Política

Chile: La reducción de la pobreza y el logro de una mayor igualdad

“Chile puede derrotar la pobreza y corregir su desigualdad de oportunidades. Esto, si no repite en materia de políticas sociales errores como la centralización y burocratización de sus programas y si no grava aún más a quienes dan empleo.”

Cristián Larroulet
Hace una semana, el senador socialista Carlos Ominami utilizó este mismo espacio para evaluar la situación de desigualdad en Chile y proponer soluciones para revertirla. Comparto con el senador el interés por este tema, que no surge del calor de la contienda presidencial sino que ha sido parte de una preocupación permanente por la reducción de la pobreza y el logro de una mayor igualdad de oportunidades.

Sin embargo, aún compartiendo la preocupación, discrepo de muchas de sus propuestas. Gran parte de ellas se basan en creer que sólo por la vía de aumentar el gasto público se reduce la desigualdad, lo cual es un profundo error. Por ejemplo, en el caso de la educación -uno de los caminos para la superación de las desigualdades- un incremento de la subvención que no contemple el perfeccionamiento de la institucionalidad con la que opera dicho sector no significará elevar la calidad de la enseñanza. De hecho, ya se han triplicado los recursos y los resultados que muestran las pruebas de calidad es que ésta sigue siendo deficiente. Ello ocurre porque los aumentos indiscriminados de gasto fiscal son capturados habitualmente por grupos que no están en una situación de pobreza, de manera que quedan postergados los que más lo necesitan.

Mi convencimiento de que una mejor gestión del dinero de los contribuyentes nos permitiría asegurar la igualdad de oportunidades me lleva a ser contrario a los aumentos de impuestos planteados por el Pacto Fiscal por la Equidad de la Fundación Chile 21, que preside Ominami. Esa propuesta constituye una nueva lista de alzas tributarias que, lamentablemente, atacan al corazón de la igualdad de oportunidades. No se podrá alcanzar esa meta si se destruye la posibilidad de que nuestro país pueda volver a generar empleos aceleradamente.

En primer lugar, es incorrecto señalar que la carga tributaria es baja en Chile. En efecto, al realizar el ajuste por la diferencia de nuestro sistema de seguridad social con el de otros países, más el tratamiento especial que tiene la tributación de Codelco, nos encontramos con que el peso que impone el sistema tributario sobre los chilenos dista de ser moderado, ya que, a modo de ejemplo, una familia con ingresos de $180 mil mensuales debe entregar al gobierno un 17,3% de sus ingresos, lo que es equivalente a trabajar gratis más de dos meses al año para el Fisco. De esta manera, el Estado debe ser cuidadoso con el uso de esos dineros que tanto esfuerzo les han significado a los contribuyentes y, por lo tanto, son inaceptables los actos de negligencia y malgasto de recursos fiscales.

La propuesta de Chile 21 significa subir la carga tributaria en 2 puntos del PIB, elevando la carga total a casi 21% del mismo. Es decir, 3 puntos porcentuales más alta que en los países del Asia Pacífico, que poseen las tasas de desempleo más bajas a nivel mundial. Aceptar esta sugerencia constituiría un golpe en contra de la igualdad de oportunidades.

El otro peligro de esta propuesta es que golpea directamente en el corazón de la inversión. Donde Chile 21 ve “exenciones, franquicias y privilegios tributarios especiales”, yo veo la eliminación de los castigos a la inversión y a la promoción de desarrollo productivo, diseñadas cuidadosamente para crear las condiciones de un crecimiento sostenido. El diseño mencionado busca a través de un “impuesto al gasto” llevar a que el país eleve su tasa de inversión desde el 23% actual al 28%; que las Pymes se transformen en el principal instrumento para reducir la tasa de desempleo al 5,5% y que se potencie nuevamente el enorme espíritu emprendedor que existe en nuestro país.

Chile puede derrotar la pobreza y corregir su desigualdad de oportunidades. Esto, si no repite en materia de políticas sociales errores como la centralización y burocratización de sus programas y si no grava aún más a quienes dan empleo. El país no resiste insistir en propuestas que nos conducirían a un crecimiento mediocre en el que la desigualdad de oportunidades, lejos de reducirse, crecerá.

Fuente: La Tercera – Chile

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