“La libertad realmente está recibiendo duros golpes en Washington, y ambos partidos merecen parte de la culpa. En el caso de los Republicanos: me acuerdo cuando este partido solía creer que la Constitución de los Estados Unidos estableció un gobierno de poderes estrictamente limitados. Se suponía que éste nos iba a proteger de amenazas externas, entregar el correo y dejar todo lo demás a varios estados o al sector privado―individuos, familias, iglesias, caridades y negocios.”
Políticas Públicas
Yo pienso que eso es lo que muchos votantes asumieron iban a recibir cuando
votaron por George W. Bush. Bush hizo su campaña alrededor del país diciéndole a
los votantes, “Mis oponentes confían en el gobierno; yo confío en ustedes”. Esa
fue la promesa que escuchamos en el 2000. ¿Cuál ha sido la realidad?
El
gasto federal se ha incrementado bajo el mandato del Presidente Bush. Se podría
decir: “El gasto federal siempre incrementa. No parece que podamos parar eso.”
Pero―sin contar el pago de intereses, los cuales han bajado―el gasto federal
subió 29 por ciento en 3 años. ¿Sabe usted quién fue el último presidente en
gastar a ese ritmo? Lyndon Johnson.
El gobierno ha crecido en otras
maneras también. Hay más empleados federales en asuntos no relacionados con
defensa que nunca antes. La educación ha sido federalizada aún más con el No
Child Left Behind Act. Los conservadores solían querer deshacerse del
departamento de Educación; ahora la administración lo está convirtiendo en un
consejo nacional de escuelas.
Bush torció cada brazo en el Congreso para
pasar el programa más grande de otorgación de derechos en 40 años―la provisión
de prescripciones de medicinas por Medicare. La administración dijo que iba a
costar $400 mil millones en los primeros 10 años―lo cuál ya era bastante malo.
Después del voto, autoridades de la administración revelaron que sería un tercio
más que eso. Y eso es por un programa que ya ha acumulado una deuda sin fondos
por la inimaginable suma de $37 millones de millones.
El presidente ha
propuesto un proyecto de ley de energía que mi colega Jerry Taylor llama “una
combinación de caridad y subsidios para virtualmente cada lobby de energía en
Washington”.
Y eso son sólo las cosas grandes. Podría seguir y seguir
sobre programas Clintonianos: un nuevo automóvil impulsado por hidrógeno,
mentores subsidiados para adolescentes con problemas, consultoría matrimonial
subsidiada, y más.
Y ese es sólo el record económico del presidente.
También tenemos el Patriot Act de John Ashcroft y la expansión sin precedentes
de las fuerzas federales del orden y poderes de vigilancia. El hombre que dijo
“Mis oponentes confían en el gobierno; yo confío en ustedes” está ahora
presionando por comparecencias secretas, ordenes de cateo secretas, arrestos
secretos y juicios secretos. Ciudadanos norteamericanos están siendo encerrados
sin acceso a un abogado o a un juez civil imparcial.
Republicanos de
Gobierno Grande Por supuesto que no quiero echarle toda la culpa al Presidente
Bush. Un Congreso Republicano fue el que aprobó los gastos para todos esos
proyectos de ley y el Patriot Act. Cuando Bush propuso una secuela al Patriot
Act el otoño pasado, un Republicano de Capitol Hill declaró al New York Times:
“Este es el p residente hablando. Tenemos que apoyar al presidente tanto como
podamos”. Esa no es la actitud que James Madison esperaba que los miembros del
Congreso tuvieran hacia el presidente.
Miembros Republicanos del
Congreso proponen leyes federales para obviar la ley consuetudinaria de los
estados respecto a demandas por armas y comida rápida―y una Enmienda Matrimonial
Federal para decirle a todos los 50 estados que ellos ya no pueden hacer sus
propias leyes matrimoniales.
