Una trilogía truncó y continúa desvirtuando el esperado desarrollo: competir en los mercados mundiales sin una tecnología que no puede ser asimilada a la velocidad necesaria; los volúmenes de producción de mercados nacionales pequeños y las inmutables barreras proteccionistas de los países desarrollados.
En América Latina
La visita del Director Gerente del FMI al Ecuador es una buena oportunidad para evaluar la función que ha desempeñado este organismo multilateral en América Latina. El análisis no puede abarcar toda su experiencia histórica, pero sí concretarse a las últimas décadas, partiendo como punto referente de la experiencia internacional que se denominó “El consenso de Washington”.
En ese entonces -inicios de los años noventa- los objetivos fijados para el comportamiento de las economías nacionales fueron: desregularizar, privatizar y liberalizar; en definitiva, promover el tránsito de economías centralizadas y proteccionistas hacia el dinámico universo de la globalización económica.
Este desafío, cumplido por la mayoría de las naciones latinoamericanas, privilegió el ordenamiento fiscal y la apertura a la inversión extranjera. En el campo de los logros alcanzó índices positivos de crecimiento aunque no superiores a la última etapa proteccionista; además, se obtuvo el control del endémico mal de la inflación y de las histéricas macro devaluaciones.
El balance de la competitividad sin embargo no es positivo. Una trilogía truncó y continúa desvirtuando el esperado desarrollo: competir en los mercados mundiales sin una tecnología que no puede ser asimilada a la velocidad necesaria; los volúmenes de producción de mercados nacionales pequeños y las inmutables barreras proteccionistas de los países desarrollados.
En este contexto el balance del FMI en América Latina, en su primer borrador es claro: modernización estatal de la economía, falta de competitividad proyectada en el mediano plazo y acumulación de la deuda social con la circunstancia agravante de profundas afectaciones en el agro, la pequeña y mediana empresas.
En estas circunstancias, entre muchas interrogantes existe una dramática que deberá responder la dirigencia del organismo multilateral: ¿Está consciente de que no incorporar vitales variables de política social y mantener antiguas rigideces, además de nuevas exigencias, pueden ser causas de una gran convulsión social?
Fuente: El Comercio (Ecuador)
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