No existe todavía una política externa común europea, como se ha demostrado ampliamente en el Medio Oriente, e individualmente ningún país significa mucho para nosotros. Uno sólo, el Reino Unido, ayuda en forma significativa en nuestra lucha contra el terrorismo. España fue un aliado leal mientras el Partido Popular estuvo en el poder. El actual gobierno, que incluye a una izquierda extrema que muestra cierta simpatía frente a la subversión marxista, ya no es un aliado decidido.
Seguridad
Es bueno recordarle a los franceses que Colombia no queda en África y que no confundan la amabilidad, a veces exagerada, que caracteriza a nuestra diplomacia con sumisión. No tenemos por que humillarnos ante el gobierno de un país cuya grandeza murió con Napoleón. Hoy es una potencia de tercera clase, que ha hecho poco o nada positivo por nosotros. Es un país de lo que George Bush acertadamente llamó “la vieja Europa”; un continente que envejece y se ve abrumado por una inmigración africana y árabe que está ahogando su identidad cultural.
¿Qué representa hoy Europa para Colombia? No existe todavía una política externa común europea, como se ha demostrado ampliamente en el Medio Oriente, e individualmente ningún país significa mucho para nosotros. Uno sólo, el Reino Unido, ayuda en forma significativa en nuestra lucha contra el terrorismo. España fue un aliado leal mientras el Partido Popular estuvo en el poder. El actual gobierno, que incluye a una izquierda extrema que muestra cierta simpatía frente a la subversión marxista, ya no es un aliado decidido. A todo esto hay que añadir que Europa se ha convertido en un importante cliente de los narcotraficantes, y el tráfico de drogas es el combustible del terrorismo que nos azota. Los esfuerzos de la mayoría de los países para enfrentar el tráfico no son convincentes.
Lo que si se encuentra en Europa es una gran concentración de ONG que prestan socorro y auxilio a los narcoterroristas, siempre y cuando profesen estos una ideología marxista. Los funcionarios europeos de Naciones Unidas parecen ser más amigos del ELN y las FARC que del gobierno legítimo de nuestro país.
La razón única del interés de Francia por el secuestro en Colombia es que la locuaz senadora Betancur es ciudadana doble, francesa y colombiana, por razón de matrimonio. La hermana de Ingrid, Astrid, es la actual esposa o compañera del anterior embajador de Francia en Colombia, el señor Daniel Parfait, quien ocupa un cargo importante en la cancillería gala. Los miles de secuestrados que son simplemente colombianos no tienen importancia para Francia. En ese país, la izquierda ha logrado convertir el secuestro de Ingrid en una herramienta, no contra las FARC, que la secuestraron, sino contra el gobierno colombiano. Es usual que un gobierno se interese por sus ciudadanos y muy poco por terceros, pero es necesario tener en cuenta que cuando se produjo el secuestro de Ingrid, esta estaba actuando como colombiana y no como francesa.
Vale la pena recordar que la senadora Betancur contribuyó a su secuestro por su propia irresponsabilidad. Desconoció la naturaleza de las FARC y pensó que por ser tan importante, no la secuestrarían. Meses antes las FARC habían anunciado su intención de secuestrar políticos. A pesar de este antecedente, Ingrid no hizo caso a la recomendación de las autoridades de que se abstuviera de viajar por tierra a la zona de distensión, recién levantada.
Todas las personas de bien, por supuesto, queremos ver libres a la senadora y a todos los secuestrados, trátese de políticos, policías, militares o civiles comunes y corrientes. Escuché a Yolanda Pulecio argumentar, para justificar el inmenso costo que implicaría el canje de secuestrados por cabecillas de las FARC encarcelados, que “Ingrid es muy valiosa”. Es lo que diría cualquier madre ante el secuestro de un hijo. Y es muy valiosa, claro está, para sus familiares; lo mismo que todos los otros secuestrados para sus allegados.
El gobierno colombiano también desea ver libres a los secuestrados, pero está obligado a considerar el precio de un trato con las FARC. Y hay poderosos argumentos en contra del canje y la negociación del mismo. En primer lugar sería ingenuo pensar que sería una negociación rápida. Las FARC la prolongarían durante meses, sino años, para consolidarse en el “despeje” que piden. Y finalmente quedarían libres, para fortalecer sus cuadrillas, un centenar de peligrosos secuestradores y asesinos. El precedente sería funesto. En adelante, cada vez que las FARC quieran algo, sólo necesitan secuestrar a un personaje. ¿Para que arriesgar la vida de soldados y policías, dedicados a capturar terroristas, si estos siempre van a salir libres por un nuevo canje? ¿Quién le responde a los futuros secuestrados y muertos, víctimas de los terroristas liberados? Por supuesto, merecen nuestra solidaridad los secuestrados y sus familiares. En algunos casos el suplicio lleva más de cinco años. Pero no se puede ceder al chantaje de las FARC.
El caso de Ingrid se ha convertido en una herramienta política en Colombia y en Europa; una herramienta de las FARC y de políticos insensatos o cínicos (escoja el lector) como Alfonso López, el mismo que ordenó dejar salir al ELN del cerco militar. También lo apoya Ernesto Samper, quien acoge cualquier causa para mantenerse vigente. En Francia, es la causa de la izquierda, que vuelve en contra de la democracia colombiana un acto de barbarie de los terroristas de sus afectos.
Fuente: http://www.cas.org.co
// OTROS TEMAS QUE TE PUEDEN INTERESAR