Demócratas de
Gobierno Grande
Nada de esto sugiere que los Demócratas
serían mejores. Podría enumerar todos los incrementos del gasto que Kerry ha
propuesto, pero no tengo tiempo―es una lista muy larga. Los Demócratas se han
opuesto a las reformas de los beneficios otorgados bajo Medicare y demandado
beneficios aún mayores en la prescripción de medicinas. Dicen estar preocupados
por el déficit federal, pero han sido extremadamente irresponsables frente a
deudas multi-billonarias sin fondos.
Los Demócratas han prácticamente
renunciado al libre comercio, algo que incluso Bill Clinton respaldó. Volverían
a pasar el Smoot Hawley este otoño si pudieran.
Algunos candidatos
presidenciales de los demócratas se opusieron a la guerra en Irak, pero luego
llamaron a enviar tropas norteamericanas a Haití y Liberia―países los cuales
podemos estar absolutamente seguros que no son vitales para los intereses de los
Estados Unidos. Todos los senadores que se postularon para presidentes este año,
junto con Dick Gephardt, votaron para otorgar al presidente un cheque en blanco
para afrontar la guerra en Irak. Ellos claman defender las libertades civiles,
pero cada uno de ellos votó por el Patriot Act―sin siquiera leerlo.
Gobierno Descontrolado
Estos días, tenemos un gobierno fuera de control. La Administración de
la Seguridad y Salud Ocupacionales (OSHA por sus siglas en inglés) trató de
regular los espacios de trabajo en nuestras propias casas. Arrestamos a un
millón de personas al año en un intento fútil de ganarle la guerra a las drogas.
La última locura en esa guerra es la DEA yendo tras doctores que prescriben
medicamentos para el dolor para pacientes adoloridos. Gobiernos en todos los
niveles están tratando de forzar a nuestros hijos a ir a escuelas públicas, que
fracasan, por más horas, más días, y más años. El Departamento de Justicia trató
de robarse la mitad de la compañía que Bill Gates construyó. Gobiernos están
poniendo más regulaciones en contrataciones, despidos, contabilidad, fumar,
tomar, comer y otra cantidad más de cosas.
Pero no se preocupe:
recientemente cortes federales y comisiones federales han determinado que el
gobierno federal no fue responsable por el tiroteo de Vicki Weaver en Ruby
Ridge, tampoco por el asesinato de un soldado gay en su barraca, ni por las
muertes en Waco―y, parece que el gobierno no es responsable por nada, jamás.
¿Quieren los Votantes un Gobierno
Grande?
Ahora, vale la pena pausar para preguntarse:
¿puede ser que ambos, Demócratas y Republicanos, le están dando a los votantes
lo que quieren?
No lo creo. Cuando se les da la oportunidad de votar, a
los estadounidenses no les gusta el gobierno grande. En el 2002, 45 por ciento
de los votantes en Massachusetts, el estado más izquierdista de la Unión, votó
por abolir el impuesto estatal al ingreso, a pesar de las horrendas advertencias
de incluso líderes conservadores que la medida arruinaría los servicios vitales.
El otoño pasado, votantes en Alabama rechazaron el incremento de impuestos por
mil millones de dólares de su gobernador Republicano conservador. Cuando los
votantes de California expulsaron al gran gastador de su gobernador, 62 por
ciento votó para reemplazarlo con un candidato que prometiese no subir los
impuestos. Votantes incluso rechazaron un impuesto al café en Seattle.
El año pasado, los votantes liberales de Oregon votaron 55-45 para
rechazar una propuesta de incrementar impuestos, por lo tanto demandando a la
legislatura recortar el gasto. Cuando la legislatura desafió a los votantes e
incrementó los impuestos de todas maneras, los votantes revirtieron el
incremento impositivo por un mayor margen.
Cuando tienen la alternativa,
los estadounidenses rechazan el gobierno grande. El problema es que tenemos una
clase dominante permanente en Washington que se ha hecho en gran medida
impermeable a las elecciones. La gente dice “nosotros no necesitamos límites de
mandato, tenemos elecciones”. El problema es que tenemos elecciones con una tasa
de reelección del 99 por ciento. Solía ser que los votantes en un distrito
congresal escogían a una representante al Congreso; ahora miembros del Congreso
eligen a los votantes para representar. Falsificación de elecciones,
restricciones de financiamiento a las campañas y otras reglas electorales hacen
muy difícil para personas independientes entrar al sistema.
