Por más que quieran ocultarlo entre escombros de palabras y sofismas, el chavismo se llevó una derrota clara de implicaciones globales, en un país que llama la atención porque en él se libra un improcedente pugilato entre el comunismo y la democracia por vía electoral.
Carlos Raúl Hernández
El mundo ha visto que el caudillo local, después del control total del Estado, de la economía, una parte de la sociedad y ochocientos mil millones en dólares petroleros, pasa de dos gobernaciones adversas a tener seis, contando la Alcaldía Metropolitana. No sólo ha malbaratado la suerte del país, que con ese ingreso bien empleado hubiera podido entrar al primer mundo, sino que, además, fracasa en su populismo clientelar.
Pierde el Gobierno los estados más “desarrollados”, Carabobo, Miranda, Zulia y nada menos que la Gran Caracas. El Táchira, territorio que el gobierno había cedido a la guerrilla colombiana, y Nueva Esparta. Por problemas de la condición humana, como la halitosis o los forúnculos, se perdieron Guárico, Caracas, Barinas y Bolívar.
El número de alcaldías y de ciudadanos ahora regidos por gobernadores y alcaldes democráticos es un triunfo rotundo, así como el número de venezolanos que votó por esa línea.
Ese No por casualidad en su alocución de esa madrugada, como caso de derrota, el caudillo citó el de Miranda. No otro. Ese.
Podrá el Benemérito mantener su desquiciado liderazgo sobre una comunidad que lo ha visto perderlas todas desde octubre de 2007 hasta noviembre del 2008 (y sigue). Hasta cuándo, deben preguntarse los dirigentes sensatos de ese bloque, tendremos que aceptar que el señor gobierne por pulsiones de ira u odio, extrañas en personas normales, en los desesperantes mítines y cadenas.
Muchos candidatos hacían su trabajo para ganarse el favor de los ciudadanos y de repente se soltaba la letrina y votos aterrados huían. El Benemérito culpará a los de la derecha endógena de ser responsables de la derrota y no bastará con que éstos se arranquen las barbas y besen sus botas, porque si no los acusa, ellos lo acusarán a él. Tendrá que cortarles el pescuezo sin parpadeo; si no el descontento se expandirá por todo el partido y sus alrededores.
El duelo no sería siquiera para ver quién dispara primero, sino quién tiene más habilidad para soportar las descargas del contrario.
El chavismo, desde su nacimiento, viene de troceo en troceo. Desde ya debe comenzarse a hacer los preparativos para calafatear la Unidad para Venezuela en las elecciones municipales del 2009. No deberían repetirse los deleznables ejemplos de ruptura de los casos mencionados.
Fuente: Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad (CEDICE)
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