Gracias al selecto conjunto de cuadros, relieves y juguetes que ha reunido Bernard Chappard, el espectador asiste a la génesis del peculiar constructivismo torresgarciesco, en diálogo con sus referentes europeos, pero también con el pasado indoamericano
Una selección de Bernard Chappard
El Museo Extremeño e Iberoamericano de Arte Contemporáneo (MEIAC) de Badajoz acoge hasta el próximo día 31 de este mes de mayo la exposición ´Explorando el Sur. El universalismo constructivo y otras tendencias en América Latina´, en colaboración con la Fundación Carlos de Amberes, la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales y Caja Duero.
Esta exposición además de mostrar la colección de la Fundación Daniela Chappars, de Caracas, permite apreciar el desarrollo del arte latinoamericano del siglo XX, a través de las obras de algunos grandes artistas. Gran parte de ellos fueron formados en Europa, pero sin duda alguna, alcanzaron su plenitud al regresar a su tierra natal.
Estará dividida en seis secciones: la primera de ellas, titulada Raíces, reúne obras de artistas latinoamericanos de poderosa individualidad surgidos entre los años diez y treinta del siglo XX, como Rafael Barradas, los surrealistas Wifredo Lam y Roberto Matta, Francisco Narváez, Armando Reverón o Rufino Tamayo, según informó la Junta de Extremadura en nota de prensa.
En segundo lugar nos encontramos una mirada al auténtico centro de la colección: la obra compleja y multiforme del uruguayo Joaquín Torres-García, un creador a caballo entre su país natal, y el Viejo Mundo (la Barcelona “noucentista”, Madrid, Italia, París), que además se asomó durante un tiempo al espectáculo neoyorquino.
Gracias al selecto conjunto de cuadros, relieves y juguetes que ha reunido Bernard Chappard, el espectador asiste a la génesis del peculiar constructivismo torresgarciesco, en diálogo con sus referentes europeos, pero también con el pasado indoamericano.
La Escuela del Sur narra, con piezas de máxima importancia, la historia de esta corriente, es decir, de la influencia de Torres-García sobre toda una generación de artistas uruguayos que pasan por su taller, dentro de la cual destacan Julio Alpuy, Gonzalo Fonseca, José Gurvich, Francisco Matto, Manuel Pailós, Héctor Ragni y Alceu Ribeiro, así como Augusto y Horacio Torres, hijos del maestro, o el argentino Sergio de Castro.
Los años cincuenta trata de los desarrollos del arte latinoamericano durante esta década, siempre bajo el prisma de lo constructivo, destacando las piezas de los venezolanos Carlos Cruz Díez, Gego, Alejandro Otero y Jesús Rafael Soto, de los argentinos León Ferrari y Luis Tomasello, del colombiano Edgar Negret o de los brasileños Sergio Camargo y Mira Schendel.
Los nuevos caminos nos acercan al presente, un presente en el cual Chappard, ajeno a los fenómenos de la moda, ha sabido detectar aquellas voces, que prosiguen por los senderos trazados por los grandes precursores.
Por último, la sección dedicada al contexto internacional de la colección cuenta con obras de artistas europeos que confirman los “vínculos permanentes” entre el nuevo y el viejo continente: el arquitecto suizo Le Corbusier en su faceta de pintor, la norteamericana Louise Nevelson -que viaja a algunos países de Latinoamérica-, el ruso-francés Serge Poliakoff, el húngaro Víctor Vasarely -que fue uno de los artistas llamados a intervenir en la Universidad de Caracas- y Maria Helena Vieira da Silva -que pasó la Segunda Guerra Mundial en Brasil.
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