La presencia de Irán fuera de Oriente Medio no es periférica ni eventual. Es el resultado de muchos años de planificación estratégica destinada a desafiar la influencia estadounidense en el hemisferio latinoamericano, como lo hace en Europa y África.
Desde 1980, especialmente, durante la presidencia de Mahmmud Ahmadinejad, Teherán cultivó metódicamente alianzas ideológicas, diplomáticas secretas y criminales en toda la región. En el centro de esta proyección se encuentra Hezbollah, el agente con mayor capacidad operativa y flexibilidad de Irán. El régimen de Teherán ha fusionado el adoctrinamiento político con las finanzas ilícitas y las operaciones paramilitares para crear una presencia resiliente y multifacética en América Latina y le ha ido bien en el cumplimiento de ese objetivo en el continente sudamericano.
En la visión de especialistas y destacados analistas en Washington DC, la alianza con regímenes populistas y autoritarios, en particular los residuales de la Venezuela chavista, la Bolivia de Evo Morales, Nicaragua, Cuba, Brasil y con el cambio de gobierno último debe incluirse a Uruguay, pueden proporcionar a Irán no solo capacidad de acción diplomática e institucional, sino también plataformas para operaciones de guerra asimétrica junto a una infraestructura logística capaz de apoyar acciones encubiertas en LATAM.
La escalada del conflicto en Oriente Medio debe ser siempre una alerta que el hemisferio occidental no tiene que perder de vista. Iran tienen a quien considera su mayor enemigo (Estados Unidos) muy cerca de LATAM y es también en esa región donde la presencia de Hezbollah dispone de su red más extensa, la que supera ampliamente las redes y la presencia de la organización en el exterior.
En América Latina Hezbollah supera ampliamente su propia presencia en África y en Europa. En los últimos años, por mencionar un solo país, sus operaciones se han amplificado en Brasil, primero con lo que se conoció como “Operación Trapiche” y recientemente con acciones judiciales y policiales que se dieron a conocer como “Operación Hawala”.
Por otra parte, la precisa acción militar ejecutada por EE.UU. en las centrales nucleares iraníes que resultó en la destrucción de las principales instalaciones nucleares y degradó severamente las capacidades de los sistemas misilisticos de Irán. Sin embargo, las operaciones militares aun en curso no deben interpretarse como una provocación tendiente a profundizar la guerra por parte de Washington. Contrario a ello, se trata, más bien de una medida disuasoria destinada a impulsar una solución pacífica para frenar los ataques de Irán contra las bases militares regionales de los EE.UU. y sus aliados sunitas del Golfo. El ataque medido y preciso contra las instalaciones nucleares de Irán ha sido una táctica de la estrategia que conforma la doctrina de la pacificación mediante la fuerza de la administración del presidente Donald Trump.
La administración estadounidense no desea la guerra, y si el régimen iraní quiere sobrevivir no debe arrastrar a EE.UU. a una profundización de la guerra en curso. La pegunta relevante en este marco es ¿qué podemos esperar de Irán?
Racionalmente, sus líderes deberían iniciar y sostener un diálogo responsable y serio con EE.UU. para encontrar una vía que evite la confrontación militar directa y sostenida en el tiempo, en la que Teherán no puede ganar. Sin embargo, lo más probable es que el régimen iraní recurra a la táctica que ha dominado desde su llegada al poder desde los primeros días de la revolución islámica, es decir a la guerra asimétrica por medio de sus aliados como Hezbollah y su red de milicias ideológicamente satelitales en Irak, Yemen, Líbano, África y también con sus redes en LATAM.
El impacto de una derrota y el eventual derrumbe de su régimen provocaría daños significativos en América Latina, divididos principalmente en graves choques económicos inflacionarios y una latente amenaza de seguridad asimétrica a través de sus redes de financiamiento ilícito y células operativas presentes en la región de LATAM que ofrece perfectamente opciones de ataque que Irán puede disponer más allá de una guerra convencional a través de ataques terroristas como ya ha sucedido en los años ´90 en Argentina y en Panamá contra objetivos judíos/israelíes y podría agregar blancos de oportunidad sobre intereses estadounidenses. Es en LATAM también donde Irán tiene capacidad para lanzar campañas de desinformación para generar inestabilidad regional. Según analisis e informes de think tank´s estadounidenses, la inmigración militante podría ser una de las vías para operar esas campañas. Aunque geográficamente el epicentro está en Medio Oriente, la interconexión global y las redes que Teherán ha tejido por décadas exponen a la región a repercusiones severas en materia de amenazas terroristas a de seguridad dadas sus redes asimétricas con capacidades de acciones terroristas.
A diferencia de las potencias occidentales, Irán no proyecta su poder en América Latina mediante ejércitos convencionales, sino a través de la guerra híbrida utilizando fuerzas proxy (delegadas), principalmente Hezbollah y la Guardia Revolucionaria (IRGC). Si el régimen iraní colapsara o entrara en una fase de desesperación extrema, el daño en seguridad se manifestaría de las dichas formas por lo que no deben descartarse ataques de represalia. Históricamente, la región ha sido escenario de atentados (como los ataques a la Embajada de Israel y la AMIA en Argentina en los años 90). En un escenario de desmoronamiento del régimen, las embajadas de Israel o Estados Unidos en suelo latinoamericano, así como las comunidades judías locales, se convertirían en objetivos fundamentales de “células dormidas” dispuestas a golpear donde Occidente presente mayores vulnerables.
