Política

España ante el resto de la vecindad con el África Subsahariana

Lo primero es la necesidad de replantearse la política española hacia África ya que España muestra muchos fallos en su actuación exterior en este ámbito.que España está condenada a plantearse la cuestión de saber qué tipo de vecino quiere que sea África, no puede esperar a que la Unión Europea u otros actúen frente a los problemas de este continente.

Mezang Akamba, Serge Pamphile
En muchos casos, la situación de los países africanos, cuarenta y cinco años después de su independencia, ha empeorado. Muchos jóvenes africanos lo ponen de relieve al intentar forzar su entrada en España para escapar del infierno que para ellos representan sus países de origen.

¿Cómo vienen siendo las relaciones entre España y África? y ¿qué perspectivas se pueden plantear a estos jóvenes más allá de esta visión de infierno y paraíso?

En el siglo veintiuno África sigue manteniendo al cinco por ciento de la población mundial en una condición de sufrimiento vergonzosa para la humanidad entera. Ningún continente ha sido peor tratado y entendido, asociándose casi siempre al dolor y la matanza, materia prima que se compra a bajo precio y que la industria de comunicación vende manufacturada. La ignorancia va desde la confusión de nombres de Estados hasta su existencia: la televisión española muestra mapas elaborados para situar Alto Volta y Dahomey confundiendo estos países con Burkina Faso o Benin.

Es necesario saber que África Subsahariana está relacionada con el trópico de cáncer, en torno al cuál el calor y la sequía convirtieron a una región antiguamente verde en un desierto (Sahara). Cuenta con 3 millones de km2 y 704,5 millones de habitantes, no distribuidos de manera equitativa, entre 47 países caracterizados por la pobreza extrema, el SIDA y la mortalidad. Así, los países subsaharianos ocupan casi los últimos 23 puestos en el rango de la clasificación acorde con el índice de desarrollo humano 2004. Con más del 11% de la población mundial y 18% de la superficie de la tierra, África representa menos de 2% del comercio mundial o de la producción mundial y aún menos de las inversiones directas extranjeras.

Mientras tanto, España, es ciertamente uno de los mejores casos de éxito de desarrollo en los últimos 25 años. Es el vigésimo país en la clasificación según el Índice de Desarrollo Humano, con casi el doble de la producción de África Subsahariana. Más destacable es el cambio fundamental que ha conocido su trayectoria en los últimos veinticinco años: debería servir de estímulo para los países que intentan superar su atraso. Hasta 1981, España recibía ayuda oficial al desarrollo, con un PIB por habitante menor que el de Argentina o Venezuela en los sesenta. Prueba viva de que la pobreza no es una maldición de la que no se pueda salir.

5.1 LA COOPERACIÓN DE ESPAÑA CON ÁFRICA SUBSAHARIANA

Con respecto a la cooperación española, puede afirmarse que se concentra en los siguientes sectores: educación y formación de recursos humanos; salud; desarrollo de las infraestructuras y promoción de los sectores productivos; fortalecimiento de las instituciones y el buen gobierno; consolidación de los Estados democráticos; prevención de conflictos y apoyo a los procesos de paz; cooperación en materia cultural y preservación del patrimonio. Pero a pesar de todo, África Subsahariana no es una región prioritaria en la política exterior de España. Del Fondo de Cooperación española gestionada por la AECI, el 15% se dirige a África Subsahariana, detrás del 55% destinado a Iberoamérica, y el 18% para el Mundo Árabe. Con respecto al Fondo Europeo de Desarrollo, España es quinto donante en África.

