Economía y Sociedad, Política

África: el continente necesita otra revolución biotecnológica

“África necesita una nueva revolución agrícola”, dice Innis, tajante. Hay una de camino – una revolución biotecnológica. No es una apuesta mágica. Pero es un arma vital en el hasta la fecha combate perdido de África contra la malnutrición, la pobreza, la desesperación y el creciente antagonismo.

Desarrollo

 


Al igual que el Dr. Martin Luther King, la doctora Ruth Oniango tiene un sueño. Miembro del parlamento de Kenia, imagina un día en el que la gente de su pobre país “pueda alimentarse a sí misma”.


 


El presidente del Congreso Nacional de Igualdad Racial, Roy Innis, comparte esa visión. Pero también conoce los obstáculos. “Más del 70% de los africanos trabajan en la agricultura a jornada completa”, señala. “Pero aún así, la mitad de esos países dependen de la ayuda humanitaria. En cuestión de diez años, África será el hogar de tres cuartas partes de los hambrientos del mundo”.



Muchos de los granjeros del continente son mujeres que trabajan parcelas de entre 3 a 5 acres desde que sale el sol hasta el ocaso. Raramente disponen de suficiente cultivo para alimentar a sus propias familias, mucho menos para vender con el fin de obtener dinero extra. Millones viven de menos de un dólar al día.


 


El maize (maíz) es el cultivo más importante del sur de África. Pero a causa de la sequía, los insectos, el suelo pobre, las enfermedades de las plantas y la ausencia de tecnología, la producción media por acre es la más reducida del mundo. Otros cultivos sufren destinos similares.


 


“Comemos mandioca para desayunar y la aplastamos con patatas y plátanos. Pero el virus del mosaico ataca a las plantas, las hojas se caen y no es bueno para comer”, se lamenta Samuel Njeru. “No podemos permitirnos sulfatar. Necesitamos una variedad que sea resistente al virus”.


El virus del mosaico apareció por primera vez en África en 1894 y hoy infecta casi todas las plantas de mandioca. Más de 35 millones de toneladas de este cultivo tropical se pierden cada año – junto con decenas de millones de toneladas de otros cultivos.


 


“Exploto un tercio de una hectárea con algodón”, dice Alice Wambuii. (Una hectárea son 2,5 acres). “Fumigo con pesticidas cinco veces por temporada, pero en ocasiones los insectos aún destruyen mi cosecha entera. El año pasado, saqué 3000 shillings keniatas por mi algodón, pero tuve que gastarme 5000 en sulfatos”.


 


“África necesita una nueva revolución agrícola”, dice Innis, tajante. Hay una de camino – una revolución biotecnológica. No es una apuesta mágica. Pero es un arma vital en el hasta la fecha combate perdido de África contra la malnutrición, la pobreza, la desesperación y el creciente antagonismo.


 


Los participantes en la conferencia de un día de duración celebrada por CORE en Naciones Unidas en enero llegaron a ese mensaje a la fuerza. Igual que los científicos sudafricanos y keniatas, los granjeros, y los políticos entrevistados por Innis para un documental. Con esta tecnología, los granjeros no tienen que aprender nuevas habilidades. Sólo tienen que plantar las semillas como siempre – pero con resultados increíbles.


 


Clive James, presidente del Servicio Internacional para la Compra de Aplicaciones Agro-biotecnológicas, dice “la biotecnología es una contribución, no una solución a la crisis del hambre”. Esta tecnología es lo que los granjeros africanos pueden permitirse – y no pueden permitirse no tener.


“Cultivo maíz en media hectárea”, explica Elizabeth Ajele, de Sudáfrica. “Las plantas viejas serán destruidas por los insectos, pero no las nuevas plantas biotecnológicas. Con los beneficios que saco del nuevo maíz Bt, puedo cultivar cebollas, espinacas y tomates y sacar dinero extra para comprar fertilizante. Luchamos para mantener el hambre lejos de nuestra casa. Ahora el futuro tiene buen aspecto. Si alguien llegara y me dijera que tengo que dejar de utilizar el nuevo maíz, lloraría”.


 


El campesino Richard Sithole comparte su entusiasmo. “Ahora no tengo que comprar ningún producto químico. Con el maíz anterior, tenía 100 sacos de mis 15 hectáreas. Con el maíz Bt saco 1.000 sacos”. El nuevo maíz ha permitido a los granjeros sudafricanos recortar el uso de pesticidas hasta en un 75%, triplicar sus beneficios y ahorrarse entre 35 y 49 días de trabajo en el campo – la mayoría extendiendo pesticidas a mano.


 


Una planta genéticamente modificada (GE) de mandioca se pone a prueba ahora en Kenia. Es completamente resistente al virus del mosaico y, una vez aprobada, se proporcionará gratis a los granjeros. Njeru espera ese día con ansiedad, para poder “completar la educación de mis hijos y construir una casa nueva y tal vez un techo mejor para mi cama”.


En Sudáfrica, Thandi Myeni, viuda, directora de escuela y madre de 5 explica: “Con el nuevo algodón Bt, sólo sulfato dos veces, en lugar de seis. Al final, sabemos que el cultivo no será destruido y que tendremos dinero y techo”.


 


“Al plantar el nuevo algodón Bt en mi seis hectáreas, fui capaz de construir una casa y ponerle un panel solar”, dice Bethuel Gumede. “También compré una televisión y una nevera. Mi mujer puede comprar comida sana y podemos permitirnos enviar a los niños a la escuela. Mi vida ha cambiado completamente”.


 


Necesidades apremiantes, sueños simples y esperanzas renovadas. Pero ahora África afronta una nueva amenaza igual de ominosa que las sequías, los virus y las langostas que la han plagado durante siglos: hordas de activistas y reguladores dedicados a mantener esta tecnología fuera de África (y lejos de los granjeros de todas partes).


 


Su brillante y bien orquestada campaña está financiada por valor de alrededor de 70 millones de dólares al año por fundaciones, intereses de cultivos orgánicos, gobiernos de la Unión Europea y agencias y programas de la ONU. Emplea moratorias y amenazas contra las importaciones agrícolas de países que cultivan variantes biotecnológicas, y exigen requisitos caros para etiquetar todos los ingredientes GE y rastrearlos desde las semillas hasta la tienda.


 


Su última táctica es la legislación de Hawaii, Montana, Dakota del Norte y Vermont que haría responsables a los granjeros y fabricantes de semillas si sus cultivos “contaminan” la producción orgánica con trazas de polen GE. Tal legislación abriría la puerta a demandas frívolas, convertiría la agricultura biotecnológica  en financiera y legalmente arriesgada, vaciaría los presupuestos de investigación y desarrollo y retrasaría el sueño de la doctora Oniango.


 


La libertad del hambre es un derecho humano fundamental. Tanto Franklin D. Roosevelt como la carta de la ONU afirman este principio. Para convertirlo en realidad, tenemos que hacer más por ayudar a las naciones empobrecidas a generar la riqueza y la prosperidad que los occidentales vemos como un derecho de nacimiento.


 

Fuente: A Better Earth.org

// OTROS TEMAS QUE TE PUEDEN INTERESAR

// EN PORTADA

// LO MÁS LEÍDO

// MÁS DEL AUTOR/A

No se encontraron resultados

Menú