Europa, Política

Bruselas, Madrid y Barcelona

Un poco de inteligencia y generosidad entre Cataluña y el resto de España es la única vía transitable por ahora.

Europa ha sido siempre un lugar de referencia para Cataluña. París fue uno de los principales centros del antifranquismo en el exterior. Tarradellas invernó en una modesta finca rural del centro de Francia hasta regresar con la legitimidad republicana de la Generalitat. Cataluña es carolingia, repetía con frecuencia Jordi Pujol, que tiene una formación europea, habla varios idiomas y se entrevistaba con el presidente de la Comisión, Jacques Delors, con el canciller Kohl y con muchos políticos de primer nivel de toda Europa. Era presidente de la Asamblea de las Regiones de Europa y como tal era recibido en los centros de poder continentales. Había frecuentado Davos y visitaba y recibía a presidentes de muchas partes del mundo. Desde hace cuatro años, nada de esto ocurre.

Recuerdo un viaje a Estrasburgo para pedir al presidente del Parlamento Europeo que el catalán fuera admitido como lengua de trabajo en Europa. El presidente, lord Plumb, un macizo granjero galés, escuchó con atención las explicaciones de Pujol, que entró en su despacho con diccionarios, enciclopedias y mucha literatura catalana.

Los eurodiputados Carles Gasòliba y Joaquim Muns estaban presentes. Después de media hora, lord Plumb le hizo una sola pregunta: “De todo esto, ¿qué piensa Felipe González?”. La reunión duró cinco minutos más y, al salir, me preguntó mi opinión y le dije que Europa sólo habla con los estados.

Desde hace años he mantenido que la independencia de Cataluña será inviable yendo en contra de España y sin el apoyo de Europa. Con Madrid el trato es imposible y en Bruselas habilitan una sala para un acto que se celebró con gran éxito de público pero al que no asistieron representantes principales de las instituciones europeas.

El acto de Bruselas del martes ha sido una inyección para el discurso independentista interno. Pero no creo que cambien mucho las percepciones que tienen en Bruselas en estos momentos. Josep López de Lerma escribe en su libro Cuando pintábamos algo en Madrid que Pujol quiso influir en la política española pero nunca dejó que su partido se involucrara en la gobernabilidad. Pienso que fue un mal cálculo político.

En la última oportunidad para entrar en la gobernabilidad de España, López de Lerma recuerda la reacción de Pujol en su airado discurso de “tites, tites, tites” … cuando dijo “¿quién se han creído que somos? Nosotros no estamos en política para tener cargos, ni honores, ni tampoco dinero. Estamos en un acto de servicio para un proyecto de país, refiriéndonos estrictamente a Cataluña. Quizás allí empezó todo. Por ahora no hay sendero hacia Europa que no pase por Madrid. Pero Rajoy debe saber también que una Cataluña desballestada y políticamente hostil frenará la estabilidad y el progreso de España. Un poco de inteligencia y generosidad por ambas partes es la única vía transitable por ahora.

Publicado en La Vanguardia el 26 de enero de 2017

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