Pensamiento y Cultura

Augusto Roa, la literatura de un hombre marcado por el exilio

El pasado martes de madrugada falleció Augusto Roa Bastos, el escritor paraguayo marcado por la guerra, el exilio y la labor de los dictadores que le fueron echando de los países en los que construía su hogar. La literatura latinoamericana pierde una voz sustancial para entender el drama humano y la tragedia histórica de un país insular.


A los 87 años y de un infarto. Así murió Augusto Roa, el escritor paraguayo cuya
vida ha estado marcada por los exilios, casi una huída continua, y la crítica
descarnada hacia aquellos que ostentaban el poder de manera ilegítima y que
terminaban siendo los verdugos de su pueblo.

Con la muerte de Augusto Roa
Bastos, la literatura paraguaya pierde a su figura narrativa de mayor
importancia en el siglo XX que, puede decirse, está dominada por su presencia a
lo largo de la segunda mitad del pasado siglo XX.

Y la literatura
latinoamericana, a su vez, pierde a una voz sustancial para entender el drama
humano y la tragedia histórica de un país insular, semiolvidado y remoto para
muchos lectores. Paraguay es un país mediterráneo y aislado dentro del
continente hispanoamericano y dominado, además, por un bilingüismo y un
biculturalismo de los cuales Roa fue una expresión profunda y un investigador
tenaz.

Argentina, Francia y España fueron países en los que se vió
forzado a vivir. Nacionalizado español en 1983, fue galardonado con el Premio
Cervantes en 1989, el mismo año del derrocamiento de la dictadura de su bestia
negra, el general Alfredo Stroessner.

El tirano
inspirador


Roa Bastos se inspiró para la trama de sus obras en los
abusos de poder de Stroessner (a quien en sus ensayos llamaba Tiranosaurio). El
escritor describió al régimen de Stroessner como “la más larga y oprobiosa
dictadura que registra la cronología de los regímenes de fuerza en suelo
suramericano”. Su regreso definitivo a Paraguay, país que le había arrebatado la
nacionalidad, fue en 1996, tras poner fin a 50 años de exilio.

El
exilio, esa palabra y ese sentimiento que tanto se recrea en la obra de Roa
Bastos. Para entender lo que este hombre escribía hay que entender y conocer
también su vida, una vida llena de avatares, de viajes, que al final tuvieron
retorno, y de vivencias oprimidas por el yugo de la dictadura.

Él mismo
lo reconocía, “sin el exilio, nunca hubiese sido escritor”. Según afirmó en
algunas ocasiones, comenzó a escribir en el exilio ya que la literatura se
convirtió en la única manera de mantener el vínculo con su país. Sin embargo no
se queja, ya que gracias al exilio, a la lejanía, “le debe cantidad de
revelaciones”.

La conciencia del
mundo


Roa Bastos solía decir que había tomado conciencia del mundo
en su lugar de la infancia, Iturbe, allí comprendió que su condición de
bilingüe, guaraní (idioma para la lírica y el canto) y castellano, marcaría el
fondo y la forma de su obra: “De este equilibro de la cultura hispana guaraní es
de donde ha de surgir la literatura paraguaya del futuro”.

Para Jorge
Edwards, escritor chileno y gran conocedor de la obra y vida de Roa Bastos, el
paraguayo creó dos obras maestras inigualables, “Hijo de Hombre” y “Yo, el
Supremo”, en las que fue capaz de “abordar cuestiones tan profundas como las que
trató con un lenguaje tan moderno, tan flexible”.

Los del Chaco

Augusto Roa Bastos nació en 1917
en Asunción (Paraguay). Pasó su infancia en Iturbe, un pequeño pueblo de la
región del Guairá que utilizaría como escenario de sus primeros relatos. Con 15
años de edad se fuga con un grupo de compañeros de colegio a la guerra del
Chaco, contra Bolivia, y se alista como asistente de enfermería. En 1930
comienza su relación con la creación literaria al estrenar su pieza teatral La
carcajada.

Tras una estancia de dos años en Gran Bretaña, desde donde
enviaría crónicas sobre el final de la II Guerra Mundial al diario “El País”, de
Asunción, regresa a Paraguay en 1947. La represión ejercida por la dictadura
militar le obliga a iniciar un largo exilio en Buenos Aires.

En 1953
publica “El trueno entre las hojas”, su primer libro de relatos. Siete años más
tarde, en 1960, publica “Hijo de Hombre”, primer título sobre el poder. Después
publicaría varios libros de relatos, conocidos o inéditos: “Los pies sobre el
agua” (1967); “Madera quemada” (1967); “Moriencia” (1967); “Cuerpo presente y
otros cuentos” (1971). En 1974 da a conocer “Yo, el Supremo”, su obra maestra y
una de las novelas esenciales de la literatura latinoamericana del siglo XX.


En 1976, otra dictadura, esta vez la argentina, le obliga a trasladarse
a Toulouse invitado por la universidad en la que desempeñaría la cátedra de
Literatura Hispanoamericana. Miembro de honor de varias universidades
hispanoamericanas, europeas y norteamericanas, en 1989 recibió el premio
Cervantes.

La constante permanente del
exilio


En la experiencia del autor, el drama del exilio es una
constante permanente. Puede decirse que la mayor parte de la vida activa de Roa
Bastos fue vivida fuera de su país, primero en Buenos Aires y luego en Francia,
donde fue a parar inicialmente como profesor en la Universidad de Toulouse.


En 1992, con ocasión del Quinto Centenario del Descubrimiento de
América, dio a conocer Vigilia del almirante, una novela sobre Cristóbal Colón,
con la que comenzaría una etapa de gran creatividad. En 1993 publica “El
fiscal”, un año después “Contravida” y en 1996, “Madama Sui”, narraciones en las
que recreaba momentos y personajes de la historia de Paraguay.

Su
literatura estuvo irremediablemente inmersa en la violencia. “La memoria no
recuerda el miedo”, escribió Roa en Yo, el Supremo. “Se ha transformado en miedo
ella misma”. “En el ocaso de mi vida, dijo en otra ocasión el escritor ahora
desaparecido, quiero rendir este homenaje al pueblo en el que amaneció mi vida,
un pueblo cuyas gentes esconden el sentido de lo esencial, ese saber entender lo
que hay de excepcional en la vida”. Ensayista de la cultura
paraguaya

Aparte de su obra narrativa, hay que recordar que Roa fue un
destacado ensayista, autor de trabajos fundamentales sobre la cultura paraguaya,
la condición del escritor en su país y de la situación marginal e insular de su
cultura. Ejemplos de sus ensayos pueden ser “Los exilios del escritor” y “El
texto cautivo”, que fueron reunidos en el volumen “Las culturas condenadas”
(1978).

Todo esto ha hecho que en Roa Bastos destaquen dos notas
fundamentales: la experiencia del desarraigo y la nostalgia de la tierra
distante. La grandeza de su obra consiste en esa doble experiencia estrictamente
personal y a la vez colectiva.

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