Política

La Constitución arbitraria

Hugo Chávez justificó la reforma que habilitará la prolongación de su régimen, aduciendo que la Constitución venezolana es “arbitraria” porque le impide elegirse indefinidamente. Importante declaración, que más allá de la retórica, es confesión de la ideología que está tras las bambalinas de la revolución.

Fabián Corral

Hugo Chávez, entre la euforia de la conmemoración de sus primeros 10 años en el poder de la República Bolivariana de  Venezuela,  justificó la reforma que habilitará  la prolongación de su régimen, aduciendo que la Constitución venezolana es “arbitraria” porque le impide elegirse indefinidamente. Importante declaración, que más allá de la  retórica, es confesión de la ideología que está tras las bambalinas de la revolución. Sustancial concepto del  “neoconstitucionalismo” que prospera en estas tierras latinoamericanas de  caudillos, militares autoritarios y dictadores eternos.


Según Chávez, el autoritarismo reside en las constituciones que limitan el poder, que reglan los apetitos de dominación y los planes “revolucionarios”. Curiosa y perversa esta inversión de la lógica según la cual la arbitrariedad  ya no está en la voluntad caprichosa de los gobernantes, en la manipulación de las reformas, en la interesada interpretación de las leyes.

Semejante teoría modifica no solo los conceptos  esenciales del Estado de Derecho, sino los fundamentos de la democracia y la naturaleza de las cosas. Siempre habíamos pensado que la voluntad arbitraria era un defecto de los hombres de poder, una característica de los dictadores y un perfil inseparable de los caudillos. No imaginamos nunca que aquellos peligros radiquen, como sostiene Chávez, en la Constitución, cuyo objeto esencial es, precisamente, frenar al poder.

Lo que ocurre  es que ahora hay una novísima teoría constitucional que prospera en el continente, y que en realidad no es sino habilidosa fórmula para potenciar dictaduras y  encubrir tras la democracia a la tendencia a la concentración de poder y a la domesticación de las masas.


El totalitarismo y los caudillos tienen la ´habilidad´ de decir las cosas al revés. La lógica que manejan es convertir a la libertad en esclavitud y a la mentira en verdad. Orwell ya lo dijo en La Rebelión en la Granja y en 1984. Además, hay quienes se llevan el campeonato en aquello de ´reescribir´ la historia, y  transformar a los déspotas en libertadores y a la servidumbre en liberación.

Pero el tema central es que los caudillos necesitan tiempo ilimitado para articular sus invenciones y acomodar la sociedad a imagen y semejanza de sus teorías, para que la gente se olvide de las “libertades burguesas”, reniegue de su independencia y clame por que le pongan las subliminales cadenas que le obligan a agitar banderitas en los desfiles, adular a los poderosos, buscar  palancas que le introduzcan en el partido, y obtener del dirigente la compasiva sonrisita o el circunstancial abrazo. Se necesita tiempo para todo eso, porque siempre quedan renuentes y rebeldes.

Todos los caudillos han buscado ese tiempo interminable, desde el doctor Francia, hasta Trujillo, Vicente GómezCastro y, ahora, el  coronel bolivariano.

Fuente: Instituto Ecuatoriano de Economía Política (IEEP)

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