Tres grandes factores inspiran su orientación. En primer lugar, la cultura: España gira por naturaleza hacia los países cuya cultura es afín, países de la comunidad iberófona con un lugar destacado para Guinea Ecuatorial. En segundo lugar, por la economía: en 1999, las importaciones españolas de la región representaron el 2´3% del total y las exportaciones un 1´3%. España exporta bienes agroalimentarios y de consumo. Su inversión directa representa menos del 1% del total y se concentra en Senegal, Namibia y Sudáfrica, ámbito pesquero, materias primas y otros negocios. De manera general, las relaciones comerciales van fomentándose, con un superávit de la balanza comercial a favor de África Subsahariana ya que España importa más del doble del valor de lo que exporta. Y en tercer lugar, por razones humanitarias: ONGs españolas llevan a cabo programas para aliviar el sufrimiento en países con carencias sociales elevadas: Angola, Sudáfrica, Sudán o Mozambique (España hizo un trabajo enorme tras la inundación del Zambeze). Dentro de ellas destacamos la Cruz Roja (proyectos en 30 países), Intermon Oxfam (África es la región que más fondos de ayuda recibió en 2004) e Intered (RDC, y Guinea Ecuatorial). Además, varias ONGs presionan al Gobierno español en el sentido de aumentar su compromiso en la lucha contra la pobreza y la condonación de la deuda de los países subsaharianos.

Los factores políticos o estratégicos también explican la elección de algunos países en vez de otros, como el caso de Cabo Verde o Sao Tomé. Pero el marco de la cooperación en África no sólo tiene su origen en el exterior del continente, hay que tener presente la creación de organizaciones propiamente africanas como la NEPAD (Nueva Alianza para el Desarrollo de África). A través de ella, los Estados africanos aceptan fomentar la cultura de los derechos humanos consagrando la paz y el buen gobierno como normas fundamentales y pilares de un desarrollo duradero. Crearon, para velar su aplicación, un Mecanismo Africano de Revisión Paritaria. Dichos Estados ponen en común sus recursos: a través de la institucionalización de las relaciones políticas para completar la liberalización de los intercambios. Se llevar a cabo si consideramos las riquezas de África: reserva de minerales, petróleo y gas, flora, fauna y un bosque tropical que es un pulmón ecológico que nos beneficia a todos. A partir de esas ventajas, África espera hacer frente a los nuevos retos de desarrollo: vencer las enfermedades de transmisión sexual VIH / SIDA, el paludismo, la tuberculosis; adaptarse a la tecnología de la información y de la comunicación; reducir de la deuda y acceder a los mercados.

5. 2 PERSPECTIVAS

Lo primero es la necesidad de replantearse la política española hacia África ya que España muestra muchos fallos en su actuación exterior en este ámbito.

España, aún siendo el país más próximo al continente africano, tiene un pasado colonial menos controvertido que las antiguas potencias coloniales europeas, por lo que sus relaciones con el África subsahariana no sufren el recelo casi automático que siente un africano frente a Francia, Inglaterra y, en cierta medida, Portugal. Esta falta de obstáculo psicológico debería ser lo suficientemente útil como para incrementar su presencia sin despertar un sentimiento de sospecha. Además, si dentro de los 1200 millones de habitantes que se estima tendrá África en 2030, se destacara una clase media de 700 millones y quizás cien millones de ricos, las empresas españolas tendrían un mercado muy importante. Deberían aprovechar ya su ventaja comparativa y lograr fortalecer su posición. A sensu contrario, el empeoramiento de la situación africana tendría un efecto negativo al menos sobre la estabilidad social española. ¿Cómo tratar a un vecino en plena explosión demográfica que sobrepasará en población a China antes de mediados de siglo, cuando existe una proximidad geográfica como la de España? Frente a esta abrumadora población, el vecino más cercano dentro de los ricos (España), quizás tendrá 45 millones de habitantes con un gran número de personas mayores de 60 años (44% en 2050). Recurrir a la inmigración para sostener su nivel de desarrollo, sería una medida positiva solamente en el caso de una inmigración controlada cuantitativa y cualitativamente. Desafortunadamente, si la tendencia actual no cambia en África, en el horizonte 2030, unos 800 millones de personas vivirán en condiciones de pobreza extrema y como consecuencia, millones de africanos en búsqueda de supervivencia intentarán huir y asentarse en España.

Así es fácil concluir, a partir de esta descripción, que España está condenada a plantearse la cuestión de saber qué tipo de vecino quiere que sea África, no puede esperar a que la Unión Europea u otros actúen frente a los problemas de este continente.

