// CARTAS AL DIRECTOR

El posvirus

La pandemia, la Covid-19, ha puesto de relieve que no podemos controlarlo todo, que somos débiles y poca cosa, y más todavía si, encima, no nos fiamos de los demás y pretendemos solucionarlo todo por nosotros mismos, con nuestras ideas sobre cómo resolver todo lo que acontece. El posvirus, si llega algún día, ahora parece que está remitiendo, va a cambiar radicalmente el modo de pensar en lo qué estamos haciendo de verdad, cuando nos ponemos a hacer algo que afecta a los demás. Lo cual estará muy bien, si llega.

JD Mez Madrid

El reto de acoger a los que huyen

Detrás del fulgor rojo de las bombas, que los rusos dejan caer diariamente, caen sobre las ciudades de Ucrania siempre hay personas. Es por ello que el reto de acoger a los que huyen de las bombas es inmenso. Hasta el momento la acogida está siendo ejemplar. Estamos viendo un derroche de energía social para dar techo, alimento y asistencia, sobre todo a mujeres, niños y personas mayores. El movimiento de personas hacia los países de la Unión se va a incrementar, y hay quien estima que puede llegar a ser de 4 millones, hoy se hablaba de que ya han salido 3 millones. Va a ser necesario un esfuerzo sostenido en el tiempo, apoyo a los seis países que limitan con Ucrania y compromiso de todos los miembros de la Unión Europea. No es solo un problema de gobiernos y agencias internacionales. Es también la ocasión para el compromiso de los ciudadanos y de la sociedad civil. Volvemos a ver en Europa refugiados de un país europeo.

Jesús Martínez Madrid

Que pasa en la calle

En tiempos de Twitter e Instagram difícilmente se habrían abierto paso oradores como Churchill o Kennedy. Tampoco son tiempos ya de masas de militantes, sino más bien de lo que los politólogos denominan “partidos cartel”, dependientes de los recursos que les aporta el acceso a la Administración. La política tiende a transformarse así en una lucha descarnada por el poder, en la que las ideas tienen un papel secundario. Esto genera una peligrosa brecha con la sociedad y crea el caldo de cultivo para todo tipo de movimientos antisistema, un problema que no se debería subestimar. Frente a eso se necesitan debates de mayor altura en el Congreso, pero también acciones concretas y visibles de la mano de la sociedad civil, que muestren que la política se preocupa de lo que pasa en la calle, y sigue siendo esencial para mejorar la vida de los ciudadanos.

Domingo Martínez Madrid

Un mundo en crisis

El mundo entero sigue con el alma en vilo los sucesos de Ucrania, y los católicos acudimos a los medios que el Papa ha señalado para acabar esta guerra: la oración y el ayuno y la Consagración el día 25. Quiera Nuestro Señor, en su infinita clemencia, detener esta guerra. Yo estoy repitiendo con frecuencia un jaculatoria que enseñaba San Josemaría Escrivá de Balaguer: Cor Iesu sacratissimum et misericors, dona nobis pacem (Corazón sacratísimo y misericordioso de Jesús, danos la paz). Sorprende cómo ha cambiado el mundo en muy pocos años. En el verano austral de 2020 comenzó una pandemia y estos últimos meses ha estallado un guerra de consecuencias imprevisibles, que los más pesimistas se temen que sea un nuevo conflicto mundial. Dios nos libre de semejante catástrofe, pero en todo caso, parece claro que vivimos en un mundo de grandes cambios. Si hoy, por un milagro, volviera la paz a los campos y ciudades de Ucrania, mañana amaneceríamos en un mundo muy distinto del que conocíamos hace apenas dos meses, y más aún si nos remontamos a dos años en la comparación. Y lo que me preguntaba es si estamos preparados para la época que nos ha tocado vivir. La Iglesia Católica tiene enorme experiencia de cambios sociales. Diríamos que Dios, en su Providencia, quiere que la humanidad pase periódicamente por pruebas tan grandes que parece que todo va a quedar arrasado de un día para otro. San Agustín fue testigo en su propia carne de las invasiones de los bárbaros, el Islam casi devasta a la cristiandad en el siglo VIII, luego vinieron las invasiones vikingas, las guerras de investiduras, la Peste Negra, el cerco a la Europa cristiana por los otomanos, la revolución francesa y el periodo de Napoleón, y más recientemente las dos conflagraciones mundiales y la guerra fría: es una sencilla enumeración que cualquier conocedor de la historia podría ampliar con muchos ejemplos. En todos esos momentos históricos parecía que el mundo se hundía para quienes lo vivían. Y sin embargo la Iglesia no solo los superó, sino que surgió de ellos como la referencia que la sociedad necesitaba para llegar a su restauración. Ello se debió a que en medio de esas crisis los hombres vieron en la Iglesia los valores morales que la sociedad necesitaba.

JD Mez Madrid

Una sociedad sin futuro

Cuando en una sociedad no existen sólidos asideros antropológicos, éticos y religiosos, me parece que es el caso de la sociedad occidental en la que vivimos, la puerta a una concepción egoísta de la vida está abierta, respaldada por una corriente dominante que se ufana incluso de no tener hijos, de reprocharle a los demás que los tengan y que parece repetirnos a cada instante que es poco menos que una locura traer hijos a este mundo. Es, en efecto, una locura de amor y todo un acto contracultural que, en los tiempos que corren, nos recuerda la evidencia de que una sociedad sin hijos es una sociedad sin esperanza y sin futuro.

Pedro García

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