Gabriela Pousa
Esto así no va. Por primera vez, parece que la izquierda, la derecha, el centro y los laterales estamos de acuerdo. A lo largo y a lo ancho del país, la postal de la decadencia se deja ver sin demasiada dificultad. Inútiles parecen ser los intereses de ciertos medios de comunicación por mostrar las bonanzas del “estilo K”. Finalmente, aunque la sentencia no sea para fiarse ciegamente, podría decirse que la gente comienza a darse cuenta. Hasta acá, esta posibilidad de cambio surge como bienaventuranza indiscutible.
Si todos advertimos que este no es el camino correcto, un viraje en el mismo podría encausar la nación. No hablemos de república porque, a esta altura de las circunstancias, ya no queda atisbo republicano alguno. Pero no todo es tan fácil como quieren hacernos creer. La soñada unidad nacional fundida nada más que en el hartazgo tiene demasiadas aristas de debilidad. “Esto así no va: lo repite desde el encargado de un edificio hasta el empresario aquel que después termina tranzando con el poder de turno para “zafar”. Ciertamente, “vivir zafando” también produce cansancio. ¿Entonces? Entonces se advierte que el acuerdo se asemeja demasiado a los que se establecen en los mítines políticos cuando la fecha electoral se acerca y las papas queman. Son castillos de arena. Duran horas, semanas, con suerte… ¿No volveremos todos “a lo nuestro” con la resignación incólume?
La sociedad se ha convertido en una especie de comité político más. Con sus internas lapidarias donde algunos comulgan ideas, otros principios, muchos alimentan egos inútiles, demasiados negocian bajo la mesa y siempre hay un resto que no aporta nada pero todos quieren estar. Aunque “estar” acarrea responsabilidades que, los menos, desean acatar. Y ahí estamos, creyendo que por el mero hecho de decir “Esto así no va”, algo va a cambiar. Pero pasan los días, los meses y los años y seguimos igual.
Y es que, sumidos en la sinonimia con cierta dirigencia política, no se advierte lo sustancial: todos estamos hartos pero cada uno atiende su juego. Posiblemente esta sea una conducta social lógica o al menos común a la humanidad, pero entonces démonos cuenta que no es sólo a través de un hartazgo generalizado como la situación del país va a mejorar.
Cadenas de correos electrónicos de uno y otro lado dan cuenta de un malestar cada vez mayor. Los de la izquierda, ven usurpado su espacio por un grupúsculo de bohemios trasnochados que pretenden mantenernos a flote dando manotazos de ahogados pero no remando con pericia el barco. La derecha afianza un frente mancomunado de defensa. Sobrellevó los agravios, quizá, haciendo caso al refrán: “A palabras necias, oídos sordos”. Pero la descalificación comienza a tener todas las características de la amenaza y siempre llega un tiempo en que hay que elegir entre la contemplación y la acción (Confieso: lo decía Albert Camus, no lo digo yo)
Posiblemente un verdadero logro del gobierno de Néstor Kirchner haya sido precisamente ese: diezmar a la sociedad a fin de dejarla hastiada pero también absorta en el desconcierto de manera de que no sepa ya dónde está parada, menos aún hacia dónde va.
En este escenario todo puede suceder sin que asombre demasiado y nadie salga a explicarnos nada. Por eso, el aliado de Aníbal Ibarra de ayer, merodea Balcarce 50 hoy y puede tener un cargo aunque abandonado la vicepresidencia cuando ese rol era fundamental para la nación. Total, ¿quién lo demandó? Funcionarios de los 90 siguen sin funcionar y encima gobiernan con amnesia parcial. Un Canciller -que en materia de política internacional ha hecho agua por doquier- usurpa el espacio de un candidato a diputado sin dejar libre, desde ya, el despacho del Palacio San Martín. Y es que en Santa Cruz el caos es tal que parecen haber desaparecido los amigos, aquellos que, a punta de dedo, surgieron en un principio para ocupar los cargos más allá de su capacidad. Para colmo de males, en su acto de lanzamiento, Rafael Bielsa adopta el rol de ignoto porteño con cara de recién llegado a la ciudad acusando al Estado de haberse hecho “el distraído” Claro, las entelequias sirven justamente para eso, para que todos las usen y abusen, y nadie pague por ello…
Pero dejando de lado este juego macabro de internas y campañas proselitistas inconducentes con lo que se necesita de verdad, lo que tenemos es un colapso absoluto del que nadie se hace cargo ni se hará.
El Gobierno analiza encuestas y sondeos de opinión pública, mide imágenes retocadas en quirófanos que terminan, antes o después, cumpliendo con la alegoría de Dorian Grey. Situémonos por un minuto no más en alguno de los tantos barrios rezagados del conurbano bonaerense y pensemos en una madre sin trabajo, media docena de hijos menores de edad (para no ser fatalistas digamos que, 2ó 3 de ellos salen a mendigar) ¿Qué imagen puede tener esa madre de la senadora Cristina Fernández de Kirchner? Ninguna o hasta es posible que tenga la imagen de una mujer adinerada, pero nada más.
