En definitiva, no nos podemos siquiera parecer a lo bueno de Chile, porque el gobierno de nuestro país no tiene ni una visión clara del futuro, ni la voluntad política inequívoca de hacer grandes cosas, ni comprende al mundo actual, y porque carece de conductores públicos que, con serenidad y claridad, sepan conducir a la nación.
Luis Alberto Lacalle
Las principales características de la exitosa evolución de Chile desde 1990, son conocidas. Una actitud de apertura mental respecto del pasado dictatorial, manteniendo de él las políticas consideradas eficaces y exitosas, sin complejos ni estrechez mental. Una apertura valiente de la economía.
En su última edición, la revista The Economist publica un artículo referido a nuestro país, titulado “El próximo Chile”, que comienza recordando una expresión mía, al volver de un viaje a dicho país, que recordamos como “hemos estado de visita en el futuro”. A partir de esa introducción, se desarrolla el argumento de que nuestra nación puede ser, en el futuro próximo, otro “Chile”. Es decir, una nación económicamente desarrollada, internacionalmente respetada, próspera y proyectada hacia un futuro justo y posible.
Señala el cronista los elementos de nuestra realidad y ubicación internacional, que facilitarían este tránsito y luego indica los frenos que impiden esta eventual transformación. Ante todo indiquemos que nuestra admiración por el proceso gubernativo y sus logros, de los vecinos trasandinos, no incluye ni implica un afán de copia o traslado de lo que pudiendo ser bueno en Chile, no tiene por qué serlo en el Uruguay. Dos razones fundamentales para ello. No creemos en el trasplante sin aclimatación de determinadas medidas. Es más, consideramos que muchos de los males que aquejan a nuestra región sudamericana son fruto de la copia, de la imitación, de pretender ser espejo de lo que pasaba en Europa, actitud que desde la Independencia ha hecho creer, tanto a gobernantes como a ciudadanos, que bastaba con aprobar leyes para que se solucionaran los problemas. Tampoco las condiciones políticas son las mismas.
Las principales características de la exitosa evolución de Chile desde 1990, son conocidas. Una actitud de apertura mental respecto del pasado dictatorial, manteniendo de él las políticas consideradas eficaces y exitosas, sin complejos ni estrechez mental. Una apertura valiente de la economía. Una actitud internacional de independencia acompañada de un gran pragmatismo nacionalista. (Recordemos que estando pendiente de firma el TLC con los EE.UU., Chile votó en la ONU contra la invasión a Irak). Una gran confianza en la iniciativa privada como motor del crecimiento. Una alianza política de izquierda inteligente y moderna, capaz de sacarse las telas de araña de la mente. El cronista que comentamos indica que dos frenos impiden que el Uruguay avance en el camino indicado. Uno el estado presente del Mercosur, otro la composición política del gobierno del Frente Amplio.
Culmina su análisis citando a Adolfo Garcé, quien expresa que los uruguayos “quieren un capitalismo dinámico pero con un mayor énfasis en la igualdad”.
Consideramos que el observador extranjero sólo se asoma al tema, quizás por falta de espacio.
Lo cierto es que el problema que tiene nuestro actual gobierno, es mental, pertenece a las categorías culturales y políticas de su dirigencia, viene desde muy hondo en sus concepciones del mundo y de la vida, que son conservadoras y antiguas.
En Chile la alianza que gobierna desde 1990 tiene dos socios principales, la Democracia Cristiana y el Partido Socialista, que han dado a dicha nación grandes presidentes y estadistas como Aylwin y Lagos.
Por estos pagos, el gobierno es ejercido por más de una docena de sectores separados por kilómetros de diferencias políticas, y con todo respeto, no vemos a sus dirigentes a esa altura.
Chile ha firmado más de veinte tratados de libre comercio, desde uno con China hasta otro con los EE.UU.. Aquí no sabemos aún qué vamos a hacer.
Chile le ha esquivado el bulto a Mercosur, manteniendo la máxima independencia política, junto a una multiplicidad de convenios comerciales.
Nosotros hemos dejado de lado lo comercial del Mercosur, para internarnos en los más absurdos compromisos políticos, como el Parlamento de dicha organización y la categoría de socios “políticos” que nos ata en lo que no sirve y nada nos reporta de beneficio.
Chile distinguió desde el principio de su proceso transformador, entre los roles primarios del Estado en los que el mismo se fortaleció y los secundarios, que fueron dejados en manos de los privados.
Aquí vamos en sentido contrario, con los monopolios energéticos elevando los costos y perjudicando la competitividad, con el Estado avanzando, comprando, subsidiando.
Allí se respetan los derechos, aquí se admiten cuando no se fomenta su violación.
En definitiva, no nos podemos siquiera parecer a lo bueno de Chile, porque el gobierno de nuestro país no tiene ni una visión clara del futuro, ni la voluntad política inequívoca de hacer grandes cosas, ni comprende al mundo actual, y porque carece de conductores públicos que, con serenidad y claridad, sepan conducir a la nación. Ni coraje ni visión, es una mala mezcla.
Lo de Garcé tiene sabor a cosa real. Nuestro énfasis en la igualdad, por todos querida, es cualidad nacional. Nos preguntamos si en el camino hacia esa igualdad, somos justos o buscamos la justicia.
Porque, desde nuestro punto de vista, la igualdad que sanamente debemos de buscar es la de las oportunidades, para que luego el esfuerzo individual de cada uno lo coloque donde merezca, por sus “talentos y virtudes”.
Sólo la dinámica del capitalismo genera prosperidad, sólo la solidaridad de fondo cristiano, es capaz de mitigar carencias y desigualdades.
No pretendemos que Chile sea la panacea, pero estribando en el título del periodista sajón, podemos afirmar que no somos el próximo país desarrollado y pujante.
Entre otras varias razones, porque nuestro gobierno vive anclado en el pasado.
Muchas cosas tendrán que cambiar en nuestro país, para que el pronóstico del citado periodista pueda siquiera avizorarse.
Fuente: Diario El País.
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