La fuerte y continuada caída de la Bolsa española parece no tocar fondo. Y lo mismo ocurre en los mercados de valores del resto del mundo. Dos son los principales culpables de este desplome: la falta de confianza en el sistema y las ventas en descubierto, las denominadas ventas a corto. El miedo a que la recesión empeore, se impone.
Las ventas en descubierto están dañando el mercado
El índice de Madrid ha cerrado a 6.817 puntos, con una caída del 1,70 por ciento, algo mejor de lo que se esperaba a media sesión, gracias a la recuperación de Wall Street.
Después de las dos fuertes bajadas de la semana pasada, semana que puede calificarse de trágica para la Bolsa, la mayoría de los expertos apostaba por un rebote natural del mercado.
No pudo ser, desde el inicio de la sesión, y a pesar de que Wall Street cerró el viernes en positivo, se vio que no iba a ser así, sino todo lo contrario. Y no sólo en España, sno en Europa, en Nueva York y sobre todo en Tokio, donde el “kabutto” japonés protagonizó la peor jornada bursátil de los últimos 26 años.
Perdida la barrera psicológica de los 7.000 puntos, en la Bolsa española no se ha dado ni lo que se llama en la jerga bursátil “el rebote del gato muerto”. El temor se ha adueñado de las mesas de operaciones y el papel ha presionado a la baja con fuerza de manera insistente ante la desconfianza en el sistema y, también, ante la falta de medidas que reactiven el mercado de valores.
Lo malo es que nada hace pensar que esta situación vaya a cambiar, al menos de momento, y que el Gobierno se vaya a sacar uno o dos ases de la manga para reactivar el mercado de valores o, al menos, estabilizar los precios. No hay ninguna razón objetiva para pensar que esta sangría pueda pararse. Ninguna. Es más, el miedo a una recesión más profunda se está imponiendo en el mercado.
A esta falta de confianza en el sistema y en las medidas adoptadas hasta ahora por el Gobierno se unen las fuertes ventas en descubierto que se están produciendo, y que están forzando a valores muy sólidos a ceder posiciones de forma vertiginosa y continuada.
¿Qué es la venta en descubierto? Pues es una venta de valores, generalmente a corto plazo, que se puede hacer incluso con acciones prestadas, con el objetivo de recomprarlos más baratos. Estas ventas de acciones fuerzan el valor a la baja al valor elegido, que ante la avalancha de papel pierde posiciones.
Esta práctica está perfectamente autorizada por la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), si bien desde hace unos meses, y ante la avalancha vendedora de cortos que se ha producido, esta institución ha mostrado su interés por realizar una supervisión más estricta de esta operativa.
Los especialistas en este tipo de operaciones a corto son los denominados “hedge funds”, que se lanzan sobre un valor y le hacen retroceder con sus ventas masivas y continuadas sin que prácticamente la entidad elegida pueda hacer nada para evitarlo.
La semana pasada, por ejemplo, que fue una semana negra para la Bolsa española, los valores más atacados por los “hedge funds” en sus ventas a corto fueron los bancos. BBVA, Popular y Santander vieron retroceder notablemente sus cotizaciones por culpa de esta operativa. Esta semana parece que ha empezado con un nuevo candidato, Telefónica.
Alguien con la autoridad necesaria debería intentar parar esta sangría, dar estabilidad al mercado. Pero, de momento, nadie lo hace. Y todos perdemos.
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