Economía y Sociedad, Europa

La estructura y organización supranacional de Iberoamérica

En mi anterior artículo, señalaba la importancia de Iberoamérica en la economía mundial por ser un espacio que ofrece infinidad de oportunidades de negocio. Hoy explicaré la organización política y económica y las relaciones existentes entre los países que conforman la región.

Iberoamérica dispone de diferentes organizaciones supranacionales que tienen como objetivo favorecer la unidad política y los intercambios económicos entre los diferentes países de la región.
El más importante es la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) que persigue construir una identidad y ciudadanía sudamericanas y crear un espacio regional integrado. Tras las incorporaciones de Colombia, Brasil y Paraguay, el UNASUR reúne a doce estados con una población que ronda los 400 millones de habitantes, representando a casi el 70 % del censo demográfico iberoamericano.
Ya en sus inicios, la UNASUR fue criticada al considerarse una organización virtual, incapaz de producir resultados tangibles. Sin embargo, la institución ha logrado propulsar diferentes consejos en áreas como la ciencia, el desarrollo social, la educación, la economía o la energía.
Uno de los mayores éxitos de la UNASUR ha sido en el área de las comunicaciones y las infraestructuras. Desde su creación en el año 2000 y hasta el pasado ejercicio, la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana (IIRSA) –promovida por la UNASUR- ha realizado 531 proyectos de comunicaciones, energía y transporte, con una inversión que supera los 116.000 millones de dólares estadounidenses.
En un plano económico, la UNASUR dispone de dos bloques comerciales que son la Comunidad Andina (CAN) y el Mercado Común del Sur (MERCOSUR). El primero de ellos es un organismo regional creado en 1969 y formado, en la actualidad, por Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú. Su principal objetivo es fomentar el desarrollo integral y económico de la subregión. Entre sus iniciativas consolidadas, destacan, a saber, la creación de un Sistema Andino de Intregración (SAI) y la libre circulación de personas y mercancías en su espacio sin cargas arancelarias.
Por su parte, el MERCOSUR es, sin duda, una de las instituciones supranacionales más importantes del planeta. Firmado en 1991 en Asunción (Paraguay), el tratado fundacional indica que “la libre circulación de bienes, servicios y factores productivos entre países, el establecimiento de un arancel externo común y la adopción de una política comercial común, la coordinación de políticas macroeconómicas y sectoriales entre los Estados partes y la armonización de las legislaciones para lograr el fortalecimiento del proceso de integración” son sus fines esenciales.
El MERCOSUR cuenta con una serie de acuerdos específicos, a saber, creación de un área de libre residencia, un sistema de solución de controversias, un fondo monetario regional denominado Banco del Sur y un subgrupo de trabajo para asuntos sociolaborales.
Además, el MERCOSUR ha firmado diferentes tratados de libre comercio con países o bloques regionales como la CAN, Egipto, Israel y Palestina y acuerdos de complementación económica con Chile, Cuba, México, India y la Unión Aduanera de África Austral (SACU). Sin embargo, la aplicación del tratado no es plena y existen sectores –como el azucarero o el automovilístico- que no se han liberalizado en el comercio intrazona. Recientemente se ha producido un conflicto diplomático entre Argentina y México al romper los primeros –de manera unilateral- su convenio comercial en el ámbito de la automoción.
Sea como fuere, el MERCOSUR es, a día de hoy, la quinta región mundial en paridad de poder adquisitivo, con un producto interior bruto per cápita anual de 14.458 dólares estadounidenses y un índice de desarrollo humano (IDH) alto.
Por otro lado, diferentes países iberoamericanos han suscrito acuerdos de libre comercio con Estados Unidos y Canadá. México es miembro del Tratado de Libre Comercio con América del Norte (TLCAN). La eficacia del mismo ha generado controversias desde su implantación en 1994. Diferentes organizaciones empresariales han valorado muy positivamente la liberalización comercial que ha fomentado el tránsito de mercancías entre los países firmantes. Sin embargo, muchos movimientos sociales han realizado críticas al haberse excluido en el TLCAN el libre tránsito de personas y consideran que, en el caso particular de México, su participación en el acuerdo ha desmantelado parte de la industria nacional. No obstante y según los datos emitidos por la oficina del TLCAN, desde que el tratado entró en vigor, el comercio de bienes entre Canadá y Estados Unidos se ha más que duplicado, mientras que el comercio entre México y Estados Unidos se ha cuadruplicado.
Al igual que México, otras naciones de la cuenca del Mar Caribe han participado en la firma del Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos, Centroamérica y República Dominicana (DR-CAFTA). Este acuerdo pivota sobre diferentes ejes, a saber, la integración económica de la subregión, la desgravación arancelaria y la aplicación de reglas de origen, la publicación y transparencia de las normas aduaneras de cada estado miembro, la observancia de medidas sanitarias y fitosanitarias, el cumplimiento de los derechos de propiedad intelectual, la puesta en marcha de disposiciones comunes laborales y medioambientales, el tratamiento igualitario a los inversores –tanto regionales como extranjeros- y la aceptación de la solución de controversias entre los firmantes del DR-CAFTA.
 
Gorka Labarga es consultor organizacional y TIC. También ejerce como formador.

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