Política

Consumidos o consumados: opciones argentinas para estas Fiestas

La causa de todos los males está por llegar. De acá en más, Carlos Menem -no por propia voluntad-, y ahí está la gravedad, se convertirá en protagonista de fin año una vez más.

Opinión: Gabriela Pousa
El FMI y demás organismos de crédito internacionales respiran en paz. Las FFAA,
pese a ser el eje del rencor presidencial, deberían lograr al menos una tregua
tras persecuciones vanas y miopías extremas. Lilita Carrió, a su vez, estará
dividiendo la caja de denuncias para atacar a dos puntas. Macri y López Murphy
podrían incorporar -aunque más no sea como expectativa remota-, la palabra
“unidad” y comenzar en el 2005 a resarcir una ausencia estructural. Después, que
sea el pueblo quien dirima si se erigen oposición o complicidad. Una alternativa
real sería para el país un ansiado regalo de Navidad. De otro modo, comenzará
una lucha absurda contra el “hijo pródigo” para que no ocupe un espacio que, hoy
por hoy, no hay.

Y es que la causa de todos los males está por llegar. De
acá en más, Carlos Menem -no por propia voluntad-, y ahí está la gravedad, se
convertirá en protagonista de fin año una vez más.

La duda que surge ante
la conmoción de una crónica anunciada en más de una oportunidad apunta a
desentrañar: ¿Qué cambia para el grueso de la sociedad si Carlos Menem vive en
Chile, en La Rioja o en Capital? Posiblemente lo mismo que se modificó para el
50% que reside bajo el índice de pobreza que María Julia Alzogaray esté privada
de su libertad. ¿Acaso esos datos corroboran, al menos, que la Justicia funciona
de verdad…?

Apunto de arrancar la última hoja del calendario, cada
ciudadano debe, o debiera poder responder estas cuestiones, con más lucidez que
quien ha pretendido hacerlo –con o sin éxito–, a través de un panorama semanal.


Paradójicamente los personajes del año que aparecen retratados en tapas
de revistas distan de ser los personajes que se adueñaron del año en los
retratos de la realidad:

Piqueteros, transversales, duhaldistas,
kirchneristas, “redentores” asiáticos, bonistas re-estafados, empresarios
aplaudiendo/empresarios protestando, sindicalistas insatisfechos, futbolistas
estrellas y estrellados, dama exportando su ambición política, jefe de Gabinete
promocionando su rock, un gobernador que compró un buzón en liquidación y
nobleza “adoptándonos” según el folclore localista… Y en medio de todos ellos,
una figura que de una certeza fue convertida, antojadizamente, en polémica: Juan
Carlos Blumberg.

Podría haberse llamado de otro modo. Nada importa el
color de ojos o cuánto lleva depositado en un banco. Blumberg mostró mucho más
que la inseguridad que todos – pese al hastío- conocíamos. Blumberg puso de
manifiesto la necesidad imperiosa de los argentinos por un líder de verdad. ¿Lo
que hay? Lo que hay es un chiste. Con respeto de la investidura presidencial, el
jefe de Estado no logra siquiera el carisma del caudillo provinciano. No
convoca, moviliza: nada sutil diferencia. No genera adhesión, negocia
estadísticas. No gobierna, cubre alguna que otra grieta.

En contra de los
que muchos piensan tiene plan y meta. No para el país claro está, tan sólo para
la presidencia. Como un trofeo ganado en una rifa, el Gobierno es el único
leitmotiv de Néstor Kirchner. Sigue el mapa hacia su permanencia. El objetivo es
que tras las rejas vayan antes: duhaldistas, peronistas perdidos, piqueteros,
transversales y si es menester también, kirchneristas que no sirvan a la causa.
Todo vale. Como resulta hoy con Felipe Solá, se mueve entre fusibles
reciclables.

Así manejó la “regionalización”: el MERCOSUR era la panacea
cuando asumió. Ahora Brasil molesta, Duhalde se mueve a sus anchas detrás de las
fronteras y la doctora Hilda Molina se convirtió en prisionera de dos. No es
cierto que Fidel Castro únicamente, la mantenga presa. Kirchner hace su parte.
La Dra. Molina es una carta que va y viene en la baraja y que ambos juegan para
medir sus fuerzas. Es la excusa de Kirchner para no viajar a la isla (se supone
que lo haría o hará en Febrero) y terminar de perder lo poco que queda de
interés en la Argentina en los países civilizados, y en los Estados Unidos de
América.

