Política

La resurrección del comunismo europeo

Sven R. Larson
En una escena con sorprendente reminiscencia a una era pasada, activistas comunistas se manifestaban este junio en Berlín para jurar fidelidad a la creación de un partido comunista nacional fuerte en Alemania. Proclamando su desprecio al “capitalismo neoliberal” y a los principales partidos alemanes, que “carecen de perspectiva social más allá del presente”, estos comunistas del siglo XXI declaraban su compromiso con “una sociedad socialista”. La manifestación a duras penas sería destacable sino fuera por el hecho de que, casi dos décadas después de la caída del Muro de Berlín, los comunistas son otra vez una fuerza en la política alemana.

En la primera década tras la caída del Muro, muchas personas pensaron que sería inconcebible que las ideologías totalitarias tuvieran algún atractivo de nuevo alguna vez, especialmente en Europa. Tras la caída, el mundo libre había derrotado ya a las dos versiones del mismo totalitarismo: el fascismo y el comunismo. Sin embargo, las ideologías opresoras no mueren con facilidad, tal como la guerra islamofascista contra Occidente nos recuerda hoy. Ahora Occidente contempla la resurrección de su propio totalitarismo nacional. Esto es evidente sobre todo en Alemania, donde el antiguo partido comunista de la Alemania Oriental encabeza el único movimiento político con crecimiento en el país. Su porcentaje de votantes crece con rapidez, al tiempo que los antiguos partidos establecidos están estancados o en decadencia. Lo peor de todo es que su ideología es abiertamente anticapitalista y leninista.

En el centro de esta resurrección comunista se encuentra una nueva generación de políticos jóvenes, intelectualmente formados y bien educados. Y tienen fuerza. El antiguo partido comunista de la Alemania Oriental, conocido hoy como Izquierdistas – Partido para el Socialismo Democrático, Die Linke-PDS, ha tenido mucho éxito en muchas elecciones recientes:

Berlin – forma parte de la administración regional (Berlín no es parte de ningún estado) junto a los Socialdemócratas, controlando un cuarto de los escaños del parlamento y virtualmente empatando con los Democristianos como segundo partido más grande.

Brandenburgo – incrementó su porcentaje de electores en un quinto desde 1999 hasta el 2004. Con el 28% de los votos, se aproxima a convertirse en el mayor partido del estado.

Sajonia (Sachsen) – el 23,6% de los escaños en la legislatura estatal y un tamaño 2,5 veces superior a los Socialdemócratas.

Meckenburg-Vorpommern – logró el 16,4% de los votos en las elecciones del 2002 y constituyó gobierno junto a los Socialdemócratas.

Notablemente, el Die Linke-PDS sale bien parado en los estados de la antigua Alemania Oriental, pero ha tenido poco éxito en la una vez Alemania Occidental. Esto es probable que cambie, tal como muestran los resultados electorales del 2005.

El Partido Izquierdista dobló con holgura sus votos en comparación con el 2002, y una gran porción del éxito se debe a la alianza con el WASG, un nuevo partido de izquierdas de Alemania Occidental. El WASG logró gran cantidad de atención pública cuando Oscar Lafontaine, ministro de economía de la administración Socialdemócrata de 1998, abandonó a los socialdemócratas por el WASG. El Die Linke-PDS continúa siendo relativamente pequeño a nivel nacional. Su porcentaje de votos en el 2005 fue del 8,8%. Sin embargo, esto también significa que es tan grande como partidos establecidos hace mucho tiempo como la Unión Social Cristiana (CSU) o el centrista Demócratas Libres (FDP).

América tiene bastantes motivos para estar preocupada por la resurrección del comunismo en Alemania. Como mencionaba, el Die Linke-PDS no es un partido izquierdista europeo occidental tradicional. Es el antiguo partido comunista oficial de Alemania Oriental. Aún denuncia la libertad económica y el capitalismo; justifica las atrocidades cometidas por el gobierno del imperio soviético; y su éxito es una fuente de inspiración para otros partidos comunistas europeos. Con el paso del tiempo, aprovechará toda oportunidad de influenciar a la Unión Europea y ya controla a políticos experimentados y formados del Parlamento Europeo.

Uno de ellos es Sahra Wagenknecht. Importante académica ideológica del movimiento de resurrección comunista, representa al Die Linke-PDS en el Parlamento Europeo. Posee un escaño en el prestigioso Comité de Asuntos Económicos y Monetarios. Al margen de sus ambiciones de crear un partido comunista alemán fuerte, alimenta las relaciones de la Unión Europea con Latinoamérica. Su afinidad con el socialismo latinoamericano queda plasmada en su libro Aló Presidente, un tributo al presidente de Venezuela Hugo Chávez. También es la portavoz alemana de Venezuela Avanza, un “movimiento de solidaridad” que promueve el socialismo venezolano.

