Los alquimistas creían en la piedra filosofal, una sustancia legendaria que era capaz de convertir los metales básicos -tales como el plomo– en oro (chrysopoeia) o plata y era, además, un elixir de la vida, útil para el rejuvenecimiento y, posiblemente, para lograr la inmortalidad. Pues Trump y Bessent la han encontrado luego de siglos de búsqueda. Y lo cierto es que a Trump ya se lo ve más joven, sobre todo en el cabello.
Escribió Quoth the Raven, que “Los chicos de Zero Hedge publicaron un tuit que planteaba un experimento mental monetario disparatado: dijeron que el secretario del Tesoro, Scott Bessent, teóricamente podría, «recomprar» (los) aproximadamente USD 40 billones de deuda del gobierno estadounidense usando efectivo de la Cuenta General del Tesoro.
Solo habría un “pequeño” detalle… el gobierno primero tendría que reclasificar sus reservas de oro a unos USD 155.000 por onza.
EE.UU. posee unos 261,5 millones de onzas de oro, las mayores reservas oficiales del mundo:

Pero el gobierno sigue manteniendo ese metal a un precio legal de USD 42,22 por onza, a pesar de que hoy se negocia a unas 100 veces ese precio. Así, el valor libro oficial estas reservas hoy es de solo unos USD 11.000 millones cuando en el mercado esa cantidad supera el USD 1 billón.
Desde que el gobierno de EE.UU. dejó la convertibilidad del dólar en oro, en agosto de 1971, la moneda se desvalorizó al punto que el precio de la onza aumentó aproximadamente 118 veces (un incremento superior al 11.700%), pasando de un valor fijo de USD 35 por onza a los 4.172. El siguiente gráfico muestra cómo el oro se ha revalorizado o, mejor dicho, el dólar se ha depreciado fuertemente a través de las décadas.

Y, por cierto, la depreciación del dólar continúa a medida que se imprimen billetes excediendo lo que demanda el mercado:

Y así es como viene cayendo el poder adquisitivo – se desvaloriza- del dólar hasta agosto de 2026:

Poder adquisitivo en USD, hasta agosto 2026.
El Tesoro posee el oro, y cuenta con un mecanismo para emitir certificados con ese respaldo para la Reserva Federal (Fed). A cambio, puede recibir un crédito en su cuenta en la Fed. En otras palabras, ya existe un mecanismo que le permite al gobierno monetizar el valor de su oro. El problema es que está ligado a esa absurda valoración legal de USD 42,22, y es necesaria una ley del Congreso para cambiar esa valuación, demostrando, por cierto, hasta dónde llega la ridiculez de la burocracia.
Si el Congreso decidiera actualizar el valor para no estar tan alejados de la realidad -como normalmente están los políticos- digamos a USD 5000 por onza, los 261,5 millones de onzas atesoradas se valorarían en aproximadamente USD 1,3 billones.
Supongamos que Washington revalora el oro a la friolera de USD 155.000 por onza, lo que situaría las reservas de oro de EE.UU. en unos USD 40 billones, aproximadamente lo suficiente para que Scott Bessent pueda pagar toda la deuda nacional. Ahora estamos hablando de cifras que realmente pueden entusiasmar a Washington.
Bajo un marco legal hipotético que lo permitiera, el Tesoro podría emitir muchos más certificados de oro contra ese oro revaluado, con la Reserva Federal acreditándolo en la cuenta del Tesoro a cambio.
Desafortunadamente, hay un pequeño problema: revalorar el oro no crearía realmente USD 40 billones de nueva riqueza. Lo que podría generar es una enorme capacidad de financiación nueva para el Tesoro a cambio de una impresión monumental de billetes a medida que utiliza esos fondos, provocando una inflación nunca vista.
Podrías potencialmente cancelar una enorme cantidad de deuda nominal del Tesoro de esta manera. Podrías hacer que las estadísticas de deuda del gobierno mejoren mucho. Incluso podrías reducir sustancialmente los gastos futuros de intereses del Tesoro… pero no has eliminado el costo económico subyacente. Has cambiado la forma en que se expresa ese costo.
Y, por cierto, fijar un precio oficial del gobierno de USD 155.000 no obligaría automáticamente al oro a negociarse por ese valor en Nueva York, Londres o cualquier otro lugar. El gobierno puede elegir un valor contable, pero no puede simplemente ordenar al mercado global que esté de acuerdo con él. Sin embargo, la señal sería imposible de ignorar.
Una revalorización suficientemente grande podría equivaler a admitir que el oro nunca abandonó realmente el sistema monetario en primer lugar. Simplemente pasamos décadas fingiendo que así fue mientras los bancos centrales seguían apilando barras en bóvedas.

Por su lado, Tyler Durden publicó otra nota muy interesante, (Trump dice que la inflación pagará la deuda de 40 billones de dólares «muy rápidamente») informando que Trump cree que ‘ciertos niveles’ de inflación podrían cubrir la deuda nacional de 40 billones de dólares. ¿Habrá hecho el cálculo de los USD 155.000 por onza, una inflación tal que llevara el precio del oro a ese nivel?
Más tarde, cuando se dio cuenta del disparate que estaba insinuando, volvió a decir que «el crecimiento va a pagar la deuda» y que las subas de la Fed estaban perjudicando más que la inflación. No dijo qué nivel de inflación tenía en mente, ni si quiere que la Fed tolere más.
En abril de 2025, Simon White de Bloomberg argumentó que una inflación más alta y un dólar más débil —hacia donde parecía dirigirse la política estadounidense— eran coherentes con una caída de la deuda. Pero advirtió que, una formulación errática de políticas podría minar la confianza en el sistema del dólar, provocar fuga de capitales y acabar aumentando la deuda, a diferencia del «hermoso desapalancamiento» británico tras la Segunda Guerra Mundial (proceso largo de ajuste fiscal donde la deuda pública -250% del PIB en 1945- se redujo de forma gradual gracias al crecimiento económico, inflación controlada y austeridad).
Nick Giambruno explicó la mecánica en julio: represión financiera, donde el gobierno mantiene las tasas de interés por debajo de la inflación y así el spread entre ambas transfiere silenciosamente la riqueza de los ahorristas al Tesoro. Con una inflación del 9% y tasas del 4%, señaló, eso supone una transferencia del 5% cada año, acumulable.
Ha funcionado antes. Un documento del BIS de 2011 estimó que las tasas reales negativas eliminaron deudas que valían entre el 2 y el 3% anual del PIB en EE. UU. y Reino Unido entre finales de los años 40 y los 70. Pero ese robo a los ahorristas se produjo bajo Bretton Woods, con límites a las tasas de interés, compradores domésticos cautivos y controles de capital, y el documento concluyó que la represión financiera funciona mejor «cuando va acompañada de una dosis constante de inflación.»
El detalle aquí es que solo funciona si el Tesoro puede endeudarse por debajo de la tasa de inflación. Ahora mismo no puede: hoy los bonos del Tesoro a 10 años tienen un rendimiento de casi dos puntos más que el IPC general, los intereses de la deuda ya superan el billón de dólares anuales y todo lo que vence se traslada a las tasas actuales.
Conseguir que los rendimientos reales vuelvan a estar por debajo de cero requeriría una Fed dispuesta a recortar las tasas que viene subiendo —llevarlas al 1% «o menos», lo que Trump sigue pidiendo— o algo como los topes de tasas de modo que se mantengan debajo de la suba del IPC con los compradores cautivos de los años 40. Trump no dijo cuáles son estos «otros medios» que no quiere revelar.
Por Alejandro A. Tagliavini. *Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California
En X @alextagliavini


