De allí que Cristina Fernández haya salido del continente para
comenzar a transitar el camino a la senaduría bonaerense. Además de no ser de
esta manera, ¿por qué el 23 de Octubre cuando se supo la contingencia de la
médica en Cuba no se obró en consecuencia? Néstor Kirchner y la Cancillería
dejaron pasar dos meses sin excusas. El tema era óptimo para las Fiestas: la
familia que espera, las Navidades, las ausencias… La gente se enternece y
aplaude entonces a un Presidente que defiende lo que deleznó durante meses: la
libertad como derecho humano sin barreras.

De paso, la deuda queda en
segundo plano, la inflación -que no es premonición sino dato- deja de ser tema,
aprovechamos otro movimiento por debajo de la mesa en la Corte Suprema, le gana
el olvido a los recuerdos en la contienda entre secuestros y delincuencia, y los
números de la pobreza son viejos: no cambiaron ende no son noticia. Hete aquí la
lógica kirchnerista.

En Madrid, la Primera Dama pasa sin pena ni gloria
como si fuese la mujer del mandatario de Zimbabwe o Filipinas. En Buenos Aires,
en cambio, hay fotos en todos los ángulos, y sobre todo hay regalo navideño para
Chiche Duhalde. Sin reglas puede que, en el tablero, hasta sean las damas las
que hagan jaque mate y definan la partida.

Y encima viene Menem… Final
de año completo. Lo esencial, lo que desvela a la sociedad tendrá que esperar el
2005. Pero… ¡el 2005 es año electoral! Paciencia. Los argentinos hemos
demostrado con creces que la tenemos. Quizá sea un eufemismo y el término real
sea desidia, costumbre o conformismo. Para el caso da igual.

Si
quisiéramos hacer un ahorro de tiempo podríamos adelantar ya la tapa de los
personajes del año 2005 y situar a Eduardo Duhalde, a Néstor Kirchner, a Roberto
Lavagna, a Raúl Alfonsín y a Felipe Solá junto a Cristina y Chiche. Y ser
precavidos llevaría a dejar un espacio junto al primero para un Carlos Menem que
no viene solamente a pasar la Navidad. También sería factible evitar el
revelado, en tanto, de todos ellos, quién tenga preeminencia en tiempo y lugar
será el que sepa manejar mejor los fondos. No para una distribución más
equitativa de ingresos sino para la compra de silencios y mezquindades sin
lealtad.

Mientras, tendremos como ha querido el Presidente: Felices
Fiestas. Hay sidra y pan dulce. En esta época es ser “fascista”, “pesimista” o
“mala onda” observar los residuos acumulados en las esquinas de la ciudad, los
aumentos de precios, los paros en hospitales públicos, el regreso de la
tuberculosis y la lepra en las zonas de marginalidad, el récord en el consumo de
drogas, el crecimiento de la economía en negro y del trabajo informal, la
desaparición de la Argentina en el escenario internacional, la violencia en las
escuelas, la educación decadente, la salud sin plan, los servicios que pierden
calidad, el incremento en el índice de suicidios adolescentes, la desnutrición
infantil, el hambre y la mortalidad…

Todas estas, situaciones
relegadas al silencio que no suman al porcentaje de imagen o consenso
presidencial, y en consecuencia, deben esperar… No se puede ser “aguafiestas”
en Navidad. Quizá, en vez de atender si sube o baja el consumo comercial en
estos días, podríamos observar qué pasa con el “consumo” espiritual, no sólo en
la dirigencia sino también en la sociedad…

¡Y qué Navidad y Año Nuevo
nos encuentre “consumados” de verdad!

Ni el pormenor simbólico
de
reemplazar un tres por un dos
ni esa metáfora baldía
que convoca un lapso
que muere y otro que surge
ni el cumplimiento de un proceso astronómico
acuden y socavan
la altiplanicie de esta noche
y obligan a esperar

las doce irreparables campanadas.
La causa verdadera
es la sospecha
general y borrosa
del enigma del Tiempo;
es el asombro ante el milagro

de que a despecho de infinito azares,
de que a despecho de que
somos
las gotas del río de Heráclito,
perdure algo en nosotros:
inmóvil”

Jorge Luis Borges

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