En cuanto a su Alemania natal, Wagenknecht defiende un partido comunista único y fuerte. La clara intención es expandir el antiguo comunismo de Alemania Oriental al resto de Alemania. Tales ambiciones quedan claras en una declaración política realizada por Wagenknecht titulada Für Eine Anti-Kapitalistische Linke [“Por una izquierda anticapitalista”], que ha sido ampliamente difundida por importantes izquierdistas alemanes. Vehementemente anticapitalista, la declaración hace la chocante afirmación de que una sociedad libre en realidad es peor que el comunismo soviético. (No importa que fuera la gente del lado oriental del Muro de Berlín la que lo echó abajo para escapar, no la gente del lado occidental la que lo tumbó para entrar). En una retórica claramente reminiscente del “Imperialismo: el estado más elevado del capitalismo” de Lenin, la declaración afirma:

Con el final del sistema de competición, el capitalismo ha entrado en una nueva fase agresiva y expansiva. La eliminación mundial de los mecanismos y regulaciones de control sobre el capital financiero, la explotación de los países más pobres, la apertura de sus mercados y la toma de control de sus recursos naturales y su capital industrial, la política de privatización total en todo el mundo ha llevado a una concentración del poder económico sin precedentes. Unos cuantos centenares de gigantes corporativos presiden la economía mundial, las inversiones y el empleo, la distribución de la riqueza y la miseria, las perspectivas de billones de personas. Contra más libres discurren los intereses de los beneficios, más profunda es la separación entre Norte y Sur, entre miseria y prosperidad.

En otras palabras, Wagenknechy sus camaradas adoptan una postura “sin lamentos” perturbadora hacia los crímenes contra la humanidad de los que el antiguo sistema soviético fue responsable. (En cierto modo recuerdan a la campaña neonazi europea para restaurar la horrible ideología de Hitler durante los años 80). El inmenso sufrimiento bajo el comunismo es despreciado por la “izquierda anticapitalista” como simple “experimento socialista”.

En su libro Kapitalismus im Koma, Wagenknech cristaliza esta abierta falta de respeto a la libertad y el sufrimiento a manos de los tiranos exagerando las imperfecciones del sistema de libre mercado. Copiando métodos mafiosos de los antiguos líderes comunistas corruptos, que pertenecen al mismo partido que ella, como ejemplos representativos de cómo funciona una economía libre, ridiculiza la transición de la Europa del Este desde el comunismo tras la caída del Muro de Berlín en 1989. “Presuntamente, después de 1989 se ataba los perros con longaniza: en Europa del Este, para el reducido grupo de beneficiados de la privatización que juntos pudieron adjudicarse una parte importante de la venta de la privatización; y en Occidente, lujo para aquellos que ya se sentaban en la cima”, escribe. A continuación afirma que la libertad está igualmente ausente en el mundo libre como lo estuvo en el imperio soviético. Cuando el Muro de Berlín cayó, no había elección de libertad a mano, insiste. “El error no se encontraba en el hecho de que la gente, de dos posibles alternativas, eligiera la equivocada”, escribe. “La alternativa que iban a considerar nunca supuso nada. Han perdido su red seguridad social y no se han aproximado a vivir en libertad. Porque aquel que tiene miedo no actúa en libertad, sino bajo presión y cortapisas”.

Añadiendo peroratas predecibles acerca de Enron, WorldCom o la guerra contra el terror, Wagenknecht continúa para afirmar que la vida en Occidente no es libre, no es próspera, y ciertamente no es deseable. Al contrario de lo que los comunistas del siglo XXI nos hacen creer, la sociedad occidental triunfó sobre el fascismo y el comunismo precisamente porque es libre y próspera. Pero estas ventajas innegables y obvias del capitalismo y la libertad se interponen en el camino de aquellos que, como Wagenknecht, luchan por resucitar el comunismo. Por tanto, tienen que negarlas, y Occidente debe aparentar ser peor que la Unión Soviética.

Un mensaje similar era declarado por los activistas comunistas en su manifestación de junio. “En la sociedad capitalista, la omnipresente competición determina cómo viven juntos los seres humanos, y ha llevado a la adquisición privada del valor producido socialmente, igual que ha desarrollado como salvaguarda la ideología de libre mercado; nuestro partido reúne las visiones socialistas de igualdad social y propiedad pública con el objetivo de la emancipación general humana y cultural”. En pocas palabras, la nueva izquierda alemana unificada quiere erradicar el capitalismo y la libertad económica, maximizar el tamaño del gobierno, e imponer una idea arbitraria de igualdad social sobre el pueblo alemán. Manteniendo en mente que esto es el único movimiento con crecimiento político en Alemania, las perspectivas de futuro son perturbadoras. La izquierda alemana se encontrará pronto en una postura de fuerte influencia sobre la política de su país – y en el futuro, sobre el destino de la Unión Europea.

Tanto Alemania como Europa se encuentran hoy en un atolladero político. El gobierno federal alemán descansa en el frágil equilibrio entre las coaliciones conservadora y socialista. Sus únicos logros hasta la fecha han sido impuestos más elevados y tentativas furtivas de imponer la nueva constitución europea al pueblo alemán. Para los votantes, estos trucos son igual de irrespetuosos, y probablemente les empujarán a los brazos del Die Linke-PDS.

Eso daría a los restantes aspirantes comunistas de otros países europeos algo que seguir y por lo que ser reforzados. A largo plazo, esto perjudicará por supuesto a la economía de Europa y a la libertad en Europa. También afectará a las relaciones trasatlánticas negativamente y debilitará la alianza de América con Europa en temas globales tales como la erradicación del terrorismo y la tiranía.

Aún más preocupante es la posibilidad de que el creciente comunismo europeo pueda forjar una alianza internacional con enemigos ideológicos de todas partes del mundo, principalmente en Latinoamérica. Esta perspectiva, que en cierto sentido es especulativa pero no carece de realidad a largo plazo, es quizá lo más perturbador para América, puesto que crearía una alianza abiertamente antiamericana en un continente donde América generalmente ha encontrado amigos y aliados.

Sven R. Larson es miembro de investigación del Center for Freedom and Prosperity de Washington e imparte ciencias sociales en la Facultad de Económicas de la Universidad de Roskilde, Dinamarca.

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