A dos días de las elecciones en Zimbabwe, el líder de la oposición, Morgan Tsvangirai, ha vuelto a la embajada holandesa, donde le dieron asilo, pocas horas después de abandonarla. Ha pedido que se comprometan con la transición del país las Naciones Unidas, la Unión Africana y la Comunidad de Desarrollo de África Austral (SADC).
En Zimbabue
Aunque el dictador se ha comprometido a no atacar al líder de la oposición, lo cierto es que Tsvangirai cree que podrían hacerlo porque el régimen actúa “irracionalmente”. La solución sólo puede ser la mediación de los organismos internacionales para que las elecciones del viernes se celebren con garantías democráticas.
En estos momentos, el Movimiento para el Cambio Democrático, que es el principal partido de la oposición, no podría participar en los sufragios porque anunció su retirada hace pocos días. Ese gesto podría haber sido una maniobra para presionar ante la comunidad internacional al régimen de Mugabe.
El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas se pronunció sobre las elecciones afirmando que se trataba de unos comicios ilegítimos e injustos y que sus resultados no debían ser tomados en cuenta. Sin embargo, no se atrevieron a defender que Tsvangirai era el sucesor legítimo del tirano, aunque ganó la primera vuelta de las elecciones y la segunda vuelta no estaba prevista según la normativa.
El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas podría reflejar la coincidencia de la comunidad internacional en que las decisiones de Mugabe están siendo equivocadas y antidemocráticas, porque incluso China y Sudáfrica, dos países que tienen mucho que perder si el tirano decide dar un golpe de estado, prefirieron apoyar la decisión de la mayoría.
China había firmado contratos de millones de dólares para explotar los yacimientos de materias primas como el uranio o el platino, en las que el subsuelo de Zimbabue es muy rico. Sudáfrica es el vecino más próspero del país y si Mugabe no acatase una hipotética derrota, acabaría recibiendo a la mayor parte de los cientos de miles de refugiados que generaría un conflicto entre la mayoría que apoya a la oposición y la minoría armada que protege a Mugabe.
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