En su pontificado, el papa Francisco recuerda constantemente que el pobre no solo tiene un puesto en la Iglesia, sino en la historia y en la sociedad.
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Sábado, 06 de junio 2026

En su pontificado, el papa Francisco recuerda constantemente que el pobre no solo tiene un puesto en la Iglesia, sino en la historia y en la sociedad.
La enseñanza social del papa pone en primera línea a la persona, especialmente a los “descartados”, quienes sufren las consecuencias de un sistema económico centrado en la producción y en la ganancia.
El pontífice no niega las ventajas de este sistema, pero denuncia la instrumentalización de la persona, considerándola un objeto de producción. Por tanto, un primer aspecto claro e irrenunciable que Francisco señala es la defensa de la dignidad de la persona humana.
Junto a la defensa de la dignidad de la persona humana, Francisco hace énfasis en la búsqueda del bien común, y denuncia que las ganancias de unos pocos están cercenando el bienestar de las mayorías; y que la corrupción, la falta de controles, la evasión fiscal, la permanencia en el poder, la fragilidad democrática, los salarios injustos, la destrucción de la tierra, el atentado a los derechos humanos, etc., atentan contra el bien común, al robar posibilidades de vida digna y feliz. El sucesor de Pedro recuerda que no se pueden ignorar ni violentar los derechos ni las necesidades de las personas, “especialmente las de los pobres y descartados”.
Entonces, Francisco no está siendo ni populista ni comunista al decir que la dignidad humana y el bien común están olvidados del lenguaje del bienestar social y económico de la sociedad actual. El papa está proponiendo mirar la realidad de otra manera, es decir, desde las periferias empobrecidas de la sociedad global. Mirar la realidad desde la injusticia tiene como reto buscar nuevos modos de hacerse responsable frente al otro. Y esto no es ideología, es justicia.
Por tal razón, Francisco llama a despertar de la “globalización de la indiferencia”, e invita a crear “nuevos modelos de desarrollo que conjuguen tradición cristiana y progreso civil, justicia y equidad con reconciliación, desarrollo científico y tecnológico con sabiduría humana, sufrimiento fecundo con alegría esperanzadora. Sólo es posible custodiar esa esperanza con grandes dosis de verdad y amor, fundamentos de toda la realidad, motores revolucionarios de auténtica vida nueva”.
Francisco llama a construir la “cultura del encuentro social” que se consolida a través del diálogo, posibilitando una actitud ciudadana para: exigir los derechos y el cumplimiento de deberes; prevenir cualquier tipo de abuso de poder; impedir cualquier amenaza que pretenda silenciar la disidencia, y para promover el respeto a la vida.
De allí que el encuentro social sea visto como una amenaza, porque deja al descubierto las “esclavitudes contemporáneas”, y la tarea de reconstruir las relaciones básicas de convivencia, además de una decidida respuesta de rechazo a ser cómplices del sufrimiento y del mal en la humanidad.
Ante la “globalización de la indiferencia”, Francisco pide ser artífices de una globalización de la solidaridad y de la fraternidad, que dé esperanza y haga reanudar con ánimo el camino, a través de los problemas de nuestro tiempo y las nuevas perspectivas que trae consigo. Repensar la solidaridad y la fraternidad no es cuestión de comunismo, sino de ética y, la centralidad de la persona humana no es una bandera de la revolución o del capitalismo, sino la presentación responsable de una sociedad democrática capaz de ofrecer posibilidades de vida digna para todos sus ciudadanos.
Yovanny Bermúdez es un sacerdote jesuita venezolano. Abogado, con estudios de Filosofía y Teología.
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