A la cola del verdadero progreso
Lo hemos vuelto a saber los días pasado, España es el segundo país de la Unión Europea con menor número de nacimientos, hecho que se prolonga durante tanto tiempo, y cuya tendencia, por desgracia, es inequívoca, creo que hay que hacer examen de conciencia. La mirada hacia adentro es también necesaria, esa llamada a la conversión del propio corazón, de la que tanto habla el Papa Francisco como requisito previo e imprescindible para abordar cualquier reforma estructural. En este sentido, es, por desgracia, muy significativo que países, tan configurados en su identidad por la tradición católica, se sitúen a la cola de las tasas de fecundidad en Europa. No le podemos poner paños calientes: tener una tasa de fecundidad, así es un hecho sintomático de una crisis muy profunda. Una sociedad sin hijos es una sociedad sin futuro, estrecha en sus horizontes, desesperanzada y que, por mucho que presuma en otras cuestiones, se sitúa a la cola del verdadero progreso.
