“fuese derecho a la villa de Palos [donde] hay buenos y cursados hombres de mar”.
(Bartolomé de las Casas, “Historia de las Indias”, cap. III, Lib. I).
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Sábado, 15 de agosto 2026

Puerto histórico de Palos
“fuese derecho a la villa de Palos [donde] hay buenos y cursados hombres de mar”.
(Bartolomé de las Casas, “Historia de las Indias”, cap. III, Lib. I).
La llegada de Colón a Palos de la Frontera en 1485, tras su fracaso en Portugal, donde no fue aprobado por el Rey Juan II su proyecto empresarial de llegar a la India navegando por el Oeste, no fue casual, como tampoco lo fue en 1492 la salida desde su puerto hacia el Poniente.
Para algún autor, Colón y su hijo entraron a pie en Castilla por el punto de Castro Marím-Ayamonte, aunque para otros lo hizo en alguna nave genovesa arribada al puerto de Palos. Esta villa era muy pequeña, con unos seiscientos vecinos y moradores, sin contar “la gente de la mar que continuamente vienen a dicha villa”, dedicados principalmente a los trabajos del mar, la pesca de bajura y de altura, y a la piratería.
El motivo de su partida de Portugal pudo estar en el despecho por el rechazo de su proyecto y el posterior encargo al flamenco Fernando Dulmo de hacer a escondidas la ruta propuesta por Colón, que no tuvo éxito. Hay quienes apuntan otras posibles causas: el haber robado Colón un secreto de Estado, el mapa y otros documentos del físico o médico veneciano Paolo Toscanelli, que también había defendido infructuosamente la idea de ir al Este por el Oeste; la prisión por deudas que se cernía sobre el navegante; o por la ejecución del duque de Viseu, primo del rey Juan II, como consecuencia de una conjura contra él (la mujer de Colón estaba vinculada a los Viseu).
Las estancias de Colón en Palos de la Frontera, concretamente en el monasterio de La Rábida, donde fue bien acogido por sus monjes, han sido tres: primavera de 1485, otoño de 1489 y primavera/verano de1492.
La primera estancia de Colón en Palos fue en la primavera de 1485. Fueron varias las razones que llevaron a Colón a Palos. 1ª) Para sacar adelante su proyecto, necesitaba que alguien cuidase de su hijo Diego, de unos cinco o seis años, pues su mujer Felipa Muñiz de Perestrello había fallecido en Portugal. Y para ese cuidado nada mejor que llevar al pequeño Diego a la casa de su tía Briolanja Muñiz de Perestrello, casada con el aragonés Miguel de Muliart (luego iría en el segundo viaje de Colón). Su cuñada vivía en San Juan del Puerto, población cercana a Palos. Además, en Huelva vivía Iseu Perestrello, una media hermana de su mujer Filipa, casada con Pedro Correa, capitán donatario de la isla de Porto Santo. 2ª) Colón, muy devoto, era un terciario de la orden de San Francisco (Emilia Pardo Bazán), que gestionaba el Monasterio de Santa María de la Rábida, próximo a Palos. Un terciario de aquella época era algo parecido a lo que hoy en día es un supernumerario del Opus Dei, es decir, una persona que sigue la regla de San Francisco, pero que puede casarse y tener hijos. Nuestro protagonista, sin recursos económicos, iría al Monasterio con una carta de recomendación, algo ya muy habitual en aquellos tiempos. Esta sirvió para que los monjes recibiesen al extranjero con los brazos abiertos. Los frailes tenían mucho conocimiento sobre la navegación marítima en alta mar, pues durante años habían ayudado a los reyes de Castilla y a los marineros de la zona en la conquista de las islas Canarias. Alguno de ellos era “estrellero” o astrólogo, como al padre Antonio de Marchena, que tanto ayudó a Colón. Marchena dio a Colón una carta de recomendación para que la presentase a fray Hernando de Talavera, confesor y consejero personal de la reina Isabel, gracias a la cual tuvo su primera entrevista con la reina en Alcalá de Henares. Colón ponía en Palos la primera piedra de uno de sus dos lobbys o grupo de presión que tantos servicios le prestaron en la consecución de la aprobación final de su proyecto, el de las órdenes religiosas. El otro grupo de presión fue el de los conversos (Salvador de Madariaga, Simón Wiesenthal y otros sostienen que Colón eran de origen judío). En aquella época los religiosos y los conversos rodeaban a los reyes de Castilla, eran sus principales asesores. 3ª) Palos con Moguer y Huelva en Castilla, al igual que Sagres en Portugal, eran puntos estratégicos, pues ahí habitaban en aquellos tiempos los hombres de mar con mayor experiencia en la navegación de altura frente a la costa africana, impulsados por las conquistas en el siglo XV de los archipiélagos de las Azores, Madeira, Cabo Verde y Canarias. 4ª) Colón conocía a los buenos y cursados hombres de mar de Palos y sus alrededores, tanto por sus actividades marítimas lícitas como ilícitas. Como muestra de ello: “el bien de dicha villa [eran sus] navíos” (Ordenanzas Municipales de 1484); “todos los del pueblo [conocen las] cosas de la mar y…navegaciones” (P. Mártir de Anglería); el secuestro de un rey guineano, contado por los cronistas; las armadas palenses en la guerra hispano-lusa; conocían el régimen de vientos y corrientes al sur de Canarias; tenían experiencia en el cabo de Bojador en Guinea, “allí dnde tenían el debate los de Palos con los portugueses” (Colón).
