Política

El Protocolo de Kyoto como “puente trasatlántico”

América Latina cuenta con reservas forestales que están hoy sufriendo una depredación atroz, fundamentalmente –pero no solamente- en la Amazonia. Necesita desarrollarse para superar sus amplísimos niveles de pobreza.

Ricardo Emilio Lafferriere
La puesta en marcha definitiva del protocolo de Kyoto, a la vez que fortalecer
el mercado de carbono en el intercambio entre países y los proyectos conjuntos
entre los países del Anexo I y del Anexo II, ha abierto de par en par las
puertas a los mecanismos flexibles previstos en el artículo 12 del mismo
protocolo, con los que se intenta asociar a los países en desarrollo a la lucha
anticontaminante, a la vez que facilitar la reconversión a las empresas de los
países desarrollados que deben limitar sus emisiones.

Entre estos
mecanismos flexibles, el MDL (Medidas para el Desarrollo Limpio) es una
posibilidad interesante para reforzar los vínculos transatlánticos entre España
e Iberoamérica, por varias razones de alto contenido estratégico:

En
primer término, la propia lucha por salvar el planeta. América Latina cuenta con
reservas forestales que están hoy sufriendo una depredación atroz,
fundamentalmente –pero no solamente- en la Amazonia. Necesita desarrollarse para
superar sus amplísimos niveles de pobreza. Para ese desarrollo, está en
condiciones de impulsar proyectos industriales sin el grado de procesos
contaminantes que tienen las industrias ya instaladas en los países del ANEXO I
del Protocolo de Kyoto. Los proyectos MDL permiten tomar la senda del desarrollo
sin necesidad de recurrir para su financiamiento a la depredación de sus propios
recursos naturales con efectos nocivos sobre todo el planeta y acercarían a los
países de América latina fuentes genuinas de financiamiento sin costo extra para
las economías de los países del Anexo I, habida cuenta de la vigencia ya plena
de las obligaciones de limitación de emisiones.

En segundo término, la
alta conveniencia para las empresas europeas en general y españolas en
particular. La reconversión hacia procesos no contaminantes tiene un costo en
América Latina que equivale a un tercio de lo que costaría ese mismo proceso en
Europa. Ello implica que para las empresas europeas que necesiten limitar
emisiones, el costo de la reconversión se reduciría a un tercio manteniendo el
mismo efecto ambiental y económico: ambiental, porque la disipación de las
emisiones y de las absorciones tiene sobre la atmósfera el mismo resultado,
cualquiera sea el lugar del planeta en el que se produzcan; y económico porque,
dentro de las pautas permitidas, el costo de esa disminución de emisión o
captura de CO2 –como está dicho- será sustancialmente inferior.

En
tercer término, un efecto estratégico. La decisión de Estados Unidos de no
participar en el Protocolo de Kyoto deja a Europa como un jugador solitario en
la región, abriéndole un mercado sin competencia para los proyectos MDL
conjuntos y una oportunidad inédita para reforzar la estabilidad política a
través del acrecentamiento de los vínculos económicos con la región. Este
escenario no será permanente y durará lo que dure Estados Unidos en reaccionar,
sea por el eventual cambio de administración o por incremento de la presión de
la opinión pública interna o mundial sobre el tema.

Ante este escenario,
caben dos reflexiones:
En primer término, la conveniencia de poner en marcha
y utilizar rápidamente las herramientas que existen. La Junta Ejecutiva del MDL
ya está en marcha, y la mayoría de los países latinoamericanos cuentan con la
repartición oficial encargada de administrar los proyectos MDL dentro del
formato establecido por los acuerdos de Kyoto y posteriores. Esas herramientas
permiten desde impulsar proyectos de procesamiento de residuos capturando
metano, hasta reformular los sistemas de transportes de las urbes más grandes de
la región, altamente contaminantes con óxido nitroso y crecientemente obsoletos,
eliminando el Diesel y reemplazándolo por el gas natural, abundante en la región
y mínimamente contaminante. En el medio de este abanico, la reconversión de
industrias “sucias” como plantas de generación eléctrica, acerías, cementeras,
aluminio, etc., son alternativas que implican un mercado más que amplio cuyos
efectos no sólo alcanzan a lo ambiental, sino que se proyectan a una imbricación
tecnológica más profunda e intensa entre las economías de América latina y
Europa. Los proyectos forestales son otra alternativa de alto poder de absorción
de CO2, en razón de la feracidad de las tierras de América latina y su clima
acelerador del crecimiento de la biomasa con respecto a proyectos similares en
el hemisferio norte.

En segundo término, aparece clara para España la
excelente oportunidad para desatar una ofensiva, junto a los países
iberoamericanos, destinada a flexibilizar los mecanismos del MDL a fin de
reducir sus costos de transacción y hacer menos burocrática su aprobación. Esta
ofensiva en el seno de la Conferencia de Cambio Climático ayudará a reforzar el
puente trasatlántico y a legitimar aún más a España como interlocutor de América
Latina frente a Europa y frente al mundo desarrollado. En realidad, sólo
requeriría elevar el perfil político y comunicacional de una línea de conducta
internacional que se ha traducido en acuerdos ya firmados con diversos países de
América latina para el impulso del MDL.

En tercer término, los proyectos
forestales con la finalidad de la absorción de CO2 debieran ser elegibles y sus
emisiones reducidas pasibles de ingresar en el comercio europeo de bonos de
carbono, mercado del que se hallan inexplicablemente excluidos. La reunión de
Marrakesh incorporó a los proyectos forestales entre las medidas de desarrollo
limpio, y la demora de la implementación de esta orientación general debido a
motivos no del todo explicados conspira contra la puesta en marcha de
iniciativas forestales que, por su tiempo de maduración, no pueden demorarse en
su comienzo a fin de que su efecto en el clima del planeta alcance a producirse
antes que el deterioro de la atmósfera se haga inmanejable. Tanto en la Junta
Ejecutiva del MDL –en la que los proyectos forestales son los más retrasados en
cuanto a la aprobación de los mecanismos de “línea de base” y de monitoreo-,
como en el seno de la propia Comisión Europea, es imprescindible incrementar la
presión política para una aceptación plena de los proyectos forestales como
sumideros de carbono.

El MDL puede ser el puente trasatlántico del siglo
XXI. Y España está en condiciones de dar grandes pasos en su construcción,
acompañada de toda Iberoamérica.

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