El Mandatario venezolano esta vez les pidió a sus compatriotas cambiar las costumbres navideñas. Es preferible olvidar el uso de árboles de Navidad, imágenes de Santa Claus o las botas rojas tradicionales, para adornar oficinas públicas.
Rodolfo Pandolfi
El Mandatario venezolano esta vez les pidió a sus compatriotas cambiar las costumbres navideñas. Es preferible olvidar el uso de árboles de Navidad, imágenes de Santa Claus o las botas rojas tradicionales, para adornar oficinas públicas.
En el estilo de Chávez, el concepto de no-preferible equivale a una prohibición y, al menos, Santa Claus no tendrá su imagen en las oficinas públicas.
Aunque la figura de Santa Claus es escandinava, su origen está vinculado a un santo italiano, San Nicolás de Bari, que vivió desde fines del tercer siglo hasta el año 350. San Nicolás, obispo de Myra, recibió una extraordinaria herencia y la repartió entre los chicos pobres de su poblado.
De este hecho deriva la leyenda según la cual todos los años aparece para repartir juguetes entre los niños. Esta fantasía se hizo muy fuerte en Italia y en el Norte de Europa. En su estilo actual proviene de Holanda. La asociación de ideas entre Santa Claus, o Papá Noel, o La Befana, y Georges Bush, explícitamente satanizado por Chávez, en las Naciones Unidas, está en la cabeza del presidente venezolano por razones tan asombrosas como aquellas que tienen en la Argentina los escuadristas fascistas que creen o quieren hacer creer que son revolucionarios adorando al régimen fundamenta Islámico de Irán, uno de los mas regresivos en el ciclo que comienza afines del siglo XX y continúa.
La revolución americana, la revolución francesa, la revolución rusa, la guerra civil española con las correspondientes identificaciones con uno o con otro bando, la adhesión a las diversas posiciones en las dos guerras mundiales y en la guerra fría, constituyen hechos que tenían su fundamento en razonamientos creíbles y en lideres que estaban convencidos respecto a que la causa por la cual luchaban y hacían luchar a sus pueblos eran justas en el interior de sus lógicas internas.
En cualquier bando político existen unos adherentes sinceros y otros oportunistas, aunque en muchos de los ejemplos citados la ideologías sirviera para cometer horrendas masacres. Lenín y Mussolini creían en lo que decían y cuando mentían lo hacían en función de cosas sobre las cuales estaban convencidos. La cabeza de Hugo Chávez es interesantísima porque responde a iconos artificiales que son siempre ángeles o demonios, en una simplificación difícil de entender pero que hace explícita cuando, por ejemplo, inicia su discurso en las Naciones Unidas haciendo la señal de la cruz porque allí había estado sentado el diablo, o sea su colega de Estados Unidos.
Entre las personas racionales no es lógico suponer que alguien crea que Santa Claus es un instrumento de penetración del imperialismo, pero toda alusión a ese personaje mitológico de raíz histórica puede vincularse a la semiótica en un mundo en que se mueven con mucha fuerza los íconos buenos y malos.
La época actual consolida, a través de la tecnología, a los iconos y a los símbolos, pero la manipulación de imágenes no es nueva. Muchas veces la politización de las percepciones visuales o verbales responde a increíbles errores de información. En la Argentina, una popular bebida gaseosa era considerada imperialista aunque en realidad su filial embotelladora en amplios radios, que incluía a la Capital Federal y el Gran Buenos Aires, perteneciera al Partido Comunista.
San Nicolás no nació en Nueva York, Ernesto Guevara, cuya imagen fue modernizada por una agencia americana, es conocido por una figura que fue generada por Korda, uno de los fotógrafos más importantes del siglo XX, especializado en publicidad, que murió hace pocas semanas en París. Se llamaba, en realidad, Alberto Díaz, pero fue conocido por su sobrenombre, Korda, en alusión a la cámara Kodak que utilizaba. En 1960, luego de un acto de sabotaje producido en La Habana, sacó una fotografía de Guevara que se convirtió en icono. Ese Guevara, según cuenta el mismo Korda, estaba furioso por el acto terrorista y el fotógrafo vio en ese rostro iracundo una imagen de rebeldía que luego se difundió por todo el mundo. Una significativa suavización del Ché fue realizada por Andrej Dragán, quien diseñaba para la agencia internacional Walter Thompson, con sede en Estados Unidos, para la publicidad de la zapatilla Converse.
En Nicaragua las últimas elecciones fueron ganadas por el candidato del Frente Sandinista Daniel Ortega. Pero su imagen es del todo distinta a la del revolucionario guevarista de 1979. Acotado por la situación internacional y por la limitación de su triunfo, con el 38% de los votos contra el 54% de los dos principales partidos opositores (Eduardo Montenegro y José Rizo), que fueron divididos, Ortega prometió alentar nuevas inversiones, se reunió con sus adversarios políticos bajo la bandera de la reconciliación y, por supuesto, sigue manejando su nueva imagen mediática sin uniforme guerrillero sino vestido con ropa sport y cuidadosa camisa blanca. El poder más influyente en el mundo actual puede ser manipulado por los generadores de imagen y los productores de opinión.
Martín Buber, filósofo judío religioso, señala que la prohibición de hacer ídolos debe interpretarse hoy, sobre todo, respecto a los ídolos que se construyen en el interior de cada cerebro. Y ese es el mayor peligro. Es posible que exista una crisis terminal de los dioses que nutrieron la imaginación de los adultos mayores de hoy. Pero, con más fuerza que nunca, el poder pasa a los íconos.
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Fuente: Nueva Mayoría (Argentina)
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