Miguel Ángel Rodríguez
De los muchos recuerdos imperecederos de la bondad de la gente durante mis meses de calabozo fueron muy especiales dos que relacionó con el Chirripó, esa “Tierra de Aguas Eternas” como la llamaron nuestros primeros pobladores.
Uno lo estableció Oscar Manuel López, profesional que me había dado su valioso apoyo como joven en mis primeras lides políticas para la convención de 1988. Con increíble persistencia me escribió a la prisión, me envió lecturas, investigó precedentes internacionales de violaciones similares de derechos humanos que me pudiesen ayudar, compartió conmigo sus ilusiones por el matrimonio que estaba preparando y que hoy le depara un feliz hogar, sus afanes laborales y profesionales y sus memorias mágicas del cerro vigilante de nuestra geografía.
El otro recuerdo son las comunicaciones de nuevos amigos, un matrimonio ya en la etapa de retiro después de una exitosa tarea en el Poder Judicial, que habían ocupado con sabiduría esos años para buscar nuevas oportunidades de realización. Jorge y Regina Villalobos me dieron el gusto de poder conocer un poquito de sus experiencias y su reflexión, e invocaron mi ascenso al Chirripó durante la Presidencia.
Desde esa época me hice el propósito de volver al Chirripó. Y gracias a Dios lo pude hacer este fin de semana. Por razones de sus obligaciones laborales en el caso de Oscar Manuel, y de su próximo retorno a la India en el de Jorge y Regina, no pude contar con su compañía. Pero ellos tres y todas las personas de buena voluntad que me han ofrecido su afecto y su consuelo en mi tribulación, estuvieron en mis oraciones de acción de gracias a Dios, desde lo más alto de nuestras montañas.
Con un pequeño grupo de familiares y amigos salimos un viernes en la madrugada de San José para llegar a desayunar a San Gerardo de Pérez Zeledón. Esta es una de las muchas comunidades del país que se benefician con la sabiduría previsora de los costarricenses, que en las últimas décadas del siglo XX supimos desarrollar el sistema de zonas de reserva y los pagos por servicios ambientales. Con esos avances hemos dado un aporte al mundo de como hacer compatibles los fines económicos y ecológicos por medio de las experiencias concretas como las que se han generado con el Parque Nacional Chirripó.
Hasta hace pocos años los agricultores y sus familias veían a las reservas ecológicas como sus adversarias: eliminaban tierra de un potencial uso agrícola, y les restaban recursos para trabajar por el bienestar de sus hogares. Hoy con los muchos casos similares a San Gerardo las familias campesinas saben que los Parques Nacionales más bien son sus amigos que les brindan oportunidades.
Además de los guarda parques y los investigadores que cuidan del Parque, lo vecinos de San Gerardo son sus protectores. Multitud de restaurantes, sodas, sitios de hospedaje y de servicios que han sido establecidos en San Gerardo y en toda la vía desde Rivas hasta Herradura y en los cuales se desempeñan muchos vecinos como dueños y como trabajadores, existen la Asociación de Amigos del Parque Chirripó y la Asociación de Arrieros. Estas organizaciones se han formado para vender productos como refrescos, camisetas turísticas, alimentos y alquilar ropa de cama, cocinitas de gas y otros implementos a los huéspedes que vistan el Refugio Crestones, para ayudar con el transporte de los equipajes, y para organizar visitas en los senderos del parque. Muchos otros vecinos han podido mejorar su condición de vida gracias a esas entidades.
El trayecto nos permitió disfrutar del bosque lluvioso, del bosque nuboso y sus robledales, de la extraordinaria diversidad de pájaros que habitan en las franjas de vida que se ubican entre los 1400 metros del punto de partida y los 3400 del páramo en el cual se ubica el refugio, y de los variados e imponentes paisajes que a lo largo de los 14 y medio kilómetros de ascenso vamos encontrando. En el refugio disfrutamos de la hospitalidad de los guarda parques, del funcionario de la Asociación de Amigos, de dos jóvenes voluntarios, y del trato amable de turistas nacionales, principalmente padres en la compañía de sus hijos adolescentes, y extranjeros. Todos compartiendo la emoción de ser testigos de las riquezas visuales de los llanos, las lagunas, la vegetación y los cerros del páramo.
Dormimos en el frío de esa noche no tan intenso como en mi primera visita, pues ya se había cumplido con dotar la instalación de cielo raso para cortar las corrientes de viento que hacía más baja la temperatura en el interior que en el exterior. Ese bello atardecer lo disfruté desde el mirador sobre la Sabana de los Leones. Y el sábado bien alimentados la noche anterior y esa mañana por Rodolfo, uno de los organizadores de giras y protectores del parque que nos ayudó con la rica comida, salimos a subir Chirripó (3820 metros).
La gira estuvo magnífica, en un día despejado pudimos contemplar desde la cúspide la belleza natural de la Patria, e invocar para todos sus habitantes el favor de Dios. Luego del descenso algunos de los miembros del grupo nos hallábamos aún con ánimo y condición para subir a la segunda mayor altura del país, el cerro Ventisqueros (3812 metros). Esta fue una nueva experiencia que disfruté intensamente, caminando en la cresta entre cerros con fuertes ráfagas de viento helado, hasta subir a esa nueva cumbre.
Se puede mejorar la condición física personal, incluso si uno empieza a hacerlo ya en la madurez. Y lograrlo nos permite disfrutar de las bellezas naturales que Costa Rica nos brinda.
Miguel Ángel Rodriguez
Ex Presidente de Costa Rica y ex Secretario General de la OEA.
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