// CARTAS AL DIRECTOR

Paradojas de ómicrom

Hace justo dos años, la muerte apareció en la vida social con una fuerza que era desconocida ya para nuestra cultura. Aunque no había fotos, las noticias nos hablaban de 900 muertos diarios. Un fenómeno con el que estábamos poco acostumbrados a convivir antes del COVID. Pienso que desde entonces nos hemos dado cuenta de varias cosas. No podemos vivir ignorando que las personas fallecen, nos morimos, pero también hemos descubierto que cuando la información sobre la muerte lo invade todo, nos asfixiamos. Hemos redescubierto una paradoja esencial: la muerte es cierta, pero estamos hechos para la vida. Los recursos que tenemos para luchar contra la enfermedad son limitados y si atendemos a unos enfermos dejamos de atender a otros, sufro una cardiopatía y hace dos años que no tengo contacto con mi médico. Hacemos, por ejemplo, menos medicina preventiva para detectar el desarrollo de posibles cánceres. Pero si seguimos con las restricciones haremos más daño a la economía y a la salud mental. Esperemos que ómicrom pronto se convierta en historia.

Domingo Martínez Madrid

Tener conciencia

Tener conciencia es tener una conexión con lo absoluto, supone tener contacto con la moralidad, lo que quiere decir que hay leyes naturales. Aunque nadie “me pille”, aunque no me metan en la cárcel, aunque no se entere mi esposa…, hay quien me está acusando. Cuando el personaje de la novela de Dostoievski está declarando que a él le va bien así, es porque quiere tranquilizar esa conciencia que él quiere negar. Si lo pensamos un poco, no hay nada que nos pueda dar más miedo que las personas que no tienen conciencia. O lo que es lo mismo, las personas que no tienen Dios. Si no hay Dios no hay ley eterna, no hay nada absoluto en las enseñanzas morales. Es lo que más debemos temer, porque una persona así es puramente egoísta, va a lo suyo a costa de lo que haga falta, pasará por encima de nuestros cadáveres. Desgraciadamente estamos viendo y viviendo estos días casos a casi todos los niveles.

Jesús Domingo Martínez

¿Dar marcha atrás?

La pugna de Putin por recuperar la influencia que tuvo la URSS en el mundo tiene un segundo objetivo: blindar su autocrática política interior de represión de cualquier disidencia. En este escenario, las auténticas víctimas son los países que se desmembraron de la Unión Soviética y recuperaron una libertad de acción y decisión que, obviamente, no quieren perder. El principal de ellos es precisamente Ucrania, sobre la cual se vuelcan todas las nostalgias de Putin. En definitiva, quiera o no, le corresponde ahora al presidente ruso elegir entre dar marcha atrás a una crisis que ha preparado meticulosamente durante años, o huir hacia delante en un peligroso juego de poder de consecuencias imprevisibles para el mundo entero.

Juan García

Iniciativas internacionales para frenar la amenaza de la guerra

Convocada por el Papa Francisco, la Iglesia celebró, el pasado 26 de enero, una Jornada de ayuno y oración por la paz. Mientras los líderes del mundo activan todos los mecanismos de la diplomacia para frenar la amenaza de una guerra provocada por una posible invasión rusa de Ucrania, recuerdo que desde hace días el Papa Francisco sigue con preocupación el aumento de la tensión en esa zona del mundo. El Papa recordaba que debemos pedir “al Señor con insistencia para que esa tierra pueda ver florecer la fraternidad y supere las heridas, los miedos y divisiones”. Las iniciativas internacionales para frenar la amenaza de la guerra deben tener presente que la paz y la seguridad sólo se consolida con la salvaguarda del derecho internacional, de la libertad de las personas y la soberanía de las naciones.

Jesús D Mez Madrid

El imaginario colectivo ruso

Polacos, suecos, turcos, franceses, alemanes. El imaginario colectivo ruso está teñido del recuerdo de antiguos invasores, frente a los que el frío invierno constituye la única barrera. Eso explica la receptividad de la opinión pública en Rusia a un bulo tan burdo como el de que su país afronta una inminente invasión desde Ucrania, cuyo ingreso en la OTAN debe ser evitado a toda costa. Todo da a entender que Putin manipula esos temores con tanta o mayor maestría que sus predecesores soviéticos. Lo que en ningún caso pueden hacer las sociedades europeas es comprar esas mentiras. La OTAN es sin duda la alianza defensiva más exitosa de la historia, y el pilar, junto a la Unión Europea (UE), del largo período de paz, estabilidad y prosperidad del que disfrutan sus estados miembros.

José Morales Martín

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