Una Sensación de Perspectiva
Cuando tomamos una perspectiva más amplia, las cosas no se ven tan
desalentadoras. Cuando nos ponemos a pensar por todo lo que la raza humana ha
pasado ¾ conquista y subyugación, teocracia, esclavitud, feudalismo, monarquía
absolutista, dictadura militar, comunismo, fascismo, socialismo nacional ¾ nos
damos cuenta que los sistemas políticos y económicos de más y más parte del
mundo cada vez reflejan una gran cantidad de aprendizaje y mejoramiento. Hoy en
día, vivimos en sociedades basadas en gran parte en derechos de propiedad,
relaciones mercantiles, el imperio de la ley, tolerancia religiosa, e igualdad
legal para personas de diferentes clases, razas, y sexos. Y debido a eso hemos
avanzado enormemente en los últimos dos siglos en cuanto a salud y expectativas
de vida. Ese es un tremendo logro.
El Cato Institute celebró su 25to
aniversario unos tres años atrás. Y preparándome para escribir sobre eso, pensé
en los 25 años que habían pasado. Pensemos nuevamente en los setentas.
Recordemos como era el mundo entonces: Jimmy Carter. Tip O´Neill. Czares en
energía. Líneas de gas. Aguda inflación. ABC-NBC-CBS. Mao Tse-tung. La Unión
Soviética. Apartheid. Era un mundo diferente.
Un líder estadista
intelectual, el Sen. Daniel Patrick Moynihan, escribió en 1976, en el tiempo del
bicentenario norteamericano:
La democracia liberal en el modelo
estadounidense tiende crecientemente a la condición de monarquía del siglo XIX;
una forma consecuente de gobierno que persiste en lugares aislados o
particulares aquí y allá. Es donde el mundo estaba, no hacia donde va.
Crecientemente, la democracia es vista como un arreglo peculiar de un manojo de
países del Atlántico Norte.
Qué equivocado estaba. Bajo la superficie
las cosas estaban cambiando, pero incluso gente inteligente como Moynihan no lo
veía. Algunas de las debilidades que llevaron a Moynihan a este pesimismo ¾
tales como la desastrosa triple jugada de Vietnam, Watergate y la estanflación
por parte del gobierno federal ¾ erosionó la confianza depositada en el gobierno
por el New Deal, la Segunda Guerra Mundial y la próspera década de los
cincuentas. Las ideas que F.A. Hayek, Ayn Rand, Milton Friedman y otros habían
expuesto por décadas, empezaban a echar raíces. Políticos como Margaret Thatcher
y Ronald Reagan, quienes habían leído a esos autores disidentes, estaban
planeando sus desafíos al consenso del estado benefactor, y miles de otros
lectores estaban preparándose para unirse a sus campañas.
De manera aún
menos obvia, allá por 1977, los líderes soviéticos habían perdido confianza en
la ideología Marxista que justificaba su poder y ese hecho iba a tener
consecuencias tremendas en mucho menos tiempo de lo que la gente esperaba. En
China, Mao acababa de morir, y su viejo camarada Deng Xiao-ping estaba
maniobrando hacia el poder. Su victoria tendría consecuencias que nadie pudo
haber anticipado en 1977.
Veinticinco años después, el mundo ha cambiado
tanto que difícilmente podemos recordar como era 1977. Reagan y Thatcher
movieron la política pública en dirección a menos impuestos, menos regulación y
privatización. Ellos tuvieron un mayor impacto en la cultura política, tanto en
sus países como alrededor del mundo. Ambos representaron y alentaron una nueva
apreciación por los mercados y el empresariado. El optimismo de Reagan ¾
combinado con la montaña de datos acumulados por Julian Simon ¾ ayudaron a
disipar el desastre y pesimismo de los setentas.
