El 30 de enero se celebran elecciones libres en Irak. Todos sabemos las dificultades que existen. Pero todos deberíamos apoyar con todas nuestras fuerzas su celebración y la creación de un gobierno libre.
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Sábado, 05 de septiembre 2026

El 30 de enero se celebran elecciones libres en Irak. Todos sabemos las dificultades que existen. Pero todos deberíamos apoyar con todas nuestras fuerzas su celebración y la creación de un gobierno libre.
El mundo tiene en
este momento desafíos muy importantes. La lucha contra el terrorismo y la
democratización de Oriente Medio están en el primer renglón de la agenda
internacional. Restablecer la potencia de las relaciones entre América y Europa,
incluida su fuerza de disuasión frente a regímenes inestables, es una tarea
urgente y necesaria. Favorecer la democracia frente al populismo pre-dictatorial
en América Latina es una necesidad evidente. También lo es buscar una salida
para la Organización de las Naciones Unidas, incapaz hasta ahora de reflexionar
críticamente sobre sus propias acciones y sobre su futuro.
Hoy empieza un nuevo
mandato presidencial en los Estados Unidos. Al Presidente Bush y a su
Administración les corresponde en gran medida buscar y proponer soluciones. Pero
encontrarlas no es una responsabilidad exclusiva de los Estados Unidos. También
lo es del resto de los actores del escenario internacional. En otras palabras:
si queremos que se solucionen los problemas, Bush tendrá que hacer su trabajo,
pero los demás también tendrán que hacer algo.
Veamos el principal
terreno de la lucha contra el terrorismo: Irak. Todos estamos de acuerdo en que
los terroristas han decidido hacer de ese país su propio Verdún. El 30 de enero
se celebran elecciones libres en Irak. Todos sabemos las dificultades que
existen. Pero todos deberíamos apoyar con todas nuestras fuerzas su celebración
y la creación de un gobierno libre. El ejemplo de Afganistán es valioso, y abre
una puerta a la esperanza de la implantación de la democracia representativa y
del estado de derecho en un área donde nunca ha existido. Si los iraquíes votan
el día 30 y ven después que el mundo les apoya en sus esfuerzos de paz y de
democratización habremos dado un paso que puede ser definitivo para ellos y para
nosotros.
Algo no muy distinto
puede decirse de Palestina. Es mucha la responsabilidad que tiene ahora el nuevo
presidente de la Autoridad Nacional
Palestina, Mahmud Abbas. También Ariel Sharon y George Bush,
pero sobre todo el presidente palestino. Y no es pequeña la responsabilidad de
los líderes europeos. Permitir el terrorismo es lo que ha llevado al pueblo
palestino a un callejón sin salida. Obstinarse en imaginar un futuro sin Israel
es lo que ha hecho que lleven cincuenta años perdidos. Consentir una
administración corroída por la corrupción es lo que ha empobrecido a los
palestinos. Ahora hay una nueva oportunidad que Abu Mazen no puede
desaprovechar, ni tampoco Israel. Americanos y europeos debemos ayudar cuando se
circule en la dirección correcta, pero también es nuestra obligación retirar el
apoyo si se consiente que sigan perviviendo los factores que han impedido que
Palestina alcance la madurez de un Estado fiable, serio y
democrático.
En cinco semanas el
Presidente Bush viajará a Europa. Encontrará una Unión Europea más grande, en
cuyo Consejo se sientan jefes de gobierno de países que padecieron la tiranía
del comunismo durante cuarenta años. Hace dos años algunos líderes decidieron
romper la solidaridad de los aliados. Creo que harían algo difícil de explicar a
las generaciones futuras si no pusieran ahora toda su voluntad en reconstruir la
relación atlántica y en sacar a la OTAN del calabozo en el que la han encerrado.
Es imposible pensar que Europa pueda ser alternativa a los Estados Unidos
mientras continúe tan alejada económicamente y tan vulnerable en el terreno
militar. Lo mejor que los líderes europeos podrían hacer es aprovechar la visita
del Presidente Bush para fortalecer la alianza política y militar, y empezar a
hacer todas las reformas que Europa necesita para competir de verdad con los
Estados Unidos en un mercado libre de carácter mundial. No tiene sentido girar
la cabeza hacia las experiencias negativas de la relación atlántica del pasado.
Lo que corresponde ahora es afrontar juntos los desafíos futuros a la seguridad
occidental. Poner fin a los planes nucleares de Irán sería un buen
trabajo.
La respuesta que cada
protagonista internacional ofrezca a estos desafíos puede ser una respuesta de
libertad y democracia, o puede consistir una vez más en el juego táctico de bajo
perfil. Lo mejor de creer en la libertad es saber que siempre señala el camino
correcto. Por eso deseo que en este período que ahora empieza no sean sólo los
Estados Unidos los que le den una oportunidad a la liberta
Artículo
publicado por José María Aznar el pasado jueves en The Wall Street
Journal.
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