// CARTAS AL DIRECTOR

Volver a las prioridades

¿Cuántas veces, en los últimos tiempos, te has propuesto terminar con semejantes pérdidas de tiempo? ¿Nunca? Pues tienes un problema gordo. Has cambiado tu jerarquía de valores. Antes estabas en lo que hay que estar, ahora estás en simplezas o, al menos, en cuestiones efímeras que podrían resolverse en un ratillo al final del día, en el caso de que tuvieras tiempo. Nos están estropeando la vida. Y esto sin contar todas esas gentes, con frecuencia jóvenes e incluso niños, que se dedican a ver frivolidades o, directamente, pornografía. El sistema, la tecnología, está destrozando la vida de miles y millones de personas. ¿El sistema o la tecnología es malo en sí mismo? No, pero ha desviado trágicamente nuestra vida. Volver a las prioridades. ¿Qué es lo más importante en mi vida? Hemos de ser capaces de controlar nuestro tiempo. En la medida en que yo sepa controlar al móvil, en la medida en que vuelva a dedicar mi día a lo verdaderamente importante, estaré en condiciones de ayudar a otros. A quienes tengo a mi alrededor. Y me daré cuenta de que tengo a uno de los hijos en su habitación, con la puerta cerrada, y no sé si está estudiando o está totalmente perdido. Y seré consciente de cuántas cosas estupendas puedo hacer cuando tengo un rato tranquilo de descanso. Pero necesito esa conversión, dejar de lado ese mundo que me esclaviza.

Domingo Martínez Madrid

Los migrantes

El último estudio, que yo he podido seguir, sobre el papel de los extranjeros en la sociedad española es de la Fundación La Caixa. Según dicho informe los extranjeros residentes en España han retrasado la entrada en déficit del sistema de pensiones. Los extranjeros aportan al Estado del Bienestar más de lo que reciben. En lo más duro de la pandemia, cuando la llegada de los extranjeros se redujo de forma drástica, saltaron todas las alarmas. No teníamos brazos suficientes para trabajar en el campo. Solo si en los próximos 30 años llegan 8 millones de migrantes más podemos mantener nuestro Estado del Bienestar. Hasta ahora no hemos tenido problemas graves de integración, pero esos problemas pueden aparecer en cualquier momento. Así que hay que ocuparse de la cuestión.

Jesús Martínez Madrid

La objeción de conciencia

Si la nueva ley del aborto sale adelante tal como está redactada en el anteproyecto de la ministra de Igualdad, la ministra Montero quiere limitar el derecho de los médicos a la objeción de conciencia. La nueva regulación, producida por la nueva ley del aborto, no puede pasar por encima de la conciencia de los médicos. Como señala la nota doctrinal sobre la objeción de conciencia recientemente aprobada, en nuestro contexto cultural los derechos humanos no son vistos como límites que el Estado no puede traspasar, sino como expresión de los propios deseos subjetivos. Los obispos españoles realizan un importante servicio, no sólo a los católicos, al suscitar en el debate público un despertar de las conciencias, que a veces parecen narcotizadas por ideologías de uno u otro signo, y al defender la objeción de conciencia como una protección última de la libertad y el pluralismo.

John Doe

De Ucrania a Taiwán

Desde ningún lugar del mundo se sigue la guerra en Ucrania con mayor ansiedad que desde Taiwán. La hipótesis de una invasión china ha estado siempre sobre la mesa, aunque nunca con tanta crudeza. Lo llamativo es que Beijing admite que no descarta esa opción. Muchos, sin embargo, habían preferido hasta ahora no escuchar. Sucede igual con la larga lista de casos de espionaje industrial. O con las trabas a las empresas extranjeras mientras China se beneficia de la apertura a otros mercados. Ese clima de opinión ha ido cambiando. Comenzó con la fuga de empleos y la guerra en Ucrania ha terminado de convencer a Occidente de que no es sensato hacer negocios como si nada con quien vulnera los derechos humanos, porque eso le hace dependiente de regímenes autoritarios que, en el caso chino, añaden a eso un fuerte sentimiento de agravio histórico por la herencia colonial europea. La cuestión es si la alarma ha sonado demasiado tarde, o hay tiempo de rectificar.

Domingo Martínez Madrid

Movilizados

Estar movilizados podría sonar a que me han puesto en movimiento, me llevan o me traen. Pero ahora tenemos el efecto contrario con el móvil. Estamos paralizados por el móvil. Aparentemente es un medio de comunicación que me permite estar en muchos sitios, pero la verdad es que me ata. El efecto más habitual es que me está dominando. Si preguntamos por ahí a cualquiera sobre esta esclavitud la negarán. “Yo domino perfectamente el aparatito”. Es de gran utilidad la experiencia del control. Entrar en la aplicación que nos dice, con minutos y segundos, el tiempo que hemos dedicado al móvil al cabo del día. Cuanto a los wasaps, cuanto al correo, cuanto a los vídeos que me ha enviado no sé quién, cuanto a buscar el tiempo me llevará ir a este sitio, o cuanto tarda en llegar el bus. Es apabullante. La cantidad de veces que he utilizado el móvil, el tiempo que he dedicado a este chisme. Horas. Hace 15 años esas horas las dedicábamos a otros asuntos. Había gente que iba leyendo en el metro. Llegábamos a casa y estábamos más asequibles para los demás, más serviciales. Leíamos un buen libro, y al mes empezábamos otro. Teníamos menos problemas para estar con los hijos. Ahora siento que me atosigan y me impiden contestar a estas ocho conversaciones abiertas en el wasap, que me interesan mucho porque están organizando no sé qué cosa… Y me han enviado unos vídeos, de cosas variopintas y casi siempre inútiles. Y me siento en la obligación de enviarlo a no sé quién, porque le gustará mucho esta historia o este chiste. Pero es que este otro vídeo dura 10 minutos. Debería borrarlo sin más, no puedo perder ese tiempo. Pues voy y lo pierdo y, sí, fue interesante, pero no es algo que me arregle la vida. Acabo de llegar a casa y veo que ha entrado ese correo… No me queda más remedio que leer lo que me dice, porque es una cuestión urgente de trabajo, a ver si consigo contestar… Y resulta que en lugar de estar en las cosas de la casa, en lugar de saludar tranquilamente a los hijos, a mi esposa, pues estoy en el pasillo, atascado, necesitado de actualizar todas las bobadas -en su momento no las llamaríamos así- porque si no pensarán que no me interesa.

JD Mez Madrid

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