El 2 de abril, la Asamblea General de la ONU aprobó por gran mayoría (154 votos a favor, 3 en contra, 23 abstenciones) el primer tratado para regular el comercio internacional de armas convencionales. Es un proyecto que se ha estado impulsando durante más de quince años, con el impulso inicial de varias ONG.
Quién vende y quién compra armas
La principal disposición del tratado consiste en que los países exportadores se comprometen a no vender armas si prevén que serán usadas para infringir derechos humanos. Tendrán que analizar las ventas de ese punto de vista y publicar por qué las autorizan o deniegan.
El tratado carece de verdadero poder coactivo, y en las largas negociaciones algunos puntos han quedado aguados. Pero se espera que contribuya a elevar el listón moral al exponer a pública vergüenza las exportaciones reprobables.
Entre la gran mayoría de votos a favor está el de Estados Unidos, quizá el más importante por ser el primer exportador de armamento. Pero se abstuvieron otros dos de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, que también figuran entre los principales exportadores de armas: Rusia y China. Además, es improbable que Estados Unidos ratifique el tratado, pues el Senado tendría que aprobarlo por mayoría de dos tercios, y más de la mitad de los senadores se han manifestado en contra.
En todo caso, un aspecto importante del tratado es que afecta a todas las armas convencionales, desde pistolas a cazabombarderos. Y las ligeras, que son las que más matan, son a la vez las más difíciles de controlar. Sobre el comercio internacional de armamento pesado hay datos abundantes, que elInstituto Internacional de Estocolmo para la Investigación sobre la Paz (SIPRI) recoge en sus anuarios. En cambio, en las transacciones de armas ligeras, incluidas las de uso civil, impera la opacidad. Small Arms Survey (SAS), organización con sede en Ginebra, intenta rastrearlas.
Como muchos países no declaran sus ventas de armas ligeras, o no todas, las estimaciones de SAS están inevitablemente sesgadas hacia los que muestran mayor transparencia. Para los otros, hay que colegir las exportaciones a partir de indicios, como los de compras hechas por los clientes. Por ejemplo, los datos oficiales rusos correspondientes a 2004 señalan unas exportaciones por valor de 42 millones de dólares; pero en los países importadores el SAS encuentra hasta 442 millones de dólares en armas procedentes de Rusia.
Con estas limitaciones, se puede decir que Estados Unidos es el número uno tanto en exportaciones como en importaciones de armas ligeras, con una media superior a 500 millones de dólares anuales en el periodo 2001-2008. Detrás, entre los principales exportadores (100-500 millones de dólares anuales), aparecen Rusia, China, Brasil, Alemania, Italia, Austria y Bélgica. Otros importantes vendedores, con menos de 100 millones anuales, son Israel, Francia, Noruega, Corea del Sur, Suiza…
Entre los importadores, con 100-500 millones de dólares anuales, están Arabia Saudí, Alemania, Francia, Canadá y Gran Bretaña. Con menos de 100 millones aparecen una treintena de países, como Egipto, Azerbaiyán, India, Iraq, Israel, Rusia, Pakistán, Tailandia o Turquía.
En la lista de grandes compradores no figura ningún país africano, fuera de Libia. Sin embargo, se diría que los kalashnikovs matan en ese continente más que en ningún otro sitio. La falta de datos, más aún sobre transacciones clandestinas, no permite confirmar ni refutar esa impresión. El nuevo tratado, cabe esperar, reducirá algo la oscuridad.
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