Política

El Sáhara Occidental en las dinámicas internas intra-magrebíes

La tensión entre las dos potencias regionales del Magreb, Marruecos y Argelia, ha ido en aumento durante los últimos tiempos, con el conflicto del Sáhara Occidental como tema de fondo. Algunas cosas parecen haber cambiado en sus dinámicas internas, pero no tanto los intereses estratégicos de sus regímenes. Los cambios en el entorno internacional han causado cierto reposicionamiento de las partes.

Análisis del Instituto Real Elcano
Las relaciones argelino-marroquíes han sido tradicionalmente conflictivas, más
allá de la existencia del contencioso del Sáhara Occidental. Años antes de la
ocupación marroquí de la ex colonia española, las perspectivas de convivencia
regional no eran alentadoras. Los sobresaltos de los procesos de descolonización
dieron lugar a enfrentamientos entre Argelia y Marruecos, alegando cada cual
estar en posesión de derechos que la otra parte no respetaba. Desde el primer
momento, los desacuerdos surgieron a raíz de la existencia de dos sistemas
políticos antagónicos –una monarquía conservadora aliada de Occidente en
Marruecos, y una república socialista árabe activa en el movimiento de países no
alineados en Argelia–, con las consiguientes divergencias en sus opciones
políticas y alianzas internacionales. El conflicto del Sáhara Occidental supuso
un aumento del grado de complejidad de dichas relaciones, tanto a nivel oficial
como popular. Sin embargo, incluso de no haber existido dicho conflicto la
desconfianza y los malos recuerdos ya marcaban el tono de las relaciones
argelino-marroquíes.

La reciente escalada de tensión entre Marruecos y
Argelia, en forma de declaraciones acusatorias y maniobras diplomáticas,
acompañadas de rumores sobre movimientos de tropas cerca de la frontera común
que está cerrada desde 1994, ha llevado al Secretario General de la ONU, Kofi
Annan, a expresar en su último informe su “gran preocupación por el
recrudecimiento reciente de los enfrentamientos dialécticos procedentes de las
partes y la región”. Esto supone un empeoramiento considerable de las relaciones
entre ambos países, y recuerda el clima de desconfianza y hostilidad que existió
entre los países vecinos durante las décadas de 1970 y 1980. Estos
enfrentamientos han hecho sonar las señales de alarma, llevando a algún país
como Egipto a ofrecerse como mediador para aproximar posturas.

Esta
situación se puede interpretar como un paso más en la guerra psicológica que, en
mayor o menor medida, ha sido una constante en las relaciones magrebíes tras la
independencia. El conflicto del Sáhara Occidental ha sido uno de los puntos de
discordia más recurrentes en esa guerra, aunque no el único. Pero en estos
momentos el riesgo de que la situación quede fuera de control es más elevado que
en otras épocas que fueron más difíciles y complejas. Es posible que dicho
riesgo no disminuya durante los próximos meses hasta la presentación del próximo
informe de Kofi Annan, aunque la apariencia sugiera lo contrario. Tampoco se
puede descartar que, a raíz de algún incidente o serie de declaraciones, sus
relaciones diplomáticas se vean afectadas aún más.

Cuesta pensar que,
por el momento, Marruecos y Argelia se pongan de acuerdo sobre temas que los
enfrentan como el delicado asunto del Sáhara Occidental, cuando han mostrado
incapacidad para definir una política constructiva en temas sobre los que
teóricamente hay coincidencia de intereses, como son la inmigración ilegal, el
terrorismo internacional y el contrabando de estupefacientes.

Este
extracto se reproduce con autorización del Real Instituto Elcano. Recomendamos
su lectura íntegra en el sitio web www.realinstitutoelcano.org

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