El presidente de Estados Unidos, George Bush, ha instado al Congreso de su país a que apruebe este año una nueva legislación en materia de inmigración que cuente con el consenso de la cámara y que incluya planes para trabajadores temporales. El mandatario insistió en que la reforma fortalecerá la seguridad y sacará de la sombra a millones de indocumentados.
Pide reforzar la seguridad en la frontera y legalizar a unos 12 millones de indocumentados
El presidente de Estados Unidos, George W. Bush, pidió al Congreso de su país apruebe una reforma a las leyes de inmigración. Afirmó que la reforma migratoria “es un asunto de seguridad nacional y es un asunto de convicción personal”.
George Bush se desplazó a la zona fronteriza de Yuma, en Arizona, para decir que logró reforzar la seguridad en la frontera con México desde el año pasado y disminuir la entrada de inmigrantes ilegales. El presidente estadounidense afirmó que se requiere una “legislación amplia en aras de una reforma amplia”, ya que dijo, “la seguridad fronteriza es parte importante de la reforma” migratoria.
Sostuvo que hace un año, visitó la zona y constató que no existían la “tecnología y el trabajo que el país esperaba” respecto a la incursión ilegal en territorio estadounidense y por ello, dijo decidió visitar nuevamente dicho perímetro para que “la promesa no se quedara en el aire” y constatar “que se había cumplido”.
Bush dijo que trabajará con el Congreso para llegar a un acuerdo y obtener una ley amplia de inmigración que pueda firmar “este año” “Es importante que se apruebe una legislación. Nosotros merecemos un sistema que proteja nuestras fronteras y pueda honrar nuestra orgullosa historia como una nación de inmigrantes,” dijo Bush.
Bush solicitó que los congresistas voten por una reforma que, entre otras cosas, legalice a unos 12 millones de indocumentados, en su mayoría mexicanos, que viven en el país.
El mandatario dijo estar contra dar una “amnistía” a los inmigrantes, pero afirmó que no es “práctico” pensar en expulsar a los ilegales.
Bush agregó que los indocumentados deberían pagar multas, impuestos y aprender inglés para quedarse en el país y calificó el tema como “emocional.”
Por otro lado, miles de personas se manifestaron el sábado pasado en Los Ángeles para protestar por las políticas migratorias de la Casa Blanca. La propuesta del gobierno estadounidense es criticada por grupos pro-inmigrantes, el Partido Demócrata, la Iglesia Católica y sindicatos, quienes argumentan que los costos de los permisos de trabajo y la solicitud de una “tarjeta verde” para obtener la residencia permanente superarían los 20.000 dólares, un importe prohibitivo para trabajadores con sueldos bajos.
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