que, mantenga o refuerce, el “prestigio” del derrotado.


 


Supongamos que triunfe por 1 a 0 el equipo millonario. Los titulares podrán alternar entre:


-“Magro triunfo de River”


-“Pese a sus carencias, River se impuso a su adversario”


-“Un descuido del arquero xeneixe le dio el triunfo a River”


-“Ganó River pero Boca sigue liderando el torneo”


 


Estos cuatro ejemplos, marcan a las claras una realidad insoslayable: El equipo de “Mostaza” Merlo obtuvo la victoria. Sin embargo, en la redacción de todos ellos se deja ver la “pobreza” del triunfo. Y hasta se menoscaba, de un modo u otro, las habilidades o capacidades de los jugadores y del equipo en su conjunto.


 


Ahora bien, el mismo resultado puede ser expresado de la siguiente manera:


-“El festejo fue para los millonarios”


-“River demuestra quién es el dueño del terreno. Le ganó a Boca de local”   


-“El arquero xeneixe repite los errores que cometió con la selección nacional” 


-“River deja atrás su debilidad y reafirma su poderío”       


 


En definitiva, también estos enunciados hablan de un triunfo millonario. El hecho de haber ganado por 1 a 0 pierde trascendencia frente al hecho en sí. Es cómo si, a simple vista, fuese igual que haya vencido por 4 ó 5 goles de diferencia. Y lo mismo puede argumentarse de resultar triunfante el equipo azul y oro.


 


Aunque, no se discuta el resultado, este manejo del acontecimiento genera en el lector un posicionamiento prefabricado de antemano. Guste o no -y no se trata de menoscaba al ciudadano-, los medios de comunicación, los emisores son formadores de opinión y llevan agua para su molino con más facilidad de la que pensamos.


 


Con esto, el resultado electoral se relativiza. No se lo altera pero sí se lo maquilla… Y aunque las apariencias engañen, a esta altura de las circunstancias, es dable admitir que la mayor parte del pueblo ha llegado a tal punto de hartazgo que no tiene ni ganas, ni fuerzas, y peor aún – en algunos casos- ni siquiera tiene estimulada la capacidad necesaria como para “darse cuenta“.


 


También, este razonamiento permite inferir que, una vez culminada  la elección, los cambios sean relativos para la Argentina. Alguno de ellos podrán observarse a simple vista, otros, sin embargo, estarán tan enmascarados que – lamentablemente – sólo podremos advertirlos cuando, el tiempo, – pasando rápido o lento – se lleve, con el viento, la escenografía y, el “granero del mundo” se observe como un terreno infértil y baldío.


 


La memoria maltratada a mansalva, entonces, rescatará un olvido y nos recordará que esto, ya lo habíamos vivido…


 


 


PD: Podrá decirse que también esta redacción tiene, sin duda, su sesgo o su inclinación. Si firmo debajo de estas líneas, evidentemente, no puedo evitar ser sino “emisor”  pero el mensaje sigue siendo objetivo. Por eso, que gane “el más mejor”…      

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