“El ELN estuvo prácticamente aniquilado, pero el presidente Alfonso López ordenó levantar el cerco militar que los habría eliminado. Pudieron así recuperarse para asesinar y secuestrar a miles de colombianos. El M-19 se salvó en forma similar cuando llegó al poder Belisario Betancur. Las mismas FARC han aprovechado todos los fallidos procesos de paz para fortalecerse.”
Centro de Análisis Sociopolíticos
En estos días se debate si las
FARC están replegadas por estrategia o por necesidad. Alfredo Rangel sostiene
que el repliegue es una estrategia y que las FARC están esencialmente intactas.
Sostiene que simplemente están esperando el momento apropiado para salir de sus
guaridas y atacar con fuerza. Cada vez que realizan alguna acción, los
periodistas especulan que puede ser el inicio de la “gran ofensiva” que, según
Rangel, vendrá de un momento a otro.
Otros analistas sostienen una
tesis un poco más aterrizada: las FARC han sido golpeadas duramente, sin duda, y
aunque no están totalmente derrotadas, no tienen opción
distinta a replegarse y esperar que la política colombiana, como tantas veces ha
ocurrido, se mueva otra vez hacia el pacifismo y el apaciguamiento. Si bien no
tienen la fuerza para una ofensiva a gran escala, si pueden desatar una ola de
terrorismo con la intención de socavar la voluntad popular para enfrentar la
subversión. Vendría entonces, en el escenario deseado por las FARC, otro
Belisario que reduciría el gasto militar e iniciaría conversaciones de paz,
evento que aprovecharían para recuperar el terreno perdido.
La historia demuestra, en efecto,
que la suerte puede cambiar. El ELN estuvo prácticamente aniquilado, pero el
presidente Alfonso López ordenó levantar el cerco militar que los habría
eliminado. Pudieron así recuperarse para asesinar y secuestrar a miles de
colombianos. El M-19 se salvó en forma similar cuando llegó al poder Belisario
Betancur. Las mismas FARC han aprovechado todos los fallidos procesos de paz
para fortalecerse. ¿Por qué no habría de
ocurrir lo mismo una vez más?
Pero conviene analizar algunos
hechos para determinar si las FARC están replegadas por estrategia o por
necesidad, y si están “intactas”, o más bien golpeadas. La realidad es que han
perdido territorios que dominaban. Entre los territorios perdidos los más
significativos son Cundinamarca, parte de Antioquia, y Arauca. Han sufrido la
captura o baja de muchos mandos medios importantes: comandantes y segundos
comandantes de frente, jefes de finanzas y logísticos. Si bien pueden recuperar
las pérdidas de combatientes rasos, los cuadros son más difíciles de reemplazar.
Perdieron también por captura
dirigentes importantes como Granda, Trinidad, Sonia y Chigüiro; y los miembros
de su organización diplomática no pueden actuar abiertamente en Europa, Canadá o
Estados Unidos. Desde el Caguán, el Mono Jojoy anunció en 2001 que la guerra se
trasladaría a las ciudades. En efecto las FARC cometieron sangrientos actos
terroristas, pero muchas de sus estructuras fueron descubiertas y desmanteladas.
La historia indica que sin apoyo masivo de la población la acción urbana nunca
ha sido viable. En las ciudades la guerrilla es vulnerable porque no puede
controlar el movimiento de la población y sus integrantes son
delatados.
Las finanzas de la organización
han sido golpeadas por la reducción de los secuestros y la extorsión y por la
dificultad para exportar cocaína, negocio que además se ve amenazado por la
reducción del consumo en Estados Unidos (en parte por la sustitución por drogas
sintéticas). Ha mejorado la colaboración con Brasil, Ecuador y Perú para
enfrentar el tráfico.
Como punto positivo para las FARC
es necesario anotar la consolidación de Chávez en Venezuela, donde podrán
contar, en alguna medida, con un refugio seguro, pero los servicios de
inteligencia colombianos han demostrado una cierta capacidad para detectarlos.
El gobierno Chávez, por ejemplo, se vio obligado a entregar a alias Chigüiro.
El control de los ríos ha
implicado dificultades logísticas para movilizar insumos para la producción de
coca y para el transporte de municiones. Las FARC están sufriendo una escasez de
munición 7.62X39, el calibre de los fusiles AK47 que utilizan. Esto significa
que los combatientes no pueden hacer su práctica de tiro y pierden capacidad de
combate. Tal vez este problema se corrija con la producción venezolana de
munición de ese calibre dentro de unos meses, pero actualmente es una limitación
importante.
¿Cuáles son las implicaciones
prácticas de esta debilidad? Una de las demostraciones del poder de las FARC,
habituales en años pasados, era la toma de poblaciones. En los últimos intentos,
Toribío e Iscuandé no lograron hacerlo. La presencia de la Policía en todos los
municipios, reforzada con soldados campesinos, ha hecho que el asalto a
poblaciones resulte muy costoso para la guerrilla. En unas oportunidades son
detectados y atacados en la aproximación, y en otras, duramente golpeados en la
retirada por la Fuerza Aérea.
Eduardo Pizarro, un analista muy
competente, anota que el repliegue en la selva inhóspita tiene un costo muy alto
para la guerrilla. Añadimos nosotros que, si bien se sospecha que los jefes
pueden esperar cómodamente en Venezuela, los combatientes rasos sufren
enfermedades tropicales graves (Leichmaniasis, paludismo, micosis y otras), y la
inactividad reduce su moral. El repliegue no es entonces una solución que puedan
mantener por mucho tiempo. Si no gana las próximas elecciones un candidato cuyas
políticas impliquen un respiro para la subversión, el repliegue se puede
convertir en un desmoronamiento definitivo. Pueden recurrir mientras tanto a
algunos actos de terrorismo, buscando socavar el respaldo de la opinión al
gobierno, pero eso puede no lograr el objetivo, y tiene un costo político en el
ámbito nacional e internacional muy alto. Por eso son tan importantes las
elecciones venideras. Un gobierno que mantenga la política de seguridad puede
lograr el final del conflicto.
Fuente: Centro de Análisis
Sociopolíticos
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