Concluyendo y como resumen regional: El “derrumbamiento” de Irán no traerá paz inmediata a Latinoamérica. En lo económico, muy posiblemente el impacto inicial será una ola inflacionaria que debilitará las monedas locales frente al dólar, seguida de una potencial activación de contingencias terroristas o criminales por parte de franquicias delictivas afines al régimen que operan de manera autónoma en las sombras del continente.
Otra carta que dispone Teherán a través de sus adherentes y militantes en México es generar una crisis humanitaria en la frontera Sur de los Estados Unidos tratando de introducir cientos de personas por medio de una nueva caravana de inmigrantes que pueden disparar no solo un grave problema migratorio-humanitario-fronterizo, sino un conflicto nuevo en la región.
A pesar de la negación plausible y la alarmante carencia intelectual en las respuestas de quienes se autodenominan especialistas o peor aún: analistas independientes”, pero que solapadamente apoyan todo lo que confronte a su propia cultura y a Occidente en particular, esmerándose por brindar el escenario de apoyo sin esconder su profundo deseo por ver la destrucción del país de los judíos es una realidad incontrastable.
La República Islámica de Irán puede dañar a Estados Unidos y más fácilmente a LATAM principalmente a través de la guerra económica global, la saturación militar táctica y la activación de células extremistas o redes de influencia regionales. Aunque militarmente no podrá derrotar a las fuerzas estadounidenses en un combate directo, la estrategia iraní está diseñada para desgastar los recursos occidentales, desestabilizar la economía mundial y explotar alianzas geopolíticas en el hemisferio occidental.
El plan de Irán no busca una victoria militar convencional, sino hacer que el conflicto sea difícil de sostener para Washington a través de mecanismos de bloqueo y perturbación, por ejemplo, del Estrecho de Ormuz. También Irán tiene la capacidad de utilizar drones, misiles y minas marinas para obstaculizar el paso de aquella ruta marítima de petróleo más crítica del mundo. Esto, como se ha visto periódicamente dispara los precios globales del crudo empujando a la economía normal del contribuyente estadounidense hacia el inconformismo.
También Teherán apuesta a la “fantasía de su propaganda” sobre el agotamiento del inventario militar estadounidense (típicas estrategias fallidas y de desgaste en guerras asimétricas) mediante el lanzamiento masivo y constante de drones de muy bajo costo y misiles balísticos, Irán buscará sostenidamente -y mientras le sea permitido- saturar los sistemas defensivos aliados. Esto obliga a Washington a consumir reservas de proyectiles interceptores de costo considerable (como los misiles Patriot), los cuales son absolutamente reemplazables según el protocolo de guerra de los EE.UU., lo que puede hacer sin inconveniente alguno para su industria militar.
Por último, siempre con enfoque en el teatro operacional de Oriente Medio los ataques asimétricos a bases regionales estadounidenses y de sus socios utilizando milicias aliadas de aquella región, Irán ataca bases militares y cadenas logísticas estadounidenses intentando forzar (sin éxito) una sobre extensión de sus tropas y recursos. Sin embargo, regresando al analisis sobre LATAM, es allí donde el peligro es mucho más grave, las amenazas de ataques terroristas contra blancos de oportunidad y las vulnerabilidades que son innegables ante la presencia de células terroristas, varios expertos militares advierten (a los que adhiero), que Irán posee redes de influencia y vínculos históricos indirectos en la región como a través de Hezbollah en la Triple Frontera entre Argentina, Brasil y Paraguay y ahora también en Uruguay, y ante la presión militar, no se deben descartar ataques asimétricos contra objetivos o embajadas occidentales, estadounidenses o israelíes ubicadas en suelo latinoamericano.
Irán ha estrechado lazos políticos, económicos y militares con países alineados con el eje anti-Washington. Esto puede ser utilizado ya no solo para para la triangulación de lavado de activos y recursos ilícitos que favorezcan la evasión de las sanciones internacionales o el establecimiento de centros de operaciones de inteligencia que desestabilicen políticamente a la región. No se trata de caza de brujas, tampoco de fantasiosas medidas y controles de contrainteligencia o excesos en materia de fiscalización migratoria y fronteriza. Se trata de poner en práctica, afianzar y profundizar políticas serias de Seguridad Nacional en un hemisferio que ya ha conocido de golpes terroristas devastadores fuera de Oriente Medio, como los casos de la AMIA en Argentina y el vuelo 901 de la Compañía Aérea Alas Chiricanas en Panamá solo un día después del golpe en Buenos Aires.
Por George Chaya*
*The Prof. George Chaya, is a Senior Advisor on Middle Eastern Affairs USA National Security expert OSINT based in Washington DC. Advisor for FHO -Fórum for the Western Hemisphere-


















