Política

La lección francesa de Hillary

¿Qué significa la derrota de la primera mujer en aspirar a la presidencia francesa, Segolene Royal, para Hillary Clinton, en mitad de su búsqueda del Despacho Oval? ¿Vaticina el fracaso de Royal que el en apariencia irresistible momento de las candidatas en todo el mundo está cesando de golpe?

Dick Morris y Eileen McGann
Después de que Angela Merkel saliera elegida canciller de Alemania, Michelle Bachelet logró la presidencia de Chile y Ellen Johnson-Sirleaf asumió la presidencia de Liberia. En aquel momento parecía que las mujeres se ponían en marcha globalmente. ¿Significa la derrota de Royal que el ánimo se está esfumando? A un importante respecto, la política francesa de sexos es lo contrario a la americana. En los Estados Unidos, las mujeres votan a la izquierda de los hombres. Pero en Francia, los hombres votan a la izquierda de las mujeres. Católicas practicantes más probables, las mujeres de Francia forman típicamente el núcleo de los partidos conservadores. Los varones franceses, que llenan las filas de los poderosos sindicatos del país, respaldan a los socialistas. Al nominar como candidato a una mujer, el Partido Socialista francés estaba rompiendo sus normas usuales no establecidas de sexos. Sería como si los Republicanos, no los Demócratas, hubieran presentado como candidato a presidente a una mujer. La derrota de Royal se debió en gran medida a su incapacidad para tentar a las mujeres que normalmente respaldan a candidatos de derechas con dar el paso y respaldarla a ella. En Francia, la ideología y la clase demostraron ser más importantes que el género a la hora de estructurar el voto femenino. A otro nivel, es importante que Hillary aprenda las lecciones de la derrota de Royal. Tras una agitada escenificación de gira por Oriente Medio al comienzo de su candidatura, echó raíces la idea de que Royal no estaba preparada y no estaba cualificada para ser presidente. Sus errores garrafales al alinearse aparentemente con los palestinos contra Israel fueron magnificados. Fue retratada como marginada de la escena global. Conforme progresó la campaña, Royal apoyó una postura explícitamente femenina en la carrera, pretendiendo convertirse en el equivalente moderno a Marianne (la revolucionaria francesa que se convertiría en una imagen tan icónica como el Tío Sam para América) y Juana de arco, la destacada heroína medieval francesa. Sarkozy ridiculizó su estilo, observando que ella estaba aparentemente de mal humor y sugiriendo que se debía a su situación en las encuestas. Royal pareció prestarse a una caricatura negativa de una candidata femenina: terca, impulsiva, desinformada, pasional y emocional. Su imagen no se vendió bien. Más amenazador para Hillary es cómo jugó el matrimonio de Royal en su contra. El “marido” veterano de la candidata (aunque nunca se casaron) es Francois Hollande, líder del Partido Socialista. Ella fue vista ampliamente como una fachada de él, y los votantes le veían como el verdadero poder entre bambalinas. ¿Adjudicarán los americanos a Bill el mismo papel como poder oculto detrás de Hillary? ¿Le perjudicará tanto como perjudicó a Royal? Por el momento, pocas personas dirían que las riendas de Hillary son llevadas por Bill. Pero en 1990, cuando Bill estaba contemplando la posibilidad de retirarse como gobernador para dedicarse por su cuenta a la carrera presidencial de 1992, Hillary contemplaba la posibilidad de presentarse en su lugar. Pero las encuestas que yo realicé para Hillary mostraron que los votantes rechazaban la candidatura de ella, al verla como un títere de su marido. La debacle Royal-Hollande en las elecciones envía un mensaje a Hillary: no dejes que Bill sea percibido como tu superior.

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