Reagan y Thatcher
hicieron poco por cambiar el estado benefactor. Pero al fortalecer la economía y
ayudar a la gente a apreciar los beneficios del empresariado y la inversión,
contribuyeron a una mayor demanda de reformas.
La Revolución Mundial de Libre Mercado
En
el extranjero, los cambios han sido aún más dramáticos. El Imperio Soviético
cayó. Hemos visto una tendencia mundial hacia el libre comercio y libre
cooperación económica a través de barreras nacionales.
El desarrollo
económico de China ha sido increíble. Deng Xiao-ping liberó a granjeros para
mantener más de las cosechas que ellos producían. Fueron capaces de cosechar
suficiente comida para permitir que varios se vayan de las granjas a hacer otras
cosas. Deng legalizó los municipios y las empresas privadas.
Cuando Cato
organizó una conferencia en Shanghai en 1988, China era aún bastante pobre.
Shanghai era una ciudad enorme sin casi ningún edificio alto. Desde el 16to piso
del Shanghai Hilton, observé a través de millas de casuchas el Sheraton en la
distancia. No había nada en el medio. Habían algunas cuantas tiendas y
restaurantes y no tenían mucho que vender, y a nadie parecía importarle querer
venderte algo.
Tuvimos otra conferencia en 1997. Fue también en el
Shanghai Hilton. Cuando llegué ahí eran alrededor de las 10 de la noche, salí a
caminar alrededor del vecindario y era dramáticamente diferente. Alrededor de
mí, había bares, discotecas, restaurantes, puestos de frutas y granjeros
vendiendo sandías de sus camiones. Era un mundo empresarial. Y el horizonte de
la ciudad no se había convertido exactamente en Manhattan, pero estaba
probablemente en la escala de Houston ¾ un cambio asombroso.
Recientemente se publicó un titular en el New York Times que puede haya
resumido todo esto: “En China, el Capitalismo es posiblemente el Futuro del
Comunismo”. Trate de imaginarse éste titular en 1977.
La Batalla por la Libertad Continúa
Alrededor del mundo, la libertad está ganando terreno. Pero la batalla
por la libertad y el gobierno limitado está en urgente necesidad por un renovado
compromiso aquí en casa. Estos días en Norteamérica tenemos líderes
conservadores que rechazan a Calvin Coolidge y Barry Goldwater como sus
antecesores a favor de Teodoro y Franklin Roosevelt. Esos conservadores de
“gobierno grande” dicen admirar a Ronald Reagan, pero jamás hubiesen apoyado al
Ronald Reagan que dijo lo siguiente en su discurso más famoso:
La idea
de que el gobierno se debe a su gente, que no tiene otra fuente de poder excepto
su gente soberana, es aún la más nueva y única de las ideas en la larga historia
del hombre con relación al hombre. Este es el asunto [que nos enfrenta]:
O creemos en nuestra capacidad para autogobernarnos, o abandonamos la
Revolución Norteamericana y confesamos que una pequeña élite intelectual en una
capital distante puede planear mejor nuestras vidas de lo que podemos planearla
nosotros mismos.
A ti y a mí nos dicen cada vez más que tenemos que
elegir entre la izquierda o la derecha, pero yo quisiera sugerir que no existe
tal cosa como la izquierda o derecha. Sólo existe un arriba o un abajo ¾ arriba
hacia el viejo sueño del hombre ¾ lo máximo en libertad individual consistente
con la ley y el orden ¾ o abajo hacia el totalitarismo, e independientemente de
su sinceridad, sus motivos humanitarios, aquellos que intercambiarían nuestra
libertad por seguridad se han embarcado en este rumbo en declive.
Ese es
el tipo de liderazgo comprometido y de principios a favor de un gobierno
limitado que necesitamos hoy en día. Con líderes políticos de ambos partidos
entregándonos un gobierno grande, esta debe ser nuestra tarea ¾ tratar de hacer
llegar el mensaje que los Estados Unidos se beneficiaría de un gobierno más
pequeño… y que los norteamericanos quieren menos gobierno.
Traducido por Augusto Ballester para Cato Institute.
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