Economía y Sociedad, Europa

Estupidez política generalizada

Mauricio Rojas, chileno que fuera de izquierdas y damnificado de Pinochet, emigrado a Suecia y diputado liberal en el nórdico país, hoy vecino de Madrid, piensa que España está empantanada

El CIS ha divulgado su último barómetro. Avanza y crece la percepción en los españoles de los políticos como un problema; siguen recurrentes el paro y la economía como primer y segundo problema. Además, el escándalo de la SGAE aumenta como bola de nieve y amenaza con dejar al aire el trasero de los niños bonitos de la progresía adinerada, músicos y cineastas del Nunca Mais y el No a la guerra, privilegiados con las subvenciones públicas y el dinero de todos; estandartes de campañas electorales y cómplices silentes de dictadores tropicales. No aparecen estos en las percepciones de corrupción generalizada protegidos, como están siempre, por el oficialismo mediático. Los Ministros y ministras de la SGAE callan. Unos piden impuestos, otros no. Unos acusan a los bancos y otros no tanto. Andan desparramados por la geografía patria haciendo declaraciones sin coordinación alguna.
 
Mientras, en España, embobados en los viejos problemas, la gente perfila apretadas vacaciones y Mauricio Rojas, chileno que fuera de izquierdas y damnificado de Pinochet, emigrado a Suecia y diputado liberal en el nórdico país, hoy vecino de Madrid, piensa que España está empantanada. Reflexiona sobre nuestro renqueante estado del bienestar y las perversidades del Estado subvencionador y planificador de todo, injusto y perverso a la postre con los que menos recursos tienen, que son la mayoría. Nos recuerda que Suecia ya quebró en los 90 y que socialdemócratas y conservadores suecos fueron capaces de reformar un estado inviable. Allí entendieron que devolverles a los ciudadanos su dinero y dejarles elegir sanidad y educación, por ejemplo, generaba competencia, concurrencia, innovación, creatividad, modernidad en definitiva. No es imposible, dice Rojas, otros lo hicieron y nadie dirá que Suecia no es un país con una extraordinaria conciencia social y de solidaridad, pero advierte: España está presa de una “estupidez política generalizada” y nuestra izquierda es la más vieja y caduca del continente y, quizá, del mundo entero.

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