¿Cerrar las puertas?
Honestamente, cerrar las puertas al foráneo es una crueldad. Ahora bien, pensar que abrirlas acrítica e incondicionalmente es la ayuda que necesita es ingenuo, además de que decidir cuánta gente puede entrar en un país, que seguramente sea menos de la que despierta la solidaridad, constituye de por sí un asunto muy desagradable. La tutela de los menores que llegan a España es una obligación legal del Estado, igual que la de socorrer los naufragios, pero los cuerpos de seguridad, los servicios de emergencia sanitaria y los centros de acogida llevan mucho tiempo desbordados (tampoco se les dota de medios suficientes) por una inmigración que, en sí misma, es desbordante. A su vez, los inmigrantes tienen el deber de integrarse en el país de acogida y quienes migran normalmente no pueden asimilar su vida a la de los nacionalizados ni aún con el paso de los años. La lengua, las costumbres, la burocracia, las posibilidades laborales, el nivel adquisitivo… terminan por distinguirnos a todos. Por otro lado, detrás de la llegada masiva de inmigrantes no es difícil reconocer la actividad de las mafias y los Estados tienen el derecho de regular los flujos migratorios y de combatir las actividades criminales.

El historial de Kamala Harris en el Senado y su breve candidatura en 2020 en las primarias demócratas demuestran su talento de antigua fiscal para acorralar al adversario. Pero, parece claro que Harris flaquea a la hora de mantener una línea coherente, lo que impide por ejemplo atisbar cómo afrontaría una crisis durante su eventual mandato. Los demócratas saben que no pueden confiar solo en el rechazo que genera el populismo de Trump. Millones de norteamericanos han visto empeorar sus condiciones de vida; según un reciente estudio de Harvard, es lo que les ha ocurrido a las familias de menores ingresos en 38 de las 50 mayores ciudades del país, lo que explica el atractivo del eslogan “América, primero”, pese a todas sus aristas. Kamala Harris tendrá que dar respuesta a estas cuestiones, más allá de alguna vaga propuesta confeccionada por el equipo de Joe Biden, como el control de precios de los alimentos o las ayudas a la vivienda. La campaña de marketing demócrata de estas semanas ha sido un éxito. Ahora toca presentar un programa convincente.