La economía global en general y la española en particular se encuentran en una fase de reestructuración. Al igual que las grandes corporaciones empresariales, los pequeños inversores y emprendedores deben apostar por la internacionalización. Por encima de la pujanza de otros mercados, Iberoamérica sigue ofreciendo infinidad de oportunidades de negocio y de asociación con partners regionales.
A pesar de contar con unos 47 millones de habitantes –según los datos recogidos por el
InstitutoNacionaldeEstadística-, España es un mercado objetivamente pequeño a nivel global y que cada día lo será más. Esto se observa con claridad si se analiza el
ProductoInteriorBruto de las diferentes economías nacionales. En 2009, España ocupaba la novena posición a nivel mundial en este índice. En 2014, se estima que será la duodécima. Y, en 2020, las proyecciones aseguran que habrá caído por debajo del vigésimo puesto.
Efectivamente, la actual crisis económica global y su incidencia particular en España intervienen en esa caída. Sin embargo, el declive de la economía no es la única razón. Frente a la pujanza demográfica de otros países, España opone un claro estancamiento –cuando no caída- derivado de la baja natalidad y del retorno de parte de la inmigración que, en los años de bonanza, había acogido.
Frente a esta situación, España debe continuar su apertura económica al mundo y explorar nuevos mercados. Tradicionalmente, la internacionalización de sus empresas se ha restringido a un elitista grupo de grandes corporaciones –la mayoría cotizadas en el IBEX 35 o en el Mercado Continuo-, que han mostrado un especial interés operativo por Iberoamérica. La priorización de este mercado ha generado elementos positivos y negativos. Sin ánimo de ser exhaustivos, algunas consecuencias han sido un reforzamiento de los vínculos históricos con estos países o una evidente saturación de la presencia española en ciertos sectores –como, por ejemplo, el energético y las telecomunicaciones-, no siempre bien valorada. Por ello, muchos analistas han emitido recomendaciones en donde animan a las grandes empresas españolas a priorizar otros mercados, como puede ser el chino, el indio o el brasileño, donde su penetración es menor por diferentes cuestiones como la cultura o la lengua.
El crecimiento de Iberoamérica ha sido impresionante en las últimas décadas. El
BancoMundial afirma que se trata de la tercera economía más grande a nivel mundial en cuanto a paridad de poder adquisitivo y que realiza unas operaciones comerciales de 6,06 billones de dólares anuales. En consonancia, los avances políticos, económicos y sociales en la región son más que evidentes. Sin embargo, el crecimiento ha sido acelerado, provocando numerosos problemas en las economías y sociedades que han generado la apertura de numerosos debates sobre la necesidad de un modelo más adaptativo y sostenible.
Iberoamérica sigue ofreciendo grandes oportunidades para el pequeño inversor y emprendedor español, en especial para aquel interesado en buscar partners regionales y operar bajo diferentes formas empresariales como, entre otras, las
JointVenture y asociaciones en participación. En mi opinión, las áreas del emprendizaje o emprendimiento –allí recibe el bello nombre de emprendeduría- social así como el empoderamiento individual y colectivo, la aplicación de nuevos modelos organizativos, la inclusión y aplicación de las nuevas tecnologías en zonas no priorizadas por las grandes corporaciones o el asesoramiento sobre la optimización y tratamiento de recursos y residuos tienen un enorme potencial de mercado y de rentabilidad.
Bajo cualquier formato empresarial asociativo, el emprendedor o inversor español puede aportar su tecnología, formas organizativas y experiencias –tanto positivas como negativas- adquiridas a lo largo de los años de bonanza y de la integración del país en la Unión Europea –que no deja de ser una etapa del proceso de globalización de la economía-. A cambio, el socio iberoamericano puede proporcionar un mayor conocimiento y posibilidad de adaptación al mercado regional, aportar clientes y un acceso más sencillo al crédito, actualmente muy limitado en España.
Es, pues, la hora de crear y aprovechar las sinergias y apostar por fomentar las relaciones con Iberoamérica, buscando aquellos numerosos nichos y segmentos de mercado descartados o minusvalorados por las grandes corporaciones.
Gorka Labarga es consultor organizacional y TIC. También ejerce como formador.
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