Conozco bastantes casos particulares de emprendedores que llevan años emprendiendo y que, valga la redundancia, no emprenden nada y no tienen intención de hacerlo.
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Viernes, 09 de octubre 2026

Conozco bastantes casos particulares de emprendedores que llevan años emprendiendo y que, valga la redundancia, no emprenden nada y no tienen intención de hacerlo.
Ante mi sorpresa, cada vez son más las personas que, al preguntarles por su profesión, me responden que son emprendedores. Atrás quedaron los tiempos en que un trabajador era un autónomo, empresario o profesional liberal. Ahora, el último grito es ser emprendedor. Es cierto que la salida a la crisis pasa por, entre otras medidas apostar por el autoempleo. Atrás quedaron aquellos felices años en donde las grandes empresas realizaban procesos de reclutamiento y selección para incorporar a centenares de trabajadores a sus plantillas. A día de hoy, pocas organizaciones se arriesgan a realizar contrataciones masivas y, a lo sumo, apuestan por incorporaciones puntuales entre un marasmo económico y laboral a base de Expedientes de Regulación de Empleo (ERE), bajas incentivadas y prejubilaciones.
La figura del emprendedor es, sin duda, necesaria y debe potenciarse. Sin embargo, el emprendizaje o emprendimiento no es una profesión sino un estado puntual y una actitud que es positivo mantener. Debido a mi campo de actuación profesional, cada día me encuentro con más personas que se han subido, por equivocación o necesidad, al carro del emprendizaje y te entregan una tarjeta de visita la cual indica que su profesión es ser emprendedor. Seamos serios: el emprendedor es aquella persona que decide desarrollar un bien o un servicio con el objetivo de convertirlo en su actividad laboral y/o en su fuente de ingresos. Pero, una vez que la idea de negocio se ha puesto en marcha y ha adquirido una forma legal, el emprendedor pasa a ser un trabajador por cuenta propia, un empresario o un vendedor. Dicho de otro modo, el emprendizaje finaliza cuando el bien o servicio diseñado se convierte en una realidad. Por tanto, su creador o impulsor ya no es un emprendedor puesto que ha superado ese estadio, salvo que se embarque en un nuevo proyecto. Pero, en todo caso, no se trata de una profesión.
Esto que parece de Perogrullo no termina de ser asimilado por no pocas personas. Conozco bastantes casos particulares de emprendedores que llevan años emprendiendo y que, valga la redundancia, no emprenden nada y no tienen intención de hacerlo. Eso sí, están a la última en la asistencia a charlas, coloquios, congresos, debates, eventos, ferias, foros, jornadas y mesas redondas sobre los temas de moda, a saber, crowdfunding, emprendizaje social, intraemprendimiento, nuevos modelos de negocio y lo que se tercie. En mi opinión, algunos han hecho del emprendizaje su pasatiempo o un estilo desahogado de vida, sin ningún interés real por ofrecer algo al mercado salvo ser muy cool entre su círculo de amistades. Y se consigue alguna subvención a fondo perdido, ¿qué más pedir?
Con esto no quiero decir que me parezca mal el emprendizaje ni que tenga una opinión negativa sobre los emprendedores. Por el contrario, yo mismo he sido parte de ese colectivo y recalco que no saldremos de la crisis estructural que nos asfixia sin apostar, entre otras cuestiones, por el cuentapropismo y la iniciativa empresarial individual. Lo que, en conclusión, critico es el error que supone considerar el emprendizaje como una profesión o una forma de vivir y no como una etapa imprescindible de superar para poder crear nuestro puesto de trabajo o negocio.
Gorka Labarga es consultor organizacional y TIC. También ejerce como formador. Es autor del libro Ideas para la prensa digital y creador del portal de empleo de8a4.com
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