La segunda estancia de Colón en Palos fue, en el otoño de 1491, donde conoce a fray Juan Pérez y conversa con marineros de la zona. El motivo de esta estancia fue la desesperación, pues llevaba más de seis años tras los reyes de Castilla, sin que su proyecto madurase, corriendo el peligro de que los portugueses llegasen a Asia antes que él (Bartolomé Díaz había llegado ya en 1488 al cabo de Buena Esperanza). El rey de Inglaterra, Enrique VII, había rechazado el proyecto al que había sido convidado por su hermano Bartolomé Colón y él se disponía a hacerlo con el rey de Francia, Carlos VIII, el Cabezudo. Fray Juan Pérez, que fue quien escuchó a Colón en esta ocasión, le hizo saber que en su juventud había sido contador de la reina y que tenía buena relación con su entorno. El fraile escribió a la reina ponderando los aspectos del proyecto colombino. La reina llamó al fraile a la corte y tras hablar con ella, esta decidió llamar a Colón a su presencia, para lo cual le hizo un envío de algo de dinero o ayuda de costa, para que “el hombre de la capa raída” comprase ropa y alquilase alguna mula que le llevase a Santa Fe. Estaba muy próxima la caída del reino de Granada.
En esta segunda instancia de Colón en Palos éste trató con conocidos y amigos de la zona, tales como Pero Vázquez de la Frontera (para algunos era Pedro de Velasco, hermano lego de La Rábida), criado del rey de Portugal, que en 1452 navegó a su servicio en la expedición de Diego de Telve en busca de la isla Antilia, llegando a la latitud de los Caballos y al mar de yerbas y descubriendo la isla Flores (Azores); el físico García Fernández, que participaría en la expedición de Vicente Yáñez Pinzón a Brasil (1499); Juan Rodríguez Cabezudo, hacendado de Moguer que alquiló alguna mula a Colón; Miguel Sánchez (clérigo de Moguer) y puede que tuviera un primer conocimiento de los hermanos Pinzón.
La tercera estancia de nuestro navegante en Palos fue entre mayo y agosto de 1492. El 17 de abril de 1493 Colón había firmado las Capitulaciones de Santa Fe, su gran contrato blindado de alta dirección. Tras ello tocaba hacer los preparativos logísticos para poder zarpar rumbo a lo desconocido y fue Palos la localidad elegida para ello, no por casualidad. Los reyes tenían obligada a la villa de Palos con dos carabelas por tres meses. Esta obligación tuvo su origen en algunos “deserviçios” de los vecinos de Palos: el incumplimiento del tratado de Alcazobas al navegar como piratas a Guinea y capturar a un rey nativo, y por no armar en 1486 unas carabelas para una expedición Maldonado a Nápoles. Además, el deseo de los reyes era que partiese la armada de un puerto de la Corona o de realengo. Salvo el de Sevilla, todos los demás puertos de Andalucía eran señoriales, de ahí que los reyes iniciasen en 1483 su política de rescate de puertos, comprando Puerto Real en Cádiz (Jerez), incorporando los de Málaga (1487) y Almería (1489), tras sus respectivas reconquistas. y comprando el 24 de junio de 1492 a los hermanos Silva el cincuenta por ciento de la villa de Palos por dieciséis millones cuatrocientos mil maravedíes. Quedaba así asegurada la salida hacia Oriente desde un puerto real (En enero de 1493 expropiarían la ciudad y el puerto de Cádiz, indemnizando a su dueño, don Rodrigo Ponce de León, con la villa de Casares. Cádiz sería la base de partida del segundo viaje y de muchos otros, un puerto libre de toda injerencia de los señores andaluces).
Fletar tres naves y enrolar 90 hombres para el primer viaje no fue nada fácil. El pregón inicial fue un fracaso. Se embargaron dos carabelas de Moguer y se alistaron cuatro delincuentes. Pero gracias a la intermediación de fray Antonio de Marchena ante Martín Alonso Pinzón, hombre de posibles y de prestigio, que volvía de un viaje al puerto de Ostia, entablaron negociaciones Colón y Pinzón, llegando a un acuerdo final. Tras esta negociación, el 23 de junio de 1492 pusieron mesa de enrolamiento en Palos y en Moguer, logrando reclutar el personal necesario. También se fletaron las naves más famosas de la navegación mundial, dos carabelas y una nao: la Pinta, la Niña y la Santa María.
El 2 de agosto de 1492, tras celebrar en Palos la romería en honor a la patrona del convento de la Rábida, la Virgen de los Milagros o Nuestra Señora de la Rábida, toda la tripulación se embarcó (sin religiosos y sin mujeres), para zarpar al día siguiente, 3 de agosto de 1492, rumbo a las islas Canarias, para de ahí navegar hacia lo desconocido, hasta llegar a lo que Colón llamó las Indias, donde topó con un Mundo Nuevo, habitado por “gente muy pobre de todo” y “desnuda”. Luego se llamaría América.
Por Luis Reverte Lledó, autor del libro “Cristóbal Colón, navegante y empresario”, Ediciones Vitruvio, Madrid, mayo de 2026.
Imagen de portada: Puerto histórico de Palos
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