“Alfredo Palacio, el nuevo Presidente, es tildado por algunos de izquierdista. Sus razones tendrán. Confronta una situación política muy precaria, altamente parecida a la de Carlos Mesa en Bolivia. Carece de base política propia, encara a un poder legislativo dominado por partidos tradicionales que han perdido, como pasó en Venezuela y Bolivia, la aparente legitimidad de su representación congresional.”
Relaciones Internacionales
Hace rato que Ecuador es un país a la deriva en lo ideológico. El retorno varias
veces de Velazco Ibarra al poder, para ser destituido de nuevo por los
militares, es un antecedente histórico no desdeñable por lo absurdo. La elección
de Bucaram, quien se vanagloria de que lo conozcan como ´´el loco´´ es otro caso
preocupante. Y, ahora, tenemos el caso del golpista Lucio Gutiérrez. Dio un
golpe de estado que sólo duró unos días en el poder. Posteriormente fue electo
presidente y acaba de ser destituido por el Congreso unicameral, por abandono
del cargo, cuando todavía estaba aferrado al mismo. Ninguno de estos influyentes
personajes representó posiciones ideológicas nítidas.
Gutiérrez ganó las
elecciones con el apoyo de las organizaciones indígenas, Coordinadora Nacional
de Asociaciones Indígenas de Ecuador (CONAIE) y Parakutik, la agrupación
política de los indígenas. Incluyó a miembros de ambos grupos en su primer
gabinete y meses después rompió con ellos. Esto lo dejó huérfano de apoyo
político en el poder legislativo, dominado por los desacreditados partidos
tradicionales que responden a León Febres Cordero, conservador, y Patricio
Borja, socialdemócrata, para no mencionar a los roldosistas de
Bucaram-Noboa.
En una verdadera vorágine de posiciones políticas,
Gutiérrez se alió con los conservadores para disolver la Corte Suprema en
diciembre de 2004 y después usó a la nueva Corte Suprema para exonerar a Bucaram
y a Noboa, en la creencia errada de que eso le ganaría el apoyo populista de
Bucaam. Bucaram regresó proclamándose ´´bolivariano´´, en un afán patético de
asociarse con el otro loco en la región, Hugo Chávez. Un 82 por ciento de los
ecuatorianos desaprobaron la exoneración y eso precipitó las manifestaciones
callejeras que dieron al traste con el régimen. El ´´caballerito´´, como lo
llamó Fidel, resultó ser un maquiavélico incapaz.
A nivel de políticas,
los dos temas más importantes eran la dolarización y la deuda. La dolarización
se implementó en época de Jamil Mahuad y perseguía liberar el déficit fiscal de
las intrigas corruptas de los banqueros conservadores de Guayaquil, aliados con
el Partido Social Cristiano de Febres Cordero. Al atar el gasto público a la
tenencia de dólares impuso una disciplina fiscal nunca experimentada por el
país. Cuando su primer ascenso al poder, ni Gutiérrez, ni sus aliados indígenas
tenían la más remota idea de qué hacer para echar atrás la dolarización. Hoy,
Rafael Correa, el ministro de Economía izquierdista designado por su sucesor,
Alfredo Palacio, tuvo que reconocer que, aunque mucho criticó la dolarización,
no tiene planes de echarla atrás. En cuanto a la deuda, sí parece que Correa
intenta abandonar la política de asignar los altos ingresos petroleros a un
fondo para pagarla, lo que hizo Gutiérrez en detrimento del gasto social,
traicionando de hecho sus promesas populistas.
Alfredo Palacio, el nuevo
Presidente, es tildado por algunos de izquierdista. Sus razones tendrán. Pero
ahora está ante su pueblo y la historia. Confronta una situación política muy
precaria, altamente parecida a la de Carlos Mesa en Bolivia. Carece de base
política propia, encara a un poder legislativo dominado por partidos
tradicionales que han perdido, como pasó en Venezuela y Bolivia, la aparente
legitimidad de su representación congresional. También está ante un hemisferio
que ha proclamado, en la Carta Democrática del 2001, un compromiso con las
instituciones democráticas; aunque, hasta ahora, sólo se ha limitado a demandar
que se respete el formalismo legal en las transiciones de poder.
Estados
Unidos apoyó a Gutiérrez. Pero su influencia, que en el pasado proveía una
fuente de estabilidad regional, está siendo cuestionada, tanto por Lula como por
Chávez, los cuáles se han aliado para imponer la candidatura del chileno José
María Insulza como secretario general de la OEA. Insulza es francamente
antiamericano, aunque trate de ocultarlo. Como buen socialista chileno es un
castrista emboscado. En cuestiones de seguridad regional, la base de EEUU en
Manta es clave para el Plan Colombia, posiblemente la primera prioridad
estratégica de EEUU en la región en la actualidad.
El presidente Palacio
tendrá que definir su política exterior muy pronto, escogiendo entre la línea
antiamericana moderada de Lula y Lagos y la furibunda de Castro y Chávez o la
francamente proamericana de Fox y Uribe. Si el 2 de mayo Ecuador vota por el
mexicano Derbez para secretario general de la OEA, será una señal de que va a
seguir una línea proamericana. Si vota por Insulza, será una señal de que ha
optado por la posición antiamericana. Tremendo reto tienen ante sí John Maisto,
Roger Noriega y Condoleezza Rice.
Fuente: El
Nuevo Herald – Miami
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