5. 3 QUE ESPAÑA ACTÚE

Afortunadamente, existe otra África con perspectivas positivas que sólo necesita un empujón para salir adelante y hay quién ha apostado por ello. ¿Por qué Francia (RECAMP), Estados Unidos (ACRI, AGOA), Japón TICAD (Tokyo International Conference on African Development), o China son tan activos en África? A veces, ampliar el riesgo sobre África responde a una estrategia para negociar a la baja con el socio africano, otras, como un efecto engañoso frente a la competencia, para preservar un monopolio. En el ámbito diplomático, los presidentes Clinton y Bush han efectuado visitas históricas (las primeras). Países emergentes como Brasil, que ya piden mayor protagonismo mundial, manifiestan también su interés (segunda gira del presidente Lula Da Silva). Así, Estados Unidos y Francia han adquirido casi todos los contratos de petróleo en Guinea Ecuatorial, siendo éste país punto focal de la cooperación española en África en palabras del Ministro de Asuntos Exteriores: “Guinea Ecuatorial seguirá ocupando la atención prioritaria”. Cabría preguntarse por qué ha ocurrido de este modo, en vez de ser España; es un signo de que la diplomacia española todavía no ha conseguido la eficacia necesaria para lograr sus objetivos en la zona.

Junto a esto, se están produciendo cambios políticos en África. En los 15 últimos años, ha habido más elecciones legislativas y presidenciales que en los 30 años precedentes. Además, los recursos minerales que se van descubriendo convierten la región en alternativa real frente a la inseguridad en Oriente próximo y Medio. Pero, para aprovechar esas oportunidades, un conocimiento mutuo es necesario. Desgraciadamente, y a pesar de sus logros económicos, España sigue actuando como si todavía no se hubiera despertado de lo que V. Palacio y F. Rodrigo, llaman “un crónico descuido de los asuntos internacionales propio a la larga noche franquista”. M. Á. Moratinos lamenta que el presupuesto español destinado al exterior sea casi igual al de la TVE. Es necesario dar a la diplomacia los medios necesarios para actuar eficientemente. Y conociendo más las realidades africanas es como mejor se puede llegar a constatarlo. Hay que incrementar su presencia diplomática tanto humana como financieramente. Así, España encontrará oportunidades y perspectivas aún sin explotar ya que en África Subsahariana, casi todo está por hacer. Por ejemplo, España puede aprovechar el debilitamiento productivo de África para incrementar su exportación hacia la región, hacer prevalecer la experiencia de su sector bancario allí donde las transacciones financieras aún están en sus inicios, e ir fortaleciendo su presencia. Específicamente, África ofrece muchas oportunidades a la pequeña y media empresa como primer paso hacia la búsqueda de mercados mundiales.

España puede realizar muchas ambiciones en África planteando una política continental pensando, a la hora de ejecutar su política respecto a la región, en las instituciones regionales africanas como en una suerte de economía de escala. Esto sería más eficiente, ya que la unidad de mecanismos de control en el seno de la NEPAD facilita el seguimiento de los proyectos, eliminando muchas trabas y corrupción. Por otro lado, las ONGs españolas son promotores de desarrollo, y por lo tanto embajadoras de España en África al notarse el impacto y eficiencia del trabajo realizado por ellas. Sería conveniente que tuvieran un mayor protagonismo en cuanto al número de proyectos realizados y paciesen los que tienen presencia. Sin embargo, su praxis todavía no está desvinculada del enfoque geográfico de la política exterior española en la región.

5. 4 CONCLUSIÓN

Está claro que el futuro de España (en términos de estabilidad y de bienestar) está vinculado al de África. España ha de contestarse a esta pregunta: ¿Qué tipo de socio queremos que sea un vecino de 1.300 millones de habitantes, mientras yo tengo 45 millones de entre los que alrededor de un 44% lo forman personas de más de 60 años? ¿Nos daría igual que dentro de estos 1.300 millones (de los que unos 100 millones podrían ser infectados de SIDA) hubiera unos 800 millones de pobres que, al huir los conflictos, miseria, violencias políticas, falta de oportunidades socioprofesionales, presionaran para entrar en nuestro territorio?

¡Esperemos que los políticos piensen más allá de la recurrente cuestión del calendario electoral de 4 años, y que planteen los problemas y medidas a largo plazo con vistas a una verdadera alianza para el desarrollo! Sea cual sea el precio a corto plazo, las ventajas podrían ser luego infinitamente mayores.

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