El Papa hace un llamado a pensar sobre la utilización irreflexiva de la fe, como método de guerra y enfrentamiento de pueblos y civilizaciones. Nada más (y nada menos) que eso. Las reacciones de los grupos islámicos radicalizados se enmarcan, precisamente, en aquello que el Papa intenta combatir.
El Diario Exterior desea, mediante este editorial, convalidar las palabras del Papa Benedicto XVI en la Universidad de Ratisbona, Alemania, y condenar las críticas radicalizadas, y de matiz despiadado, sobre los dichos por éste expresados. En general, El Diario Exterior coincide con lo expuesto por Ratzinger en el sentido fundamental, y ético, del uso de la razón como método constante de concordia y buena convivencia. Razón que de ninguna forma excluye las convicciones sustentadas en la profesión de fe.
Lo de Benedicto XVI fue una lección de civilidad –o civilización- justo cuando el mundo parece embarcarse en un conflicto peligroso de creencias y valores, y hacer reflexionar sobre el matiz “terrenal” de la acción religiosa y, en particular, de los actos de la Iglesia. Ratzinger viene a reafirmar aquello que salvó a todo un continente de la barbarie supuesta por el fundamentalismo religioso llevado, como era usual, a las más penosas consecuencias. La Razón –diremos luego- ha desviado el rumbo de una historia riesgosa, creando bases para una convivencia asentada en principios racionales –y aún de método- que luego llamaríamos política (y que retomaríamos del helenismo).
Dijo Ratzinger: “El punto decisivo en esta discusión contra la conversión violenta es el siguiente: no actuar de acuerdo con la razón es contrario a la naturaleza de Dios. El editor, Theodore Khoury, observa: para el emperador, como bizantino formado en la filosofía griega, este enunciado es evidente. Pero para la enseñanza musulmana, Dios es absolutamente trascendente. Su deseo no está ligado a ninguna de nuestras categorías, ni siquiera a la de racionalidad. En este punto, al menos hasta donde la comprensión de Dios y por ende la práctica concreta de la religión nos concierne, nos enfrentamos con un dilema ineludible. ¿La convicción de que actuar irracionalmente contradice a la naturaleza de Dios es meramente una idea griega o es siempre una verdad intrínseca?”.
El Papa hace un llamado a pensar sobre la utilización irreflexiva de la fe, como método de guerra y enfrentamiento de pueblos y civilizaciones. Nada más (y nada menos) que eso. Las reacciones de los grupos islámicos radicalizados se enmarcan, precisamente, en aquello que el Papa intenta combatir. El fundamentalismo arraigado en conciencias enfermas, dogmatizadas hasta el extremo, y obnubiladas por promesas de redención ficticias y atormentadas.
Este editorial es reivindicativo hoy pero, esencialmente, de apoyo a una posición valiente, que muchos han catalogado como inoportuna, pero que encierra un mensaje de reflexión y toma de conciencia. Es una advertencia sobre lo que muchos piensan, pero pocos se animan a denunciar. Ésta (la del Papa) es una actitud honesta que no tiene por qué ser sometida a ningún chantaje, menos aún de las formas más radicales y violentas de la prédica islamista. El pensamiento del Papa enseña -finalmente- el camino para un Diálogo auténtico entre las Civilizaciones.
*Ratzinger fue profesor de la Universidad de Ratisbona durante su juventud, en la cátedra de teología.
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