No sorprende que las ventas de la obra El Capital hayan aumentado, sobre todo si tenemos en cuenta que desde la izquierda a la derecha, se habla del colapso definitivo del libre comercio, tesis ésta que el autor cuestiona.
Paul Laurent
Un despacho de una agencia de noticias alemana refiere que las ventas de El Capital de Marx han aumentado considerablemente a raíz de la presente crisis financiera internacional. Ello no es de extrañar, sobre todo si advertimos que desde izquierdas (Lula y los Kirchner) a derechas (Bush y Sarkozy) se señala que estamos ante el definitivo colapso del laissez-faire, laissez-passer.
Que el Estado regulador haya fracasado nuevamente se toma como palpable muestra de que el mercado no puede regirse por sí solo. ¿Leyó bien? ¿Captan la incoherencia? Cómo puede naufragar lo que nunca ha estado en la mar. He ahí los coros de quien juzgaba que el orden burgués es funesto por llevar en su seno la apetencia por el lucro y la competencia.
Bueno, exactamente ello fue lo que Marx (y Engels) expresó en el Manifiesto comunista de 1847. Exactamente el año en que Marx recién se trasladaría a Inglaterra en la década del cincuenta de esa centuria, la ciudad donde haría sus “profundos” estudios económicos.
En ella redactará Das Kapital. En el mismo momento en que se estaba dando inicio a un completo replanteamiento teórico de la economía. Por ejemplo, en 1854 Gossen argumentaba que era absurdo concebir que desde el poder político se pueda concebir cada una de las necesidades de la gente. Después vendrían Jevons, Menger y Walras; en todos se incide en la constitucional relevancia que tiene el aspecto psicológico (lo subjetivo) en la formación del precio.
Por los tiempos en que ello sucedía y el impacto de lo planteado, Hayek intuye que la lectura de los aportes de Jevons y Menger hizo que Marx renuncie a seguir con la redacción de El Capital.
Con mayor razón, el desfase se radicalizó cuando póstumamente (1885 y 1894) aparecieron los siguientes dos tomos de su magnus opus. Aunque claro, ello no fue culpa de Marx (muerto en 1883), sino de Engels. Fue él quien llevó a cabo la tarea de “terminar” el resto de El Capital, y si tenía que proceder a “actualizarlo”, lo haría.
En 1895 el italiano Achille Loria advirtió que contradictoriamente a lo señalado en el primer volumen, en el tercero “Marx” se adscribía a la teoría subjetiva del valor.
Quizá los dieciséis años que separan la aparición del primer tomo y del segundo sea una señal. Ya por entonces se vivía en medio del vituperado capitalismo decimonónico. Evidentemente, Marx se había quedado en el tiempo. Después del primer volumen no volvería a publicar nada referente a asuntos económicos. Su siguiente obra sería La guerra civil en Francia (1871). Luego Crítica del programa de Gotha (1875, publicada póstumamente en 1891). Después, silencio…
Sus seguidores han insistido que en el momento de su muerte (el 14 de marzo de 1883) Marx estaba preparando el cuarto volumen. Sí, el cuarto. A pesar que en vida sólo publicó el primero, el segundo lo dejó a medio hacer y el tercero ni lo empezó.
Ya en este escenario póstumo, Böhm-Bawerk sería quien se encargue de demoler los postulados económicos del comunismo moderno partiendo de la noción de “preferencia en el tiempo”: el interés del capital es el precio del intercambio entre bienes presentes y futuros. Se apuntala lo subjetivo.
A partir de entonces las diferencias entre pareceres propiamente económicos y políticos serán sencillos de advertir. Empero el marxismo ya no era un referente racional, sino irracional. Tal es El Capital que regresa. Uno de esos disparatados remedios que, al más puro estilo del Barón de Münchhausen, pretende invitarnos a “salir del hoyo” tirándonos de los cabellos.
La versión completa de este texto puede verse en http://acrata.org/plaurent/marx.html
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