Esta demasiado lejos de su realidad. No tiene parámetros para juzgar: ¡A esa madre, precisamente, es a quien le han robado toda posibilidad de progreso educativo o formación cultural como para que atine a analizar la conveniencia de votar o no votar! Esa madre está condenada a mantener este status quo que le permite a la Primera Dama aparecer con una intención de voto espectacular. Y amén de la falsedad de muchas encuestas, ¿por qué no podría resultar cierta una alta imagen positiva? Hoy por hoy, es Cristina Kirchner la que les garantiza el “plan social”… Listo. Listo porque ese “plan” que, por otra parte es el único plan concreto del gobierno, es el que necesita inevitablemente, aquí y ahora, para alimentar la media docena de hijos sino más…
¿Qué clase de estadísticas estamos obteniendo en esta sociedad? De allí que no resulte demasiado extraño, en Octubre próximo, ver una provincia de Buenos Aires regalando senadores a un Congreso que, si nos sinceramos, pocos o ninguno sabemos en qué está.
La brecha entre la dirigencia y la gente es abismal. Las intenciones de votos se traducen en buenas intenciones si los números complacen el humor presidencial pero es sabido que con buenas intenciones no se hace demasiado. En todo caso, con esa “buenas intenciones” hemos llegado a dónde estamos… Pero ahí está el gabinete nacional abocado a mediciones y especulaciones de toda índole mientras afuera, la calle palpita inquietudes sustancialmente diferentes.
La mayoría de los llamados “representantes” del pueblo no representan a nadie o mejor dicho, se representan a sí mismos. El Poder Judicial se redujo a una disputa por cantidad de miembros en la Corte Suprema y a un edificio que lo pinta de cuerpo entero: esplendoroso en su época. Hoy, deshecho. Tierra de nadie o quizá, tierra de aves de paso: víctimas de la violencia, de la inseguridad, de la desidia, del 85% de leyes que no sirven más y del resto que, teniendo carácter fundamental, se violan con impunidad total. Con cierta ironía: ¿Cómo no avalaría el Poder Ejecutivo el transplante compulsivo de órganos, si ha sido el pionero en trasplantarse a sí mismo los “órganos” ajenos? Podrido por dentro necesitó asirse de los restantes poderes institucionales. Claro que, al no extirpar la podredumbre terminó contagiando aquello que tomó y ahora, el organismo todo es un reducto en alto grado de putrefacción. Pero adentro se acostumbraron al hedor.
Esto así no va aunque seguirá de ese modo y nos cabe esperar un escenario pre-electoral que, en los próximos días, nos ha de deparar: un sindicalismo moribundo pero con un líder absoluto, apéndice del poder central. En consecuencia, un mayor índice de conflictividad laboral. En términos más simples: cortes de calles, avenidas y rutas; un Castells preso porque con “algo” hay que tapar la indecencia de la impunidad, debates televisivos donde la izquierda buscará recuperar una identidad perdida bajo algún ladrillo deshecho del Muro de Berlín (Díganles que ya no hay.
Ahora se venden como “souvenir” enmarcados y envueltos para regalo… ¡Ay, el capitalismo “salvaje”…! Salvaje sí pero que da de comer a toda Alemania, y no a la mitad) Y observaremos la falta de imaginación acusando, por ejemplo, a Mauricio Macri por ser hijo de un empresario que osó comer pizza con champagne en la época menemista, quizás… Y es que hasta la capacidad para descalificar está agotada en la Rosada o Braga Menéndez esta distraído defendiendo no sé qué en algún canal…
Cabe esperar reapertura de causas absurdas pero, “el vulgo de algo tiene que hablar”. Tal es la concepción popular de los populistas con despachos cercanos al presidencial…
Y un grado de desorden social que, en el gobierno, buscan paliar con chequeras de superávit fiscal… Sumemos las giras de Néstor Kirchner que ya se han convertido en un hobby (¿o lobby?) personal, para anunciar obras públicas e intercambiar numeritos con gobernadores que parecen duros hasta que la cifra termina por gustar…
Y sí, como esto no así no va… la sociedad, en medio de la escena, surge dispuesta –en apariencia- a decir “Basta” pero: ¡OH, sorpresa! En Octubre, tendremos que admitir que el hartazgo no era tanto o bien asumir que un aumento salarial puede barrer con principios, valores y hasta incluso con la libertad.
Ciertamente, también debe contar que Néstor Kirchner, no ha de competir en las urnas sino que ha de comprar la elección, sino en el ámbito nacional hasta adónde sea menester para acumular súbditos que se ocupen de disfrazar con eufemismos la palabra “plebiscito” porque el 50% más uno vive ese: “Esto así no va”, no como un mero slogan más.
Tal vez, algo sí pueda empezar a cambiar cuando alguien pueda explicar, por ejemplo, la conclusión del estudio realizado sobre la mala calidad de la televisión: “Los programas mas criticados son los mas mirados por el grueso de la sociedad” ¿?