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Afganistán era y sigue siendo importante

“Lo primero, principal y esencial es rendir un emocionado, rendido y sincero homenaje a los 17 militares españoles muertos en defensa de la libertad, aunque haya sido tan lejos, y si me lo permiten justamente más si cabe por haber sido tan lejos. El servicio que las Fuerzas Armadas del mundo están prestando en ese maltrecho país es de una importancia estratégica trascendental, pese a que los anteojos cortoplacistas de algunas opciones políticas no terminen de verlo”.

Gustavo de Arístegui
No es éste el momento de cuestionarse nuestra presencia, no es éste el momento de pedir que nos vayamos, eso sería deshonrar la memoria de los muertos y abandonar nuestro deber de defender nuestras libertades en manos de otros. Una de las batallas más importantes en defensa de la paz y de la libertad se está librando allí mismo, esa paz que Bin Laden dice que es imposible y que quien la defienda como posible en el mundo islámico es un kafar (infiel).
La reacción del PP por medio de su presidente ha sido ejemplar, con un sentido de responsabilidad y de Estado que, de buen seguro, no ha pasado inadvertida a la opinión pública. La opinión pública europea no debe «acordarse sólo de Santa Bárbara cuando truena», pues para evitar que el terrorismo yihadista alcance mayores cotas de poder, influencia y capacidad destructiva, hay que luchar contra ellos en todos los frentes y en todas sus dimensiones, y el de Afganistán es de fundamental importancia en la estrategia del terrorismo yihadista globalizado. El terrorismo es la mayor amenaza a la libertad y a la democracia contra la que nos vamos a enfrentar en los próximos años, y me temo que no será un periodo corto. El más peligroso es hoy por hoy el terrorismo yihadista, por ser el único que tiene una estrategia verdaderamente global, y lo ha demostrado en demasiadas ocasiones.

La derrota del brutal régimen talibán fue el más duro golpe jamás asestado contra el terrorismo yihadista. Afganistán era el modelo de victoria contra una gran potencia, lo que mandaba un mensaje de esperanza a los nuevos combatientes de que se podía vencer a un enemigo mucho más poderoso de lo que era Occidente con los Estados Unidos a la cabeza. El islamismo radical y las organizaciones terroristas yihadistas están haciendo todo lo que pueden para recuperar ese país y para hacerse con otros. Por eso crean toda la inestabilidad e incertidumbre de que son capaces; por eso atacan desde su raíz los intentos por pacificar y estabilizar en Oriente Próximo; por eso quieren propiciar, a cualquier precio, el fracaso de la democracia y de la convivencia pacífica en países como Afganistán o Irak.

La presencia de tropas españolas en Afganistán no sólo era esencial por los objetivos y los resultados, que también, sino, sobre todo, por el símbolo que supone el que las democracias más avanzadas del mundo estén comprometidas en la lucha contra el terrorismo, que allí, como en pocos sitios, tiene un sentido esencialmente estratégico. Afganistán en la estrategia global yihadista fue un hito, supuso la derrota del Imperio soviético y la instauración de un brutal régimen islamista radical, muy en la línea de lo que cualquiera de estos grupos y organizaciones terroristas quieren hacer, no sólo con el mundo islámico, sino con todo el planeta. Afganistán ocupa un lugar destacado, como Irak -no lo olvidemos- en la estrategia de una yihad global, total y sin cuartel contra impíos, apóstatas e infieles, que obviamente somos las democracias del mundo.

Obsérvese que el islamismo radical tilda de corrupta y decadente a la democracia, casi con las mismas expresiones y palabras que empleaban el nazismo, el fascismo y el comunismo. Antes de abrir frentes importantes como Egipto, Argelia, Bosnia, Somalia o ahora el Sahel, Afganistán fue la victoria que espoleó a millones de jóvenes radicalizados de todas las clases sociales y orígenes más variados. Su recuperación contra Occidente y los Estados Unidos sería celebrada como una victoria aún más importante que la lograda contra el Ejército Rojo en 1989. La humillación sufrida por Bin Laden, su número dos y verdadero estratega de Al Qaeda, Ayman Zawahiri, y por el siniestro y patético mulá Omar sería lavada si consiguieran recuperar el emirato perdido.Por eso debemos seguir, por eso debemos agradecer de corazón y sin límites el esfuerzo y el sacrificio de los hombres y mujeres de la Fuerzas Armadas democráticas de España.

Por eso ni podemos marcharnos ni dar un paso atrás, pues estamos inmersos en una especie de ofensiva que los yihadistas consideran final, y que nosotros debemos convertir en una más de sus ya numerosas derrotas.Ningún atentado, ataque o accidente debe poder doblegar a las naciones democráticas. Ellos sólo creen en la dominación total, sólo consideran que su victoria es el dominio absoluto del mundo y el aplastamiento de las democracias. Ahora bien, una vez logrados los objetivos inicialmente marcados por las Naciones Unidas, la UE y la OTAN, así como por los gobiernos democráticos que participan en el esfuerzo, será el momento de pedirles a los afganos que asuman las riendas de su vida y destino, con nuestro apoyo y ayuda para evitar que las implacables fuerzas del yihadismo vuelvan a hacerse con ese estratégico país. Hay señales descorazonadoras en el horizonte por el creciente apoyo que el islamismo está recibiendo en el mundo islámico, pero también en las comunidades islámicas de Occidente.

Nada de eso debe hacernos desistir en el propósito de separar el grano de la paja, de renunciar a aislar a los violentos y de dialogar con los moderados, pero hay que exigir igualmente a países, autoridades, clérigos y comunidades moderadas que alcen la voz contra el terror, que denuncien a los apologistas de la violencia y el odio, que rompan todo contacto con quienes son, ante todo, sus peores enemigos, que lo son también nuestros.

Nuestro pésame a las familias y amigos de los fallecidos en acto de servicio, defendiendo nuestra libertad, nuestro eterno e imperecedero agradecimiento, nuestro apoyo incondicional a las misiones humanitarias y de lucha contra el terror que las Fuerzas Armadas de España hacen fuera de nuestras fronteras, y que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y el Centro Nacional de Inteligencia hacen dentro y fuera de nuestras fronteras. Algún día se verá el alcance, significado y profundidad de esta lucha, a pesar de la tragedia que nos parte el corazón.

Gustavo de Arístegui es diplomático, diputado del PP por Ciudad Real y portavoz del PP en la Comisión de Asuntos Exteriores.

Fuente: El